EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

A medio siglo de la guerrilla en Guerrero. Una carta de Lucio Cabañas al presidente Díaz Ordaz

Anituy Rebolledo Ayerdi

Mayo 28, 2020

 

QEPD dos amigos más
que se nos van:
Ingeniero José Luis Sánchez Ortiz, formidable activista social, quien fuera presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Guerrero y de la Comunidad Politécnica de Acapulco, así como de los grupos ACA y Solidaridad.
Arturo Gallegos Nájera, guerrillero con Lucio Cabañas, el más fiel cronista del movimiento popular (tres volúmenes), y audaz promotor de la reconciliación nacional.
Nuestro pésame para sus
esposas e hijos

Un año huyendo por la sierra

Sierra de Atoyac de Álvarez, a 13 de mayo de 1968
C. presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, Palacio Nacional, Ciudad de México
Sr. presidente:

Un año huyendo por la Sierra de Guerrero hemos cumplido ya. Esta ha sido la única manera de proteger nuestras vidas porque los señores de horca y cuchillo que dominan este territorio del estado de Guerrero –apenas a cuatro horas del la capital de la República –ha determinado que paguemos con nuestras vidas el delito de no dejarnos despojar y de no permitir que se ofenda y se despoje a los hombre y mujeres más pobres y humildes.
Ha pasado ya un año. Hemos sufrido privaciones y amenazas, calumnias y acechanzas. Pero hemos esperado que en ese año del dolor del pueblo guerrerense moviera a las más altas autoridades a remediar la tragedia que vivimos. Eso no sucedió, y por eso hoy nos dirigimos a usted con esta carta.
Desde que comenzó su gestión, el actual gobierno del estado se encuentra fuera de la ley. Nadie lo eligió, ni siquiera e partido al que pertenece el señor Abarca Alarcón. Llegó al puerto por un capricho de Donato Miranda Fonseca, que así se hizo gran elector y cómplice de los crímenes que desde hace cinco años se cometen en el estado.
Ninguna ley autoriza la matanza de campesinos, y el gobierno del estado realiza una tras otra. Todos los códigos y leyes de los pueblos civilizados y nuestra propia Constitución, condenan a los asesinos y marcan las penas que han de sufrir, pero en Guerrero los peores entre los criminales son escogidos como “guardianes del orden”, y los que ha matado a más campesinos se les nombra comandante.
Sólo unos cuantos hechos, los más graves de los cometidos por el gobierno de Abarca Alarcón me dispongo a recordarle:
1. Asesinato de 11 campesinos en Iguala porque denunciaban que el gobernador había sido impuesto contra la voluntad del pueblo.
2. Secuestro y muerte de dos ministros evangélicos por la Policía Judicial y quema de un pueblo por el Ejército en la Costa Chica.
3. Encarcelamiento y tortura de indígenas en la región de Tlapa (fueron colgados y fueron víctimas de quemaduras) por la Policía Judicial y Municipal, quienes además violaron a las mujeres de los agraviados.
4. Golpiza y encarcelamiento de estudiantes por haber hecho una huelga contra el rector Virgilio Gómez Moharro, conocido como enemigo de la organización estudiantil.
5. Matanza de 18 campesinos en Tierra Caliente que se atrevieron a solicitar tierras que acaparan los caciques.
6. Asesinato de los miembros del Comisariado Ejidal de Jaleaca, que se inconformaron con que las compañías madereras acabaran con los montes.
La matanza de copreros

7. Ametrallamiento de los campesinos copreros de Acapulco, muriendo 32 en el acto y otros muchos después. Sólo querían hacer un congreso para nombrar a los dirigentes que ellos mismos escogieron y reclamar 40 millones de pesos que se habían ahorrado por el impuesto que se cobraba por kilo de coco. El gobernador y los dirigentes que había impuesto acordaron negar ambos derechos por la fuerza de las armas. Previamente se aseguraron de que ningún campesino llevara armas. Los policías judiciales se colocaron en la azotea de la coprera desde donde ametrallaron con fusiles M.1 a los campesinos que huían por la avenida Ejido. La acción policíaca fue reforzada por los grupos de asesinos traídos de la Costa Chica.
8. En San Luis de la Loma el Ejército “fusiló” a uno de los hermanos Barrera. El hermano del difunto me dijo que ese asesinato lo ordenaron y pagaron las compañías madereras.

La masacre de Atoyac

9. Puedo relatar con mayor detalle el asesinato colectivo de Atoyac, pues lo presencié personalmente. Los ricos de Atoyac encabezados por Juan García, Rosalino Sotelo, Antonio Davisino, Martín Hernández, Donaciano Luna y el doctor Juan José Becerra aportaron 100 mil pesos para hacer la matanza; el gobernador, el procurador de “justicia” y sus grupos de judiciales y el director de Educación en el estado, aceptaron la oferta.
Los ricos estaban enojados con el pueblo porque los padres de familia corrieron a la directora de la escuela Julia Paco Piza. Impedidos por ella para formar una mesa directiva y mantener la que, diez años atrás, les permitía robar a placer. Los niños que no llevaban dinero de cuotas eran regresados a sus casas porque a la directora le interesaba el lujo, no la enseñanza. La llave de agua potable era cerrada para que los niños se vieran obligados a comparar aguas frescas y los que no tenían dinero sufrían sed. Muchas cosas más sucedieron, pero cuando los maestros federales nos unimos a los estatales de la región para salvar a la escuela estatal, los ricos y el gobernador decidieron mandarnos matar.
Ese día sangriento, triste e inolvidable, en que los asesinos cumplieron sus amenazas, íbamos a hacer un mitin para defender a un profesor expulsado sin razón alguna. Apenas habíamos llegado a la plaza, los grupos judiciales comenzaron a rodearnos y enseguida a disparar. Los ricos disparaban desde las azoteas. Salvé mi vida gracias a que mujeres y niños me abrazaron para protegerme.
Mientras los campesinos caían cerca de mí, dos mujeres que llevaban cuchillo, valientemente se arrojaron contra los M-1 matando a cuatro judiciales. Nadie más pudo responder a la artera agresión, pues los campesinos no tenían ni siquiera piedras al alcance de la mano. Los asesinos huyeron. El pueblo reclamaba justicia y lo único que se consiguió fue que los heridos fueran encarcelados.
Desde ese día sigo siendo perseguido por el Ejército y por grupo de pistoleros de los ricos. A mí no me persiguen para apresarme, contra mí hay orden de muerte; así lo han dicho oficiales del Ejército; los caciques acaudalados pagan 150 mil pesos por mi cabeza. Otros compañeros igualmente amenazados de muerte están conmigo, ocultos en la Sierra.
¿Por qué suceden estas cosas en Guerrero? ¿Por qué centenares e incluso miles de hogares están enlutados por la “obra constructora” del gobernador Abarca Alarcón?

No somos un pueblo de pistoleros

Se dice que los guerrerenses somos un pueblo de pistoleros. No es verdad; los pistoleros están de un lado –del de los terratenientes, caciques y gobernantes ladrones y sus instrumentos– las víctimas están del otro, amenazadas siempre, y seguras de que serán atacadas si levantan la voz. El pistolerismo no es una afición del pueblo guerrerense, es el apoyo de los gobiernos locales que representan a los poderosos reaccionarios de aquí y del centro.
En el estado de Guerrero reina el atraso, se dice. Es cierto, y el hecho de que tengamos uno de los centros turísticos más lujosos y prostituidos del mundo, hace más visible el atraso. ¿Y qué han hecho los gobiernos estatales para resolver el atraso?. Ellos se han apoyado –como se apoya Abarca Alarcón– en el terror y la violencia armada para para mantener el atraso, para que nadie se atreva a protesta y alzar la cabeza en demanda de un poco de justicia y un poco de democracia. Del centro del país no hemos recibido la ayuda que necesitamos, al contrario, a un gobernador arbitrario e impuesto sucede otro peor, también impuesto; a una camarilla asesina, le sigue otra que comete más crímenes. Y todos son avalados por la imposición federal, y cuando los grupos de asesinos no bastan para atacar al pueblo son reforzados por el Ejército nacional.
No hay en el estado la más elemental vida democrática. Los ciudadano no son libres de reunirse, de asociarse, de manifestar y de presentar sus demandas. Cuando no es la represión directo la que impide el ejercicio de los derechos, es el ambiente de temor cuidadosamente cultivado el que hace difícil la acción social progresista.
De su gobierno, señor presidente, los guerrerenses hemos esperado ayuda y aliento para el desarrollo social del estado . Pero ha sido el gobierno de Abarca Alarcón el que ha cometido las peores agresiones contra el pueblo. Ni un solo día este señor deja de hacer alardes de que tiene el apoyo del gobierno federal para sus tropelías; con frecuencia hace notar que otros gobiernos de Guerrero han caído por una sola de sus acciones delictuosas que él ha cometido por decenas, mientras su camarilla se mantiene firme en el poder.

Todavía es tiempo

Pero pienso, señor presidente, que todavía es tiempo de que el gobierno de usted intervenga, y haga que se tomen algunas medidas que mejoren la situación, permitan que el pueblo se organice cívicamente y pueda actual para encauzar al estado por un camino progresista. Creemos que los principios del desarrollo futuro dependen, en efecto, del pueblo, pero en las condiciones actuales, bajo esta criminal tiranía no puede manifestarse, está impedido de impulsar el desarrollo sano de las fuerzas del estado.
En nombre de los compañero que junto conmigo sufren persecución y huyen por la Sierra, y de los que en las ciudades se ven obligados a ocultarse para evitar el asesinato, le sugiero las siguientes medidas que están en sus manos tomar e impulsar decisivamente:
1. Que el gobernador sea depuesto de su cargo, se le procese ya que todas las matanzas las han hecho sus policías.
2. Que se de al pueblo la posibilidad de organizarse políticamente.
3. Que el pueblo pueda hacer oír su voz para escoger al próximo gobernador, el Congreso local y los ayuntamientos.
4. Que se respete la vida y las libertades de los ciudadanos guerrerenses.
5. Que no se secuestre ni expulse a los maestros que realizan labor social y que sirven al pueblo.
6. Que se expulse a las compañías madereras. 7. Que se busque mejorar los precios al café, maíz, ajonjolí y las artesanías.
8. Que a los campesinos se les entreguen las tierras que acaparan los ricos.
9. Que se prohíba el uso del Ejército con fines de represión contra el pueblo.

Sr. presidente:

El país no sabe lo que sucede en Guerrero porque los periódicos se niegan a decir la verdad. Nosotros no nos confiamos con la situación y queremos hacer oír nuestra voz, por eso nos dirigimos a usted:
Somos un grupo de perseguidos que nunca hemos obrado fuera de la ley ni hemos cometido delito alguno. Yo nunca he robado ni matado. Los delincuentes son los que nos persiguen para asesinarnos. Yo le he asegurado a mi pueblo y a mi madre que no me dejaré matar, ni siquiera apresar porque no soy un delincuente, soy un profesor que ha querido servir a su pueblo y que por eso es perseguido.
Pedimos a usted su intervención para que se haga justicia. No sólo para que cese la persecución de que somos víctimas y para que en algo mejoren las condiciones de vida de los guerrerenses.
Resulta evidente que antes de tener una respuesta de usted nos es absolutamente imposible incorporarnos a la vida normal. En tanto que las condiciones cambien, nos mantendremos en nuestro refugio de la Sierra de Atoyac de Álvarez, que lo fue del general Vicente Guerrero. A la que vienen a salvarse los hombres y las mujeres que anhelan justicia y libertad.

Atentamente

Lucio Cabañas Barrientos

(Fuente: Sergio Aguayo Quezada, La Transición de México. Una historia documental 1910-2010. Fondo de Cultura Económica-Colegio de México).
(Demandas sintetizadas y subtítulos del transcriptor).