EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Abel Quentin y Francia, siempre Francia

Adán Ramírez Serret

Agosto 09, 2024

Nos encontramos en pleno auge de los Juegos Olímpicos París 2024. Desde la inauguración, las cosas han sido diferentes, pues en lugar de encerrarse en un estadio, la ceremonia ha sucedido en plena ciudad, en lugares icónicos como el río Sena, la Plaza de la Concordia, la misma Torre Eiffel, por supuesto, y, en lugares tan representativos de la aristocracia y la revolución al mismo tiempo, como el Palacio de Versalles. La ceremonia inaugural buscó ante todo una expresión artística potente, sensible al mundo actual con Juana de Arco surcando a caballo el Sena y con artistas tan variadas como Céline Dion y cantantes no binarias e iconoclastas. Cabe el talento, me parece que dice Francia y, sobre todo, la apertura sin ningún tipo de puritanismo.
Hechos como estos levantan el ánimo en una sociedad, un mundo, sobre todo los que habitamos el norte de América, cerrado por completo al diálogo. En el cual las expresiones libertarias siempre están ligadas a un puritanismo. En donde pensar diferente es sinónimo de odiar o en el mejor de los casos ignorar al de enfrente que piensa lo opuesto a nosotros.
Las redes sociales y las posiciones de los políticos son buen ejemplo de esto. Pero hay excepciones, momentos en los cuales los humanos nos acordamos de lo que somos y no solamente estamos abiertos al diálogo sino a entender a la persona de enfrente con inteligencia y sensibilidad, que casi siempre se manifiestan en lo que nos hace únicos, el humor. Es el caso de la más reciente novela El visionario que ha sido un respiro y ha estado nominada a los premios Maison Rouge, Goncourt, Renaudot y Femina, del autor Abel Quentin (Lyon, 1985), porque es capaz de poner el mundo de cabeza mediante una ficción.
Se trata de una obra que pone los pies en un terreno que en México y Estados Unidos es extremadamente peligroso y más si se es un hombre blanco, educado y habla una lengua europea. Abel Quentin habla de la Cancelación: del caso de una persona que es descartada de la opinión pública por sus actos y opiniones sin darle la oportunidad de debatir. La novela no es un panfleto ni un manifiesto y esta, desde luego, es precisamente su riqueza. Sí que tiene, por supuesto, una visión moral, ya se ha dicho que todo buen escritor es, en muchos sentidos, un moralista; así, Quentin se mete en los recovecos de la moralidad del presente a través de su personaje Jean Roscoff que fue un joven académico en los años ochenta, inmerso en las revoluciones ideológicas de su época, fue un revolucionario como todo joven que se jactara durante buena parte del siglo XX. Así que sus investigaciones tenían un potente sesgo ideológico, muy de izquierda, muy antiyanqui; muy francés de los ochenta preocupado por el mundo y las consecuencias monstruosas del capitalismo. Sin embargo, Roscoff se equivoca y la vida da un vuelco inesperado, por lo que el joven académico pasa de tener un futuro a ser el hazme reír del medio. Así que, cuarenta años después, vuelve a enfrentarse al mundo, pero ahora es viejo, aficionado al vino y divorciado. Descubre cuando habla con su hija que es anticuado, por lo que piensa sí, pero sobre todo por lo que es: un hombre occidental, heterosexual, educado y vive en París. Quentin es un gran novelista a la manera de los maestros franceses Balzac o Flaubert, en donde no hay caricaturas sino personajes con muchas dimensiones. No siempre son algo en particular sino muchas dudas, muchas ganas de cambiar para sobrevivir a este mundo, en el cual, y aquí entra la enorme ironía, es en donde un hombre culto, blanco y francés lo tiene todo, pero siente que ya no cabe en él. Puede existir con sus enormes privilegios, pero no puede opinar sobre nada.
El visionario es un paseo con ojo crítico por las calles de París, por los turistas, las plazas y los parisinos que, a veces, descubren este mundo, y que su tragedia tiene humor y explica matices complejos a través de la ironía. Los que sufren deben ser escuchados y seguir sufriendo para ser genuinos y los privilegiados deben comer bien, tomar buen vino, y callar.

Abel Quintin, El visionario, Barcelona, Libros del Asteroide, 2023. 369 páginas.