EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Abrazar al aburrimiento, antídoto para la nueva adicción

Ana Cecilia Terrazas

Marzo 21, 2026

La adicción universal a las pantallas finalmente tuvo un aparente embate este marzo de 2026. Las empresas encargadas de industrializar los mensajes algoritmeados para mantener a la población durante horas y horas entretenida, casi sin parpadear, con Facebook, YouTube, Tik Tok, Instagram, etcétera, enfrentó un juicio inédito por social media addiction –que en español sería “adicción a los medios sociodigitales”– durante este marzo. Lo que ocurrió en Los Ángeles, California, es que un jurado comenzó las deliberaciones finales en contra de la empresa Meta (Instagram y Facebook) y YouTube (Google). Evidentemente, la acusación es por haber sido creadas, pensadas, diseñadas y difundidas o vendidas para que su público se volviera adicto a éstas, lo que desemboca en daños importantes para la salud mental y emocional, sobre todo en personas jóvenes.
Hay que decir que Tik Tok y Snap, antes de ser igualmente demandadas, llegaron a ciertos acuerdos confidenciales con los demandantes para evitar el juicio en el cual incluso Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, tuvo que testificar.
El juicio y su desarrollo han sido especialmente interesantes, puesto que atañen a toda persona que esté suscrita a esas plataformas y las siga, además de que marca pautas en el mundo comunicacional actual. En el Reino Unido, esta demanda resuena en la norma de 2023 llamada Online Safety Act. Esta ley otorga poder al regulador nacional de ese país para multar a las plataformas con hasta 10 por ciento de sus ingresos globales “si no mitigan los daños”.
La discusión, compleja, se centra en que ya el gobierno británico está considerando prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, impulsado por la preocupación de que la distracción y el uso compulsivo afecten gravemente a las y los adolescentes.
El mayor problema del negocio de la “atención” es la venta del miedo, el odio, las ideologías y la posibilidad de horadar la autonomía pensante de las personas al tiempo que provoca una suerte de parálisis social. La rentabilidad de una adicción masiva convertida en una permanente desatención a lo que realmente ocurre, es enorme y desde luego sería difícil argumentar que no hace daño.
Si bien la acción sin precedente de demanda y proceso legal a empresas con tanto poder se torna en una nota, noticia y reflexión de interés, difícilmente se podrá cambiar el acondicionamiento de los cerebros y de las vidas cotidianas en todo el globo terráqueo, porque la gente es asistida durante prácticamente todo el día y para todo tipo de actividad, mediante las diferentes redes sociales y formas de comunicación (o incomunicación) digital.
Tener el cuello torcido viendo el celular es la imagen del ser humano hoy, aunque esto implique que esa persona no esté haciendo contacto con las otras personas, el contexto que le rodea, la vida vivible sin mediación de plataforma alguna.
Por lo pronto, los consejos que las propias inteligencias artificiales ofrecen para que las personas –jóvenes o adultas o adultas mayores– puedan liberarse un poco de los efectos nocivos de la adicción a las redes son: activar los contadores de tiempo pantalla (cuando se ve cuánto tiempo está invertido ahí se recupera la noción del tiempo); quitar el color a la pantalla, así se “rompe el hechizo del color” y se vuelve todo menos atractivo para el cerebro; tener lugares (como la habitación para dormir, por ejemplo) en los que estén prohibidas las pantallas (ni celulares ni tabletas inteligentes), porque se sabe que “el 90 por ciento de las recaídas adictivas ocurren en la soledad de la noche o al despertar”; y otro más, abrazar el aburrimiento, permitirse estar sin estímulos, nos permite reconectarnos con el derredor, con el momento, con las personas. “Cero pantallas” durante las comidas es otra manera de reconciliarse con la soberanía y autonomía de nuestra propia atención. Se trata de no ceder a su venta ni a su secuestro. Se trata de, entre toda la humanidad, vencer la adicción a las pantallas.