Raymundo Riva Palacio
Abril 17, 2026
Poco a poco, en las últimas semanas la vida nocturna en Culiacán ha mostrado señales que se está recuperando. Arrancones como antes, restaurantes que empiezan a regresar a sus viejos horarios y menos muertos en las calles, hacen pensar a los culiches que algo está pasando que no alcanzan todavía todos a entender. La percepción social camina de la mano con una serie de hechos que han notado las fuerzas de seguridad federales, que piensan que la guerra que lleva 20 meses, está entrando a su epílogo. Las razones, como sugieren fuentes mexicanas y estadunidenses, es que Los Chapitos han capitulado.
Las hipótesis se sustentan en que dos semanas antes de que fue-ra abatido Nemesio Oseguera, El Mencho, jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación, sus lugarte-nientes perdieron contacto con él. “No había órdenes ni quien les bajara las instrucciones”, dijo una fuente de inteligencia estaduni-dense que monitorea las comuni-caciones de los comandantes de Los Chapitos. Tras la caída de Oseguera, la comunicación permaneció interrumpida, pero fue acompañada de otro suceso que sorprendió a las áreas de seguridad mexicana: contra lo que preveían como una reacción muy violenta de la organización de El Mencho, ésta no se produjo.
No se agudizó la guerra, ni dentro del CJNG ni la fratricida en el Cártel de Sinaloa entre Los Chapitos y La Mayiza, las fuerzas leales a Ismael El Mayo Zambada, por más de tres décadas el jefe de la organización criminal más fuerte en el mundo. Es como si se estuviera redefiniendo el mapa del crimen organizado donde una fuerza superior, o capaz de contener a todos los grupos, hubiera comenzado a operar.
La fractura más importante en la historia de los cárteles desde el colapso del Cártel de Guadalajara –por presiones de Estados Uni-dos– a finales de los 80, se dio en septiembre de 2024, cuando Los Chapitos, Iván Archibaldo y Alfredo Guzmán, hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, entraron en guerra interna en el Cártel de Sinaloa poco después de que El Mayo Zambada acusó a sus her-manos en una carta escrita en una prisión en Texas, que Joaquín, su otro hermano, lo había engañado para secuestrarlo y entregarlo a las autoridades estadunidenses en Nuevo México. La Mayiza, como se conoce a la facción que lidera el hijo de Zambada. Ismael Zambada Sicairos, El Mayito Flaco, los atacó, detonando la lucha que fue girando de reveses para La Mayiza, a derrotas para Los Chapitos.
En la última fase de las luchas encarnizadas, a principio de este año, fuentes de inteligencia estadu-nidenses registraron un acuerdo de Los Chapitos con El Mencho, donde primeramente, a cambio de ocho toneladas de oro, les proporcionaría sicarios para enfrentar a La Mayiza. Sin embargo, ni aun así pudieron revertir el curso que estaba tomando la guerra. Los agentes estadu-nidenses registraron un nuevo acuerdo entre Iván Archibaldo y Audías Flores Silva, El Jardinero, el número dos del CJNG bajo El Mencho, para ir entregándole sus posiciones y transfiriendo plazas en Sinaloa y Sonora, además de algunas internacionales, como en Costa Rica, con el propósito de retirarse del negocio.
No obstante, hasta el mes pasado no se había registrado ningún intento que trascendiera que Iván Archibaldo y Alfredo hu-bieran tocado la puerta de Estados Unidos para un acuerdo para en-tregarse, como sucedió hace poco más de un año y medio, sin lle-garse a concretarse. Pero la fac-ción de Los Chapitos, según su información, siguió desarticulada y sin órdenes de cómo actuar. Tampoco hay datos verificados si el acuerdo que habían iniciado con El Mencho a través de El Jardinero, que era el encargado de las alianzas dentro del Cártel, continuó, porque la caída de Oseguera también había sacudido a la organización criminal.
Todavía hoy no está claro si la sucesión de El Mencho está re-suelta. Aunque hay versiones periodísticas de que el relevo sería su hijastro Juan González Valen-cia, El 03, hijo biológico de Ro-salinda González Valencia, miem-bro de la aristocracia criminal. Otros líderes potenciales, de acuerdo con un informe que le entregó el secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, a la presidenta Claudia Sheinbaum, para dirigir la organización, serían Hugo Gonzalo Mendoza, El Sapo, que de acuerdo con fuentes de inteligencia, fue uno de los abatidos con El Mencho, y Luis H. Alcalde, de quien no hay información pública.
El golpe contra El Mencho se pensaba que afectaría la estructura militar, que sin embargo ha con-tinuado operando, dejando pen-diente el ataque al poder finan-ciero. Lo que se ha visto es que la droga continúa distribuyéndose en México y Estados Unidos sin alteración en el costo, lo que refleja que no hubo una lucha por territorios que podían haber quedado sueltos o descordinados –como sucedió con el sistema de telecomunicaciones del CJNG varios días después de la ope-ración contra su exjefe–, ni tam-poco se elevó el precio de las dro-gas en ninguno de los dos países. Los Chapitos, según los servicios estadunidenses, continuaron entregando plazas al CJNG.
El incipiente retorno a la nor-malidad en Sinaloa, y en par-ticular en Culiacán a la situación previa al estallamiento de la guerra interna del cártel hace casi dos años, se percibe por el tipo de actividades que durante todo este tiempo eran prohibitivas y que están regresando a realizarse, que se va empatando con la dismi-nución de los asesinatos.
Aunque hay un subregistro de homicidios dolosos por la recla-sificación del delito, y la carac-terística de que los cárteles suelen llevarse a sus muertos, los datos del Secrertariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, marzo registró el prome-dio diario de homicidios más bajo desde septiembre de 2024, cuando empezó la guerra, que alcanzó su pico en junio con 6.5 crímenes diarios, contra 2.5 del mes pasado.
La guerra en Sinaloa parece estar llegando a su fin, junto con el término del ciclo de El Chapo y sus hijos, que por la información que tienen las autoridades, la derrota que han sufrido difícil-mente podría revertirse. Su even-tual caída y el golpe contra El Mencho llevará a otro estadio en la estructura del crimen organi-zado y a una recomposición de los cárteles. Este proceso es lo que causa sospecha a funcionarios me-xicanos, porque estos realinea-mientos siempre fueron acompa-ñados de sangre. La pregunta es cómo se está logrando, y cuál es el cerebro detrás de lo que parece ser una estrategia.
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