EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Acapulco en la mira

Héctor Manuel Popoca Boone

Junio 30, 2018

Una vez perdida la presidencia de la República, el PRI va por el mayor número de gubernaturas, senadurías, diputaciones, así como presidencias municipales. Aplicarán hasta el final la estrategia de fraude electoral utilizada en el Estado de México, el año pasado. El municipio de Acapulco, por el número de votos que genera, los fondos públicos que opera y la influencia geopolítica que tiene, quieren ganarlo a como dé lugar y al costo que sea.
Conocida es la intromisión del gobierno federal y estatal en las elecciones de Acapulco. Durante la campaña política utilizaron todos los programas del DIF, para propósitos electorales. También el otorgamiento masivo de pintura para fachadas de casas. Circularon camiones repletos de despensas oficiales; trasladadas en la madrugada a camionetas particulares o pequeñas bodegas, para ser repartidas en las colonias populares y comunidades rurales. La Sedesol y la Sedatu ampliaron los padrones de beneficiarias del programa Prospera, de leche subsidiada, de madres solteras y mejoramiento de la vivienda. En otras palabras, el PRI y sus gobiernos usaron todos los programas sociales para ganar votos.
En Acapulco, el PRI mantiene un ejército de brigadistas pagados, que repartieron y pegaron toda clase de propaganda de sus candidatos. Tuvieron también dinero para sostener una fuerte estructura electoral conformada por promotores y coordinadores de casilla, sección, ruta y distrito electoral. Cada uno de ellos con sueldos según su categoría. Dicha estructura electoral tendrá su culminación laboral el día de mañana. Llevaran a votar a sus promovidos de cada manzana o barrio, señalándoles la ubicación de la “casas amigas” que tendrán dinero y boletas cruzadas de antemano para intercambiarlas por la compra directa del voto. Si, por ejemplo, la meta municipal es comprar en Acapulco, 200 mil votos a razón de mil 1500 cada uno, deberán tener 300 millones de pesos distribuibles para las transacciones en dichas “casas amigas”. O también engañan al electorado como lo hizo el PAN repartiendo tarjetas electrónicas con promesas de dinero. El PRI ha dotado de vehículos nuevos, sin logo alguno, a todos sus mapaches políticos supervisores que atenderán como presa fácil las aisladas casillas en el medio rural.
Por si fuera poca la inseguridad y la violencia social que ya padecemos, los del gobierno acentuaron el miedo y terror político para que la gente no salga a votar y solamente acuda su voto duro. Publicitaron reiteradamente sus mapas de riesgo de violencia. Hubo coronas mortuorias dejadas en oficinas partidarias. Aparecieron mantas anónimas tipo narco contra candidatos. No pararon los asesinatos a políticos. Hubo destrucción de propaganda y hostigamiento a los seguidores y activistas de la candidata de Morena, Adela Román Ocampo. Quizás mañana aparezcan los “hombres de negro del PRI”, cerca de algunas casillas o las cabezas de cerdos en los domicilios de funcionarios o de representantes de casilla Proliferaron las irritantes llamadas telefónicas domiciliarias de madrugada para provocar indisposición política.
En el Estado de México, la Fepade abrió el mayor número de carpetas de investigación por las siguientes causas y ninguna de ellas prosperó: solicitar votos por paga, promesa de dinero u otra contraprestación; o bien mediante violencia o amenaza. Presionar a otro a asistir a actos proselitistas. Realizar algún acto que provoque temor o intimidación en el electorado. Recoger credenciales para votar de los ciudadanos o alterar boletas de elección. Soborno y abstención de funcionarios electorales de cumplir con sus responsabilidades. Destinar personal, bienes o servicios públicos al apoyo o al perjuicio de un candidato, partido político o coalición. A pesar de todo lo anterior, en las elecciones de mañana “el arroz ya se coció”, por el bien de México.

PD. Sayas Enríquez le expresó a Porfirio Díaz en 1906: “La experiencia acumulada en la historia nos enseña que, cuando nadie mira por el pueblo, el pueblo mira por sí mismo, y cuando mira por sí mismo no es río que corre por su cauce natural, sino torrente que se desborda”.