EL-SUR

Martes 11 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Acapulco en una canción

Anituy Rebolledo Ayerdi

Diciembre 24, 2020

 

(Cuarta de 10 partes)

Téllez Oropeza

Roberto Téllez Oropeza (1909-2001) fue un compositor y director de orquesta nacido en Zacatlán, Puebla, con estudios en el Conservatorio Nacional de Música. Allí fueron sus maestros José Rolón y Silvestre Revueltas y recibirá cursos de dirección orquestal impartidos al maestro ruso Igor Markévich. Su posterior desempeño laboral incluirá la asesoría a la orquesta Típica de Miguel Lerdo de Tejada, y las direcciones de la Típica Mexicana y de la Sinfónica del Conservatorio Nacional de Música.
Los primeros triunfos musicales de Téllez Oropeza se dieron en el concurso nacional de valses mexicanos y en el certamen Poema sinfónico de la Revolución. Obtiene el premio principal por la música para el espectáculo de luz y sonido en las pirámides de Chichén Itzá. Más tarde musicaliza las películas Medias de seda y Vendimia. La obra del músico poblano comprende 13 cuartetos de cuerdas, cinco sinfonías, conciertos, cantatas, obras corales y cuatro óperas.

Opera Acapulco

Hasta aquí es donde queríamos llegar para revelar asombrados, patidifusos, se diría, como seguramente estará el lector, al conocer la existencia de la Opera Acapulco. Nunca puesta en escena, por supuesto. Así lo revela Gabriel Pareyón en el Diccionario Enciclopédico de México, sin mayores datos. Será, pues, cuestión de que cada lector monte mentalmente la Opera Acapulco en los escenarios que mejor le plazcan y con los personajes que mejor le acomoden. Dudamos que el pudor y la estética puedan permitir la escenificación de un drama tan intenso, como es la ópera, con personajes en bikini. Máxime que los cantantes de ese género, ellas y ellos, son generalmente pasaditos de peso.

Entre hamacas

A la compositora neolonesa María Luisa Basurto Ríos se le conoció simplemente como María Alma (1914-1955). La delicada autora tuvo en el notable crooner Fernando Rosas, de San Jerónimo de Juárez, a su más fiel y vigoroso intérprete: Tuya (tuya soy y siempre lo seré) y Compréndeme (yo quiero que comprendas vida mía).
Pues bien, María Alma se entera entre poetas que el sol de Acapulco abre los poros de la inspiración y se deja venir corriendo los años 40. Y así fue. Aquí logra dos magníficos temas románticos: Es de noche en el mar y Entre hamacas. Pieza esta última que habla de redes de hamacas colgantes entre palmeras, visión ideal del hotel Las Hamacas, en Hornos, propiedad de la familia Córdova (destruido por un terremoto, pero levantado nuevamente y allí está) .
Entre hamacas será cantada en off por Amparo Montes en la película Hotel de Verano filmada aquí en 1944, con las actuaciones de la estadunidense Janice Logan y el cantante mexicano Ramón Armengol y dirigida por el cubano René Cardona. Aquí los versos:

Romántica ilusión
que en Acapulco acaricié
jamás olvidaré aquella tarde
cuando en el mar te encontré

Con el rumor de las olas
y arrullo de hamaca
te siento llegar

Entre los rayos de luna
junto a las hamacas
te daré mi amor

Entre las verdes palmeras
llega un perfume
embriagador

Quiero tenerte en mis brazos
cual redes de hamacas
que envuelvan tu ser.

Guatatitataritatao

Acapulqueño de coraza, como se definía Germán Valdez, Tin Tan, tuvo su primera aparición en el cine mexicano precisamente en la cinta Hotel de Verano. El pachuco Tin Tan, recién llegado de la frontera norte, canta el Guatatitataritatao, un rítmico trabalenguas, acompañado ya por su carnal Marcelo. En un Hotel de Verano es interpretada por el propio Ramón Armengol, bautizado como el chansonier de moda. Por cierto, el cantante veracruzano morirá al regresar de Acapulco a la Ciudad de México en 1978; el automóvil que tripulaba choca cerca de Chilpancingo.

Flor Tropical

Pedro Galindo (1906-1989) fue un compositor y trovador huasteco que incursionó en el cine como actor y productor. Dueño de un exaltado nacionalismo entrega a un tiempo las patrioteras sonoridades de ¡Viva México! ( soy puro mexicano, nacido en esta tierra, jay-jay-jay) y las amorosas de La Malagueña, en coautoría con Elpidio Ramírez (que bonito ojos tienes debajo de esas dos cejas) No dudará en llegar a la íntima imploración amorosa con Virgen de medianoche, entregando con ella himno y bandera al Jefe Daniel Santos y su fraseo sincronizado.
Acapulco ya le era familiar a Galindo cuando le solicitan una canción para una película que se filmará en el puerto. No deseando caer en lo obvio entrega Linda flor tropical, cuyos honores corresponderán a Raúl Martínez, magnífico tenor sin suerte.

Ven linda flor tropical
ven juntito a mí
a escuchar mi cantar

Ven en el fondo del mar
una perla encontré
y la pesqué para ti

Oye como cantan las olas
oye mi amorosa canción
linda flor tropical
eres reina del mar
eres mi inspiración

Caleta, playa coqueta

Acapulqueños de los primeros años del siglo XX murieron sin conocer Caleta por falta de comunicación terrestre. Habrá, no obstante, jóvenes que se atrevan a incursionarla por lancha rodeando la península de Las Playas. Contaban algunos de ellos que, antes de hacerlo, comulgaban por aquello de las cochinas dudas. Ellas, salvo las muy atrevidas, tuvieron la prohibición absoluta para tan peligrosa incursión (¡muchachillas locas!). Mucho más tarde vendrá el camino y será entonces cuando Caleta sea el sustento de un fenómeno llamado turismo.
José Agustín Ramírez, el compositor Non de Guerrero, le cantará a la entonces Caleta virginal y salvaje. Lo hará concediéndole la contradictoria dualidad de cómplice y rival de sus amoríos tan tempranos como furtivos. Se vivían tiempos musicales sin la presencia dominante de Agustín Lara.

Caleta playa coqueta,
playa risueña de manso oleaje
en las arenitas tuyas
pongo su nombre todas las tardes

Tus olitas rumorosas
que al irse yendo dejan un fino encaje,
le cantan a mi costeña
y le acompañan sus madrigales.

Caleta de mi Acapulco
siempre vestida de azul y verde;
pensando pensando en ella
deja Caleta que te recuerde

Tus aguas tan tibiecitas
me compitieron en mis caricias
en su cuerpo nazareno
que es mi ternura y es mi
delicia

Caleta jardín marino
donde ella guarda
su cuerpo lindo;
Roqueta brillo del faro
las negras rutas iluminadas

Tus ojos como dos astros
mi pobre vida van alumbrando
tan llenitos de ternura
de la costeña que estoy amando

Tanto Caleta como Hornos eran las playas emblemática del viejo Acapulco. La primera era mañanera y la segunda vespertina, lo mismo para vacacionistas que para residentes. Ramírez Altamirano no hará menos a la segunda:

Playa de Hornos

Hermosa playa de Hornos
donde los dos juntitos
tejimos un romance
que nunca he de olvidar

Y entre verdes tumbos
y tu cantar sonoro
tu boca pequeñita
al fin pude besar

Playita, playita de Hornos
de Acapulco tropical
eres hermosa joyita
engarzada junto al mar

Ay, ay, ay, playita playita de Hornos

Las palmeras arrullan
nuestra ilusión profana
y el aire se engalana
con nuestro alegre cantar

Y sobre la arenita
que te acaricia ufana
tu cuerpo de sirena
al fin pude contemplar

Una canción casi desconocida de maestro Ramírez Altamirano es esta:

Cada noche acapulqueña

Cada noche acapulqueña
es como un diamante azul
donde se funde el ensueño
la luna, mi amor y tu

Cada noche acapulqueña
es como una copa de oro
donde se hacen más sonoros
tus suspiros y tu voz

Cada noche acapulqueña
es una concha de amor
donde cada beso tuyo
se hace en tus labios canción.

Vámonos a Caletilla

A Caletilla, la hermana arrimada y fea de Caleta no le faltará un enamorado como Francisco Pancho Padilla, que sabrá envolverla en los aires vibrantes de la chilena. La cantan Los Santos con alegre sabor costeño (Morlet, Ayala y Alcaraz, trío guerrerense fundado por el profesor Diego Alcaraz, de Chilapa. También chilapeño, Pancho Padilla es autor, entre sones y corridos, del emblemático : ¡Viva Guerrero! (¡señoras y señores, y quítense el sombrero cuando lo oigan nombrar!).

Caletilla

Vámonos a Caletilla
vámonos mi morenita
que el sol en lo alto brilla
y alegra la mañanita

Verás que encanto de playa
qué belleza se contempla
y el alma se nos divaga
y el cuerpo se nos calienta

Ay, la la la morena mía

Como está cerca la costa
nomás hay que ir a ver
por el rumbo de la Cuesta
por el rumbo del Marqués

Muchachas que van llegando
güeritas color de almendra
pónganse miel de coquito
pa´que el sol se entretenga

Mucho cuidado “manguitos”
si van para la Roqueta
puede darles un sustito
ese pescado maleta

Ay, la la la, morena mía
Costa llena de esplendor
si Caletilla es la novia
Acapulco es su trovador

Caletilla, Caletilla,
azulada y cristalina
tus playas son maravilla
tu brisa de agua marina

Nota: Acuciado por la moralina de su tiempo, Pancho Padilla pretenderá sin conseguirlo esconder en el quinto verso de la chilena al chelero burro de la Roqueta. Lo identifica como “un pescado maleta” a sabiendas de que ni un cuaresma un pez podría asustar a las turistas como el burro cervecero

Los amigos del Mayor

El zacatecano Tomás Méndez, de cuyo acapulqueñismo ya dimos cuenta líneas atrás, se refiere al puerto en su corrido Los Amigos del Mayor:

Los amigos del mayor andamos tomando
porque anoche por la noche lo mataron
tres descargas por la espalda le pegaron
tres descargas que ni Villa hubiera aguantado

Los amigos del Mayor seguimos tomando
y la causante de esta pena muy contenta
en Acapulco con su amante se anda paseando
Acapulco tu no sabes que en Jalisco ha muerto el Mayor.