EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Acapulco, las costureras

Anituy Rebolledo Ayerdi

Octubre 23, 2025

Costureras y modistas

La diferencia entre una costurera y una modista radica en la complejidad de sus habilidades. La costurera se enfoca en la labor de coser piezas de tela, mientras que la modista diseña y ajusta patrones. Ambas actividades requieren destreza y precisión pero cada una aporta singularidades en el marco de la moda y la confección La modista es la mente creativa detrás de las prendas mientras que la costurera es la maestra de la puntada perfecta. Ambas son indispensables para la materialización de una pieza única y hermosa.
Cierto hoy, porque antes las cosas eran diferentes. Las costureras de Acapulco ejecutaban esas y otras muchas tareas . Diseñaban y cosían lo mismo un par de pantaletas que un elegante vestido de novia, y qué decir de los vestidos de princesa para los bailes de pomada.
La mitad del siglo XX traerá una auténtica revolución en la materia, dejándose atrás pom-pas y rigideces. Desaparecerán las cinturas de avispa, las caderas rotundas y las hombreras de jugador de futbol americano. Los años 50 serán saludados por damas que visten ropa ligera, cómoda y juvenil, dándose muy pronto el adveni-miento de la minifalda, tan bendecida como demonizada.
Aquí, como en el resto del mundo, no hubo concesiones en materia de vestuario femenino, especialmente para las grandes ocasiones. Será complicado en grado sumo (un fruncido aquí, el drapeado acá, etcétera) pero al final surgirán piezas igualitas a los ilustradas en los figurines consultados, preferentemente los venidos de Francia. Serán estos la Biblia de las costureras.

Las costureras

De acuerdo con la voz popular, las mejores costureras del viejo Acapulco fueron doña Antonia Castillo de la Peña (madre de Gloria, política y socialíté, y Joaquín, maestro de deportes) y doña Julieta Méndez. Ambas confeccionaron los más elegantes y sencillos vestidos de novia de su tiempo. Cuando el proceso era largo, doña Antonia vigilaba que la pancita de la novia no creciera y en caso positivo abandonaba la tarea.
Más acá, las costureras de moda fueron doña Pina Durán, doña Luisa Lluck y doña Donaciana Berdeja, conocida popularmente como doña Chana, cuyas creaciones recibían comentarios de ser mejores que las de las dibujadas en los figurines o revistas de modas. De ahí la mucha clientela que tenía, tanta que resultaba un privilegio su atención
Ora sí que más acasito, se citaban como magas del hilo y la aguja a doña Elvia, viuda de Pancho Galeana, y doña Lita Bello Ruiz, hermana de monseñor Rafael, primer obispo de Acapulco.
Fueron varias las costureras del puerto que laboraron por mucho tiempo en las empresas Casa de la Novia y Casa Teresita y otras empresas del área del mercado central. Ambas satisficieron la demanda local de ropa cotidiana y principalmente trajes de novia . Esto sucedía a muchos años del espectacular diseño del vestido nupcial con “escote de pico , grandes volantes y mangas de farol”. El mismo que lució Diana, en su boda con el príncipe Carlos de Inglaterra, el mismo tipo que más tarde se aficionará a las viejas feas y guangas , como decía el columnista aquél.

El vestido de Liz

Elizabeth Taylor nos visita 1967, como había hecho en diversas ocasiones, tantas que había conseguido que el sol acapulqueño no fuera agresivo con su hermoso rostro. Se trataba esta de una visita muy especial, pues venía a casarse por tercera ocasión, esta vez bajo la protección de las leyes mexicanas. El novio era el estadunidense Mike Tood, productor de la cinta La vuelta al mundo en 80 días, en la que Mario Moreno Cantinflas se universaliza en su papel de Paspartú y quien será el único testigo en el acta matrimonial.
El vestido de Liz era de seda blanca y en lugar del velo tradicional lucía una glamurosa capucha del mismo color. Un ajuar diseñado por la modista Helen Rose, de la Metro Goldwin Meyer, misma que un año antes había diseñado el vestido de Grace Kelly, para su boda con el príncipe Rainiero III de Mónaco. Una chulada, se dijo, aunque todas las miradas enfocaron hacia el anillo de 240 mil dólares, en el anular de la novia.

El acta de divorcio

Mario Moreno Cantinflas creyó que con su sola presencia allanaría las exigencias legales del Registro Civil de Acapulco, en este caso el acta de divorcio de la novia, casada con el actor inglés Michael Wilding (Waterloo) . La actriz solicita a su exesposo el documento y este se ofrece incluso a traerlo puerto… siempre y cuando la recompensa valiera la pena (200 mil dólares y la casa que ambos habían habitado). Wilding traerá personalmente el documento, pero se negará quedarse a la boda, por el calorón.

Tercera de ocho

La tercera de las ocho bodas de Elizabeth Taylor se celebra en los jardines de la residencia del expresidente Miguel Alemán Valdés y los invitados serán contados entre familiares y amigos. Figura como padrino el célebre cantante Eddie Fisher, amigo íntimo del novio, en tanto que su esposa, Debbie Reynols, actriz y cantante, aparece como única dama de honor.

Así fue

A falta de invitación, nos servimos de la crónica de una revista de las llamadas del corazón:
“Decenas de antorchas de querosene iluminaban los jardines de la residencia y en el centro una tribu de indígenas ejecutaban danzas típicas. Los invitados, por su lado, disfrutaban del caviar, la langosta, los langostinos y la cochinita asada. Un grupo de músicos itinerantes tocaban y cantaban. El remate de la fiesta fue un castillo de fuegos artificiales y una serie de cohetes amarillos que dibujaban en el cielo las iniciales MT y ET. Mario Moreno Cantinflas, el padrino de la boda, fue aclamado como el autor de la pirotecnia

Mike Todd

Fue en su cinta La vuelta al mundo en ochenta días en la que su productor Mike Todd, universaliza la imagen del célebre cómico mexicano Cantinflas, más nunca su locución. Ofrece en ella la muestra del sistema cinematográfico llamado Todd-AO, con pantallas enormes, que revolucionará la industria fílmica universal. La cinta confirmaba su admiración por México, toda vez que en 1944 produjo en Hollywood un musical titulado Mexican-Hayride, con canciones del genial Cole Porter.

La tragedia

Mike Todd muere al desplomarse el avión en el que viajaba con destino a Nueva York, donde recibiría un premio por ser un innovador del cine universal. Su viuda, Elizabeth Taylor, con quien se había casado un año antes en Acapulco, se manifiesta inconsolable y a lo mejor era cierto. Luego acostumbrará visitar casi diariamente la tumba de su amado, cubriéndola con rosas de talle largo.
Lo amigos del matrimonio se unen para acompañar a Liz en su profundo dolor, hasta que un día logran una sonrisa de ella. El cuasi milagro se adjudica al cantante Eddie Fisher, el mejor amigo del difunto, ídolo juvenil de los años 50 con millones de discos vendidos. La esposa de este, Debbie Reynolds, la única dama de honor del enlace, muy pondrá al marido frente ante la disyuntiva clásica: “ella o yo”. La respuesta del marido será la invitación a su boda con su amigaza Liz Taylor, en un templo judío de Las Vegas. Y era que la señora había adoptado la religión del marido.