EL-SUR

Viernes 19 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Acapulco, los sastres

Anituy Rebolledo Ayerdi

Octubre 16, 2025

Sastres anónimos

Los sastres de Acapulco tuvieron un momento consagratorio cuando su ropa gozó de merecida fama en buena parte del mundo, elogiada por su corte, confección y acabados perfectos. Nada de “sácale tantito aquí y métele un poquito allá”, el entallado perfecto. Sastres anónimos y empleadores famosos.
Pantalones y camisas made in Acapulco colgaron en los armarios de figuras mundiales del arte, el espectáculo e incluso de la nobleza europea. Estarían entre ellos las grandes estrellas del cine bautizados como la pandilla de Hollywood, mismos que adquirieron en 1954 su propio hotel para venir al puerto cuando se les antojase. El hotel Flamingos fue en realidad para los pandilleros un club que aseguraba la siempre reclamada privacidad por cada uno de ellos:
Johnny Weismuller (Tarzán y las sirenas, filmada aquí) –quien vivió en una suite del hotel llamada Casa Redonda y años más tarde se muda a su residencia en la playa Mimosa. Aquí muere en 1984 y es inhumado en el panteón Jardines del Tiempo–; Fred Mac Murray, John Wayne, Red Skelton, Cary Grant, Roy Rogers, Richard Widmark, Errol Flynn, Orson Wells (La dama de Shangai, filmada en la bahía) y Rex Allen.
Por lo que hace a la nobleza, este dicho se sustenta en ocasión de la visita del príncipe Bernardo de Holanda al sastre de Hilario Martínez, El perro largo. El esposo de la reina con nombre de sopa, Juliana de Holanda, pide unos pantalones de su talla, no como los guangotes que le confeccionan los kleemarkers de la Corte. ¿Será guaca?, comenta el Doguito jocosamente.
No siempre bien remunerados, los sastres porteños producirán miles de piezas “anónimas,” sólo amparadas con las etiquetas de grandes almacenes y tiendas famosas.

Los sastres del XX

Los pocos sastres del pasado, los del siglo XX, por ejemplo, tuvieron la necesidad de dominar la costura no sólo para pantalones, camisas y shorts de telas ligeras, sino para trajes completos –pantalón, saco, chaleco y camisa– generalmente de casimir. Sus usuarios permanentes, incluso durante las canículas, fueron funcionarios públicos y los alcaldes la noche del Grito. Los niños y jóvenes eran de playera y “chor” (short) mientras que muchos más disfrutaban la vida totalmente chirundos, oséase, sin ropa alguna.

Alcaldes sastres

Don Heriberto Tapia alternó hasta en dos ocasiones el pedaleo de la Singer con los avatares de la presidencia municipal, hasta en dos ocasiones. La primera en 1924, sustituyendo al defenestrado alcalde Tomás Véjar Ángeles y la segunda a Miguel P. Barrera, sastre como él, militante del partido de Juan R. Escudero. Don Miguel vivió siempre en el barrio del Teconche y nunca colocó cierres metálicos en los pantalones . “No quiero andar en tribunales cuando algún caballero se agarre ‘su cosita’”, explicaba.
Por su parte don Heriberto Tapia, padre del popular Lito Tapia, también sastre, famoso con su bien conservada residencia de adobe en Roberto Posada, convertida hoy en restaurante llamado precisamente La Casa de Lito. De rechupete el aporreadillo, el chorizo y el café de Atoyac (¿de dónde si no?).

Rosaluz y Pepe

Sastre con mucha fama en los años 80-90 fue el hispano Francisco Gámez, propietario de la sastrería México, en el centro citadino, especializado en uniformes escolares y militares. Creador de una camisola estilo guayabera de tela blanca muy fresca, manga larga y cuatro bolsas, diseñada para el alcalde Israel Hernández Ramos. Vistiéndola, coincide en un acto oficial con el presidente José López Portillo y este se la chulea:
–Muy bonita y elegante su camisola, señor alcalde. Le ruego me haga llegar más tarde la dirección de su sastre.
–Es de aquí mismo, señor presidente, y con mucho gusto le haré llegar su domicilio.
Una semana más tarde se recibe en la residencia oficial de Los Pinos un paquete que, por provenir de Guerrero, alerta y moviliza a la guardia presidencial. “¡Nada peligroso, son seis camisolas de algodón!”, será el reporte luego de una complicada detección electrónica.
Para hacerlo, el alcalde petlateco de Acapulco había solicitado el auxilio de Rosa Luz Alegría, secretaria de Turismo, ello para conocer la talla exacta del “presidente cachondo” (como le llamaban en La Banca del Zócalo). La información sobre las “medidas exactas” del mandatario las recibe telefónicamente el sastre Gámez, quien, en un momento dado, tendrá que atajar a la bella dama con un angustioso:
–¡Con estas medidas me bastan, señora secretaria!

Sastre regidor

No obstante su origen hispano, con participación destacada en la Guerra Civil de su país, Francisco Gámez ocupará una regiduría en el Cabildo porteño y era que , sin duda, hilaba fino. Tanto que también fue diseñador de las camisolas del gobernador José Francisco Ruiz Massieu, estas de manga corta y color beige. Mismas que, quizás por razones de seguridad, usaban los custodios del mandatario.

Sastrería Tijuana

Histórica la sastrería Tijuana, en Valdez Arévalo, frente a la arena Coliseo, a la que durante medio siglo le dieron lustre maestros como Mario Ramírez Trejo, Juan Villalobos, Jesús Villatorres y José Gama Torres, su propietario. Este tuvo como clientes al alcalde Alfonso Argudín, al compositor Roberto Cantoral y al célebre buzo porteño Alfonso Arnold.

Acapulco Tropical

El maestro Gama recordaba con orgullo haber tenido como magnífico pantalonero a Walter Torres, su pariente, quien un día cambiará la Singer por la conga. Saltará más tarde a la dirección del conjunto Acapulco Tropical, que en poco tiempo hará bailar a todo México con su Cangrejito playero. Grupo menospreciado hasta el insulto por los musicólogos, mientras muchos otros miles repetirán una y otra vez aquello de qué bien que toca Acapulco Tropical, celebrando los miles de discos vendidos.

Tin Tan

El maestro Pepe Valdez, de la colonia Progreso, adquirió celebridad entre sus pares por ser el sastre acapulqueño de Germán Valdez Tin Tan. “No soy yo, se disculpaba Pepe: es él quien exige los pantalones tan guangos”. El cómico , por cierto, tenía su residencia en la calle Tlaxcala, al fondo de la glorieta de los Niños Héroes, vecino de Ramiro Reyna y su restaurante Sevavep, recaladero de compositores, músicos, cantantes, poetas y periodistas. Salud, familia.

Pedro Kuri

Recordamos a Jorge Prado, cortador de su propia sastrería, con quien coincidíamos en la degustación de café turco servido por don Pedro Kuri, en su tienda Driles y Casimires. La única, en opinión de Francisco Zambrano, donde se podían encontrar los mejores casimires del mundo, además de todos los implementos para una sastrería.

Sastre y saxofonista

Tal lo fue Jesús Chucho Donjuán, con grado de excelencia en ambos campos. Formó parte de la orquesta de don Beto Escobar, que lo mismo tocaba en los bailes de La Quebrada, que en desfiles militares, pasodobles de la plaza de toros y valses en los acompañamientos al campo-santo. Papá de la amigaza Norma Donjuán Velarde.

Saqueros

Los saqueros eran los sastres especializados en la confección de los sacos para vestir formalmente, recordándose entre ellos al señor Roldán y a Julio La Rana. Otros personajes en el recuerdo de los sastres jóvenes son Emilio, propietario de la tienda Emil y Benny Garza, cuya tienda de ropa se localizó en el edificio Oviedo.