EL-SUR

Miércoles 17 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Acapulco, su gente IX

Anituy Rebolledo Ayerdi

Septiembre 25, 2025

Casino de Acapulco

El Casino de Acapulco es inaugurado el 7 de octubre de 1947 por el gobernador del estado, general Baltazar R. Leyva Mancilla, con la representación del presidente de la República, Miguel Alemán Valdés. Su mensaje promisorio cala hondo en los acapulqueños. Lo acompaña José Ventura Neri, su cuñado, quien asume la presidencia municipal luego de cubrir un interinato de la misma
Para entonces, han transcurrido ya 20 años de la apertura de la carretera México-Acapulco, ejecutada por el presidente de la República, Plutarco Elías Calles, y para muchos está aún fresco el recuerdo de aquel día cuando el mandatario, desde el Castillo de Chapultepec, dinamitó telegráficamente una última roca a la altura de Xaltianguis.
La convocatoria del Casino se adjudica a dos personajes del momento, Carlos Adame, cronista de la ciudad y José Martino, empresario español. Ambos proponen que la sede del mismo sea el edificio de don Alfredo Pintos, en plena plaza Álvarez, tal cual. Las acciones de la empresa se cotizaron en mil pesos, cada una, y con ellas se le dota de salón de baile, cocina y ¡biblioteca! Un casino sui géneris, ajeno a juegos azar pecaminosos, salvo las damas chinas, ajedrez, cubilete, billar y secretamente el chiquichiqui. Socialmente, en opinión de don Carlos, el casino fue escenario de los más grandes fastos de la ciudad.
Los primeros socios del establecimiento fueron Simón Álvarez (tesorero), Gilberto Aguirre, Lino Álvarez, Juan Amorrortuo, Joaquín Adame, Rafael Añorve, Dr. Luis Arellano, José Aguirre Dávila, José Aznar, José Alonso, Mariano Alonso, Ramón Bernal, Carlos y Roberto Barnard, Sixto Barrera, Alfonso Casarrubias, Carlos Castrejón, Vicente Cruz García, Vicente Candela, Dr. Arturo Canales, Leobardo Cano y Antonio Casis.

Casino quemado

Durante una de las primeras charles entre los socios, uno de ellos, Ramón Guillén Salas, columnista del diario Trópico, los deja boquiabiertos con la revelación de la existencia, muchos años atrás, de un Casino de Acapulco, localizado por cierto en el callejón del Pacífico (Ignacio de la Llave) y cuya cabaña de palapa terminó convertida en un montón de cenizas producto de un “fuego amigo”. Y hablo de fuego amigo, advierte Guillén, porque las autoras del mismo habían sido las esposas de varios socios del propio club. El argumento fue que sus maridos no las atendían por las noches culiatornillados en las mesas del casino. Los esposos de las piromaniacas debieron cubrir los daños, necesariamente
La revelación del periodista provocará en algunos socios la adopción de conductas que harían irrepetible una acción similar.

1.- “Conmigo no va el desvelo, yo siempre llego temprano para cenar en casa”: Jesús Duque. Coinciden con él Hid Charfen, Roberto Calderón, Roberto Díaz Córdova, Evaristo Cabrera, Roberto Nogueda, Lucio Lobato, Antonio Pintos Carballo, Juan Oms Soler, Adrián Muñoz Solleiro.

2.- “Cumpliéndole, a mi ñora no le importa si llego o no llego a casa”: Pedro Benítez, Julián Carmona, Pedro Solorio.

3.-“¡Intimidades, no!”: Abra-ham Charfen, Alfonso Córdova, Manuel Díaz Martinez, Güero Batani.

4.- “Aquí los únicos quemados serán algunos socios”, opinará, sarcástico, el abogado Luis Martínez Cabañas, presidente municipal de Acapulco en 1956.

IRBA

Al cerrar sus puertas diez años más tarde, el espacio del Casino de Acapulco, fue ocupado por el Instituto Regional de Bellas Artes, dirigido por el matrimonio formado por el muralista Luis Arenal y Macrina Rabadán. Allí destacarán el pintor Hugo Zúñiga, el escultor Alberto Chesal y el compositor Tadeo Arredondo Villanueva.
Fue Macrina Rabadán Santana, de Cuetzala del Progreso, del Partido Popular Socialista, la primera diputada federal de oposición al PRI (1958-1961). Encabezó con sus hermanos Fulgencio y David una trágica pero triunfal lucha agraria en Guerrero, cuyo epílogo fue el asesinato de ambos.

El Cine Río

El Cine será otro tema de discusión recurrente en el Casino de Acapulco y lo harán con entusiasmo a raíz de la apertura del Cine Río de Gabino Fernández y Francisco Peláez y al que, por cierto, se le ubicaba “lejisísimo”, tanto que para acceder a él había que cruzar el río de La Fábrica. Requiriendo más tarde de una ruta de camiones
Voz fuerte y tonante sobre el tema era la de Efrén Villavazo Alarcón, propietario, ni más ni menos, que del cine Salón Rojo, en el Zócalo, fundado diez años atrás por los hermanos San Millán. Otro socio versado en el séptimo arte lo era Óscar Muñoz Caligaris, empleado del hotel El Mirador, y quien hablaba del puerto en que se había convertido Acapulco. Citaba la cinta Un capitán de Castilla, con Tyrone Power, con exteriores en Tres Palos.
Más tarde, el propio Muñoz Caligaris, ahora propietario del hotel Boca Chica, presumirá haber tenido entre su personal a la tamaulipeca Ariadne Welter, mimada actriz del cine nacional. Ella era hermana de la hermosa Linda Cristian, casada con Tyrone Power
Otros socios que hablaban fuerte sobre temas cinematográficos fueron Carlos Sutter, José Varcárcel, Antonio del Valle Garzón, Santiago Soberanis, Santiago Sobrino, Ángel Illades, Rafael y Alberto Sánchez Unzueta; Chema Sotelo, Alberto del Valle y Paulino Sánchez.

Martínez Cabañas, 1956

Será entonces cuando el presidente municipal de Acapulco, Luis Martínez Cabañas, con pistola al cinto y acompañado solo por personal de obras públicas, suspende la construcción de una alta barda –en dirección directa a las puertas de la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad– que dividiría en dos la plaza, pasando una de ellas a formar parte del hotel La Marina (donde hoy hay un banco), reclamada por el millonario mexicano Antonio Díaz Lombardo. No hubo reculada y finalmente se hablará de un invaluable donativo del también propietario de Aeronaves de México.

El voto femenino

El voto electoral concedido a las mujeres argentinas será tema de conversación en las mesas del Casino de Acapulco, prevaleciendo los comentarios desfavorables: Pendejos chés, no saben lo que hacen; no saben que al rato una mujer vaya a querer gobernarlos. Y un vaticinio demoledor: ninguna nalga femenina podrá posarse jamás sobre la silla presidencial mexicana… Olé: tan numerosa como poderosa, la colonia hispana del puerto se viste de negro el 28 de agosto de 1948. Luto por la muerte en España de Manuel Rodríguez, Manolete, empitonado el 28 de agosto de 1948 por el astado Islero.

AK-47

Son enormes las expectativas que provoca entre los socios del Casino de Acapulco la noticia procedente de la Unión Soviética sobre la fabricación de un nuevo fusil ametralla-dora. Creado por el oficial Mijail Kalashnikov se le bautiza simplemente como AK-47 (automático, apellido y año en curso). Nadie se tragará el cuento sobre un viaje a Rusia de una delegación de copreros de la Costa Grande.

El Grupo ACA

Sin tener nada que ver con el Grupo Acapulco, el Grupo ACA nace en mayo de 1970 a iniciativa del arquitecto poblano Héctor Mestre Martínez, acusado inmediatamente de móviles tan personales como oscuros. Según sus detractores, Mestre se atrincheraba en una organización de ricos y notables solo para para hacer valer sus presumibles derechos sobre el expropiado panteón de Icacos: amplia superficie costera usada entonces como estacionamiento hotelero.
Acompañarán a Metre en la dirección del Grupo ACA personalidades locales y foráneas. Entre ellos José Brockman Obregón y Vicente Rueda Saucedo, en calidad de vicepresidentes. El arquitecto Nicolás Mariscal Barroso, secretario, y Daniel Janes, prosecretario y Héctor Zozaya y Antón Elorriaga, tesorero y protesorero; los vocales: Guillermo Álvarez, Jaime Carriles Ontañón Warren Broglie, Luis Segura Licea, Ron Lavender, Phillipe Gerandau y Armando Sotres.
El Grupo ACA se signi-ficará en una primera etapa por rendir honores y pleitesía a los poderosos cómplices de sus quehaceres secretos. Más tarde lo reivindicará Jesús Chuy Rodríguez Espinosa, quien sí le dará algún sentido social y sir-viendo como tribuna del gober-nador Rubén Figueroa Figueroa durante sus visitas al puerto.