Anituy Rebolledo Ayerdi
Octubre 02, 2025
La Banca del Zócalo
Con tal nombre se conoció aquí a un grupo de varones reunidos todas las noches en torno a una banca del jardín Álvarez y cuyo único propósito era comentar los sucesos del día. Comparada por algunos con el Ágora ateniense por sus libérrimas opiniones, ácidas críticas y el uso certero de la ironía.
A partir de su creación, la Banca del Zócalo se convirtió en un eficaz termómetro consultado por los hombres del poder político. No faltará por ello el alcalde que instale para ellos una banca de granito, en lugar de la tradicional de cemento, con una placa de bronce que la identificaba. La respuesta fue el esperado agradecimiento de los banqueros pero sin faltar una advertencia: “que no crea el señor presidente municipal que con esa ‘cosa’ nos va a cerrar el pico”.
Los banqueros
Entre los banqueros históricos figuraron Constancio Martínez Ramos, líder obrero implacable contra negreros, déspotas y corruptos; Julio Diego y su lucha por los trabajadores del mar; Patricio Escobar y sus anécdotas con Juan R. Escudero, cuyo cadáver le tocó recoger de su cadalso, acompañado por un grupo de valientes mujeres; José O. Muñúzuri, periodista que tuvo que huir de la ciudad por publicar un reporte meteorológico que no le gustó al Capitán de Puerto; Galo Castillo y su lucha tenaz en favor del astillero de Tambuco.
Juan Castañón, bigote kaiserano, pistola al cinto y fuete en la mano. Un día no tendrá tiempo para sacar su forty-five, muriendo acribi-llado por lanzar un piropo a una mujer ajena… Jesús de la Basterra, jovial y dicharachero… Roberto Maya Torreblanca, El Gayso, taxista y “amigo de Donato”, el secretario de la Presidencia, Miranda Fonseca, al que Díaz Ordaz la ganó La Grande nomás por un “hocico”… Y la simpatía inigualable de Milo Fares y sus frecuentes visitas a La Tahuer (La Huerta, pues) y su aventura con una Tintorera que estuvo a punto de cortarle el dedo meñique”.
Intifíquese
La Banca del Zócalo contó siempre con un poderoso equipo jurídico para entrar en acción ante posibles demandas judiciales. Lo integraban Pedro Terán Mendoza, Rafael Saavedra, José Murillo Novelo, Jesús Cruz Manjarrez y Manuel Añorve López. Este último hacía las veces de “niño artillero” a cargo de la pirotecnia usada para los festejos bancarios. Una noche, luego de tomar posesión como alcalde de Acapulco el doctor Ricardo Morlet Sutter, visita la Banca y Añorve lo recibe con el estallido de cohetes y cohetones. A Rico no le hace gracia la recepción, por lo que, medio en serio, medio en broma, ordena al policía del parque aprehender al cohetero.
–¿Y usted quién es para darme órdenes? –increpa el uniformado
–¿No me conoces, verdad? ¡Soy Ricardo Morlet Sutter, presidente municipal de Acapulco, tu nuevo jefe!
–Para empezar , señor como se llame, si no se intifica será poco el caso que yo le haga, así me diga que es el presidente de la República… ¡Intifíquese, señor, intifíquese!
Una carcajada general hará trepidar la Banca, dando tiempo al alcalde para salir por piernas.
Más banqueros
Uno de los banqueros más puntuales fue Tino González, peluquero de alcaldes y gobernadores (el gobernador Gómez Maganda fue su compadre), quien siempre eludió entrar en controversias para no hacer corajes. “Es que ceno aguacate todas la noches”, argumentaba… Desde su cine Salón Rojo, don Efrén Villavazo dirimirá con los banqueros un viejo litigio de cuando fue presidente municipal. “¡Ya cállense, pinches viejos mitoteros e hijos de María Morales!”. Cauto Nogueda Radilla, el creador de La Guaca o la mentira piadosa
Manuel Chito Ávila, siempre pulcro y perfumado: ¡por lo que pueda ofrecerse!”… Los más viejos banqueros habían saboreado las aguas frescas del Chino Rivera, ofrecidas por él mismo en el vecino kiosco del Zócalo . En su parte alta ofrecía serenatas dominicales la banda de don Chalo Polanco (padre de Leonel, la Voz de Los 3 Caballeros y Los Calaveras)… Allí mismo, El Güero Bermúdez narraba sus aventuras como vaporino de los siete mares. Así llamados los tripulantes de cualquier nave de vapor, distinguidos por balancearse al caminar y usar camisas floreadas de seda…También, puntuales, Alejandro Hudson Batani, Simón Funes Dueñas, José Camargo, José Isabel Moreno, Eligio Gómez y Lucio Lobato.
Los banqueros jóvenes
Por cierto, no todos los banqueros fueron “viejos mitoteros”, según la calificación general, los hubo jóvenes como Raúl y Andrés Pérez García, Leonardo Flores, Raúl Reducindo, Enrique Díaz Clavel y este escribano.
El Club de Columnistas
La presentación de este grupo singular la hizo originalmente el columnista histórico de sociales, Arturo Escobar . Hoy la repetimos:
“José Ventura Neri, recaudador de rentas de Acapulco, con la representación del gobernador del Estado, Caritino Maldonado Pérez; el alcalde Israel Nogueda Otero y el ingeniero Fernando Galicia Islas, gerente de Recursos Hidráulicos, asistieron como invitados de honor a la cena en el hotel Elcano para celebrar el nacimiento del Club de Columnistas de Acapulco” (1970).
“Tanto Ventura Neri como Nogueda Otero hicieron uso de la palabra para subrayar la importancia de esta clase de agrupaciones, subrayando el papel del periodismo en el engranaje de la vida política social del país y en particular de Acapulco. Ambos desearon una larga y exitosa vida a la organización periodística.
“Por su parte, el presidente del Club de Columnistas de Acapulco, Anituy Rebolledo Ayerdi, delineó los alcances y objetivos de la agrupación tanto en los terrenos profesionales como en la ayuda mutua. Luego presentará a sus integrantes:
“Alondra Ríos, Paty Martínez, Paquita Flores, Melánea Calderón, Enrique Díaz Clavel, Jaime Abarca Manzanares, Ismael Uribe Urzúa, Tadeo Arredondo Villanueva, Armando Pedraza León, Alfonso Ramírez Calleja, Jorge A. Villaseñor, Carlos Betancourt, Vicente Sánchez Arenal, Manuel Ávila González, Adolfo Soto Edwards, Rafael Castrejón Pérez, Ramón Guillén Salas, Rodolfo Salmón Macías, Armando Caballero Cisneros, Simón Castrejón Arriaga, Enrique Ramírez Ávila, Abel Sanromán, Andrés Bustos Fuentes, Abel Espinosa y Manuel Leyva Martínez (jefe de prensa del gobierno del estado).
La Banca y Alemán
El presidente Miguel Alemán pide durante una visita al puerto platicar con los banqueros del Zócalo, ello, en aras de conocer la realidad sobre lo que Acapulco piensa de él y opina de su obra. Reunión que tal vez no se dio pero que es utilizada por el mandatario para elevar aún más sus altos índices de popularidad y acogotar a sus operadores principales. El primero, Melchor Perrusquía, presidente de la Junta Federal de Mejoras Materiales. Un diálogo posible:
–¡No sabes, Melchor, la chinga que te pusieron los de la banca de Acapulco, con los que platiqué ahora que tú estabas fuera. ¡Pero qué chinga, hermano!
–Nada me extraña, jefe de esos pinches agiotistas, hijos de sus pinches madres! Malagradecidos, los cabrones, porque manejan las cuentas de la Junta, las mías, las de todos los funcionarios e incluso las de mis putitas, Miguel!
–Ay, Melchor, pero qué pendejo eres! ¡No tienes idea de lo que te estoy hablando! Y no la tienes, Melchor, porque vives alejado de la gente de Acapulco, gente que, como ninguna otra, podría orientarte para que tu trabajo resultase exitoso. ¡Acércate y escucha a los acapulqueños, Melchor, y nos va a ir mejor a todos!