EL-SUR

Sábado 27 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Acapulco, sus políticos III

Anituy Rebolledo Ayerdi

Enero 30, 2025

La rebelión delahuertista

El profesor Felipe Valle llega al puerto en 1923 para hacerse cargo de la Aduana Marítima de Acapulco y aquí lo sorprende la rebelión delahuertista, a la que se une inmediatamente. Rebelión contra la decisión del presidente de la República, Gral. Álvaro Obregón, de imponer como su sucesor al también general Plutarco Elías Calles.
En Acapulco, la mayor rebelión armada posrevolucionaria, con la participación de la mitad del ejército mexicano, es secundada por un denominado Movimiento Cívico. Lo integran jóvenes de familias porteñas encabezados por el periodista Carlos E. Adame y sus acciones consisten en convocar reuniones públicas para desentrañar los móviles absurdos y egoístas de la rebelión.
La carnicería orquestada por Adolfo de la Huerta, un político miserable, obtuso y ambicioso de poder, es aplastada por el presidente Obregón cuando ha cumplido apenas seis meses. Lo hace con una anticipada “Noche de los cuchillos largos”, pues en ella fueron sacrificados una docena de los más valientes y prestigiados generales de la Revolución. Los paredones se montarán en todo el país.
Acapulco no fue la excepción. Los catorce militantes del Grupo Cívico, encabezado por Carlos Adame y entre ellos Felipe Valle, son sentenciados a muerte. El puerto se estremece de angustia y dolor ante la noticia y serán vanas todas sus acciones ante el poder público para dar marcha atrás a las sentencias. Los jóvenes son arrestados y confinados en la fortaleza de San Diego.
Junto con la aprehensión, se levanta el paredón de fusilamiento en el patio de la Aduana Marítima (Plaza Ál-varez, hoy edificio Nick) y, para evitar escenas desga-rradoras con una marcha macabra, los sentenciados son llevados por la noche al sitio en el que serán sacrificados muy de mañana.
A la hora señalada, los Catorce son llevados al paredón y allí son alineados frente a una barda de adobe de una casa vecina. Darán la cara al pelotón de fusilamiento integrado por el mismo número de soldados. Lo que seguía era necesariamente la orden de fuego, pero esta, extrañamente, no se produce, aumentando tensión emocional de todos los involucrados en el drama. Pasan los minutos y el disparo unánime de los catorce fusiles no se escucha. ¿Qué pasa en el patio de la Aduana Maritíma?, es una pregunta que angustia a toda una población e intensifica su dolor pero siempre presente la posibilidad del milagro.
Y el milagro se produce cuando el general michoacano Rafael Sánchez Tapia, a cargo de la pacificación del estado de Guerrero, ordena la cancelación de la ejecución aplicada por una Corte Militar.
El suspiro profundo y emocionado de todo la población dará paso a una alegre celebración. Las mujeres proclamarán la eficacia de sus demandas a Dios, siempre por la intercesión de la Virgen de la Soledad, cuyo templo será insuficiente para albergar a la población. Este permanecerá abierto día y noche durante el dramático episodio.
En todo Acapulco se agradecerá vivamente el espíritu justiciero del general Sánchez Tapia, quien ha salvado de la muerte a los suyos, colmado por ello de obsequios materiales, que él no aceptará. A sus íntimos, el militar comentará que lo había emocionado profundamente el gesto del líder de los muchachos, Carlos Adame, quien ante él, se declaró único responsable del movimiento y pidió ser por ello el único en ser pasado por las armas. El poderoso argumento ante el alto mando fue en el sentido de que los acapulqueños nunca tomaron una sola arma y que su protesta había sido únicamente cívica.

Derechos civiles

Los Catorce perderán a partir de entonces sus derechos civiles, recuperados años más tarde, en 1928, cuando participen en las elecciones para presidente municipal de Acapulco. Llevarán al triunfo al orfebre Enrique Lobato Cárdenas, del partido fundado por Juan R. Escudero.

El Colegio Acapulco

Nuestro personaje, Felipe Valle, quien había sido gobernador sustituto del estado de Colima y director de su propio colegio, llamado Mazatlán, se queda aquí y pronto inaugura una escuela primaria con el nombre de Acapulco. Institución que provocará una auténtica revolución educativa con la creación de cursos intensivos equivalentes a la instrucción secundaria, llamados “pasantías”, mismos que permitirán que cientos de jóvenes con primaria, particularmente damas, alcancen la segunda enseñanza, sólo posible en Chilpancingo o en la Ciudad de México. La primera escuela secundaria federal se abrirá aquí en 1939.
A su muerte, el maestro Felipe Valle fue declarado “acapulqueño nato” y su nombre impuesto a la calle en la que residía.

El Charro Díaz de Lón

Jesús Díaz de León, dirigente en 1948 del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM), bajo el gobierno del presidente Miguel Alemán y cuya afición a la charrería dio el nombre de charrismo a la subordinación humillante del dirigente sindical al gobierno o a los patrones, dirigió la pequeña hotelería de Acapulco.
Propietario del hotel Mallorca, rentado o regalado por el propio mandatario, mismo quien le había sugerido Acapulco para mitigar sus dolencias cardiacas, hacía gala de esa relación para comportarse como un patán. Tanto, que sus trabajadores lo calificaban de “disparatero y muy insultativo”. Y por si ello fuera poco, Charro Díaz de León era dueño de un bagaje de trucos y mañas capaces de doblegar la más firme de las voluntades. Fue así como logró el liderazgo hotelero

Agua para Acapulco

Los porteños festejan en 1960 el anuncio del presidente Gustavo Díaz Ordaz de que pronto se solucionará definitivamente el problema del agua en Acapulco. El líquido se traería del río Papagayo a través de una línea de conducción de 27 kilómetros, una obra que requeriría una inversión de 113 millones de pesos. Un proyecto aplaudido por la mayoría y cuestionado por pequeños hoteleros encabezados por Jesús Charro Díaz de León, el aludido ex dirigente del STERM. Acusa al gobierno federal “de sólo querer chingarse los millones”.
El gobernador del estado, Caritino Maldonado Pérez, va con el chisme al presidente Gustavo Díaz Ordaz y este , encolerizado, lanza mentadas de madre contra los “pinches güevones acapulqueños” y sentencia que si no quieren la obra que esta se ejecute en otra entidad. Será el propio mitotero Jefe Cari quien logre, finalmente, domeñar al gorila.
Se abrirán a partir de entonces foros de consulta sobre el proyecto, con la participación de todos los sectores de la población.

Ocurrió en el primer foro

El ingeniero Fernando Galicia Islas, gerente de la secretaría de Recursos Hidráulicos en Guerrero, abre la sesión del foro con sede en el Salón Verde del hotel Club de Pesca
Un fuerte impacto provoca en el auditorio la primera revelación de Galicia Islas, en el sentido de que el déficit de agua potable de Acapulco era de 20 millones de litros diarios, abasteciendo únicamente al 60 por ciento de la población. Enseguida ofreció detalles de la obra cuya ejecución se llevará 16 meses.
Aplausos y murmullos de aprobación por parte de la asamblea.
–¡Un momento… un momento! ¡Pido la palabra!, ¡pido la palabra!, urge perentoria una voz cascada y aflautada…¡Yo no estoy de acuerdo!, ¡déjenme hablar!
–Ya va a empezar este bribón con sus pendejadas –comenta alguien en voz alta refiriéndose al Charro Díaz de León. Y en efecto, el líder de los pequeños hoteleros del puerto empieza una perorata que sólo terminará cuando se escuchen los primeros abucheos.
El dirigente hotelero asegura, con pronunciación casi silábica, que posee estudios que aseguran que el agua del río de Coyuca de Benítez resultaría más abundante y barata que la del río Papagayo. “¡Y algo muy importante –advierte–, me aseguran que este proyecto está plagado de oscuros intereses y sucias intenciones de enriquecimiento por parte de sus ejecutores!”.
¡Pruebas!, ¡pruebas! , le exige una voz anónima.
–Ahorita no las tengo pero me dicen que los altos funcionarios de la SRH poseen compañías contratistas a las que adjudican las obras sin concurso.
Y, alzando su voz tipluda denuncia: “¡todo ello a ciencia y paciencia del jefe supremo, un tal señor Fernández, o como se llame el corrupto!”.
Díaz de León es interrumpido por una voz sonora, poderosa:
–¡Me llamo Jesús Fernández Terán, señor Díaz de León!, y soy secretario de Recursos Hidráulicos en el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz y le aseguro que nadie en la secretaría posee ninguna compañía constructora! ¡Reto al señor Díaz de León a probar su dicho!
–¡Chingada madre! –exclama el Charro fuera de sí, y pregunta angustiado: ¿Por qué ningún cabrón de mis amigos me dijo que aquí estaba este señor? ¡Que conste, yo no me referí a ninguna persona en particular y pido perdón si mis palabras ofendieron a alguien… ¡pero mejor me voy mucho a la chingada!
¡Y se fue entre abucheos y carcajadas!
El secretario Hernández Terán había llegado de incognito a la reunión, advertido de la clase de gente que se oponía a la obra, misma que concluirá en 1970 para beneficiar a 375 mil acapulqueños.

Don Donato

¡Cómo disfrutó el chilapeño Donato Miranda Fonseca, secretario del presidente Adolfo López Mateos, humillando a sus enemigos políticos, haciéndolos auténticamente zurrar verde de puro coraje! A unos les desbarató de un plumazo importantes proyectos de vida y a otros más los arrinconó para llevarlos con él al ostracismo.
Su más cruel y diabólica venganza será contra la clase política de Guerrero, forjada en batallas azarosas enarbolando la bandera priista, imponiendo a un don nadie en la política fue la imposición del dr. Raymundo Abarca Alarcón, como gobernador de Guerrero, cuya máxima aspiración de vida era ser delegado del IMSS.
A la proclama de Miranda Fonseca de “¡El estado soy yo y no le busquen más, cabrones!”, vendrá el repliegue de los clanes históricos. Marcharán arrastrando adargas y cobijas los Maldonado Pérez, los Román Celis, los Román Lugo, los Píndaros Urióstegui, los Osorio Marbán, los Ochoa Campos, los Fuentes Díaz, los Figueroa Figueroa y otros de menor nombradía. Todos con una rogativa guadalupana: “Que no llegue a la presidencia de la República tamaño hijo de Chilapa!”.
¡Y no llegó y algunos de aquellos volvieron!