EL-SUR

Miércoles 19 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

¡Acapulco tiembla!

Anituy Rebolledo Ayerdi

Noviembre 11, 2021

 

(Cuarta de seis partes)

 

Con la colaboración del
ingeniero Hugo Arizmendi Herrera (IPN).

Novedades Acapulco

Lamento la cancelación de la edición impresa del diario Novedades Acapulco. No sólo porque rechazo el pronóstico universal sobre la desaparición de la prensa escrita frente al avance incontenible de los medios electrónicos, sino porque significaba un cotidiano e interesante punto de comparación con nuestro Sur. Un estímulo enriquecedor para la creatividad de sus autores, sin duda. Y un recuerdo personal. En Novedades de Acapulco escribí durante el año de 1990 la columna Ciudad y Puerto, firmada con el seudónimo de Antonio Bayardi. Aparecía en la página de sociales de Arturo Escobar García, mi recordado y querido hermano, quien, por cierto, nunca reveló mi identidad a sus editores.

Roqueta, epicentro

La zona sísmica de México tiene a Acapulco como su centro de movimientos tectónicos cubriendo amplias áreas y periodos de oscilación prolongada. La revelación corresponde la científico germano Johannes Goerg Jacob Preuss (Alemania, 1946), doctor en geografía física, geología, y ecología. El investigador de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Mainz) Alemania, estuvo en Acapulco en 1976 para estudiar nuestra bahía contratado por el Plan Acapulco, de la Secretaría de Desarrollo Urbano. El resultado está contenido en un estudio titulado Los recursos naturales de relevancia turística en la Bahía de Acapulco.
Sobre el tema que nos ocupa, el doctor Preuss escribe:
“Uno de los epicentros que genera movimientos muy intensos se localiza en las cercanías de la isla de la Roqueta. Terremotos que deben atribuirse a la inestabilidad de la región en cuyas cercanías se producen fenómenos de subducción. O sea, la acción de penetrar las placas una debajo de la otra, en este caso la de Cocos con la Norteamericana, cubriendo amplias zonas y periodos de oscilación prolongada Ocurre esto en la “la fosa abisal o “trinchera de Acapulco” (fosa marina o fosa oceánica) cuya profundidad es de cinco mil metros ( la de Japón es tres veces más profunda). Se prolonga 230 kilómetros , de Acapulco a Papanoa, cubriendo amplias zonas y periodos de oscilación prolongada . Una intensidad sísmica solo superada por Chile y la Columbia Británica (Canadá).

La Trinchera de Acapulco

Intentemos con ayuda del Servicio Sismológico Nacional una explicación más amplia y sencilla:
La Trinchera de Acapulco es la frontera entre la placa Continental de Norteamérica y la placa Oceánica de Cocos, identificada como la parte más profunda del suelo marino frente a las costas de Guerrero.( Las placas se mueven sin cesar ,muy despacio, y chocan entre sí , se rozan y se separan). La placa de Cocos en su movimiento hacia el Noreste choca frontalmente con la .placa Continental Norteamericana en la que se asienta la mayor parte del territorio mexicano. Este choque frontal se lleva a cabo a una velocidad de convergencia de alrededor de seis centímetros al año, lo que quiere decir que anualmente se acumulan seis centímetros de deformación a lo largo de la costa guerrerense. Esta energía acumulada se libera cada tiempo por medio de uno o varios sismos de magnitud mayor a 7, como el ocurrido el pasado 7 de septiembre con magnitud 7.1. El último de tal magnitud ocurrió en 1909.

Acapulco, Siglo XX

La Trinchera de Acapulco generó durante el siglo XX grandes terremotos en los años 1902, 1907 y 1909. El ocurrido el 18 de abril de1902 provocó un tsunami con olas de más de 10 metros de altura que inundaron la ciudad y ocasionaron daños mayores. Aunque será en Chilpancingo donde el sismo provoque una auténtica catástrofe con la destrucción de 700 casas habitación y varios edificios públicos, la penitenciaría entre ellos, con la huida de la población carcelaria.
En su informe al presidente Porfirio Díaz, el gobernador interino Agustín Mora calcula que la duración del movimiento fue de un minuto y medio, estimándose más tarde su magnitud de 7.9 grados
Similar magnitud de 7.9 será la que se adjudique al terremoto que sacude a Acapulco el domingo 14 de abril de1907, medido esta vez por el Servicio Sismológico Nacional (SSN). Ello, con la contradicción de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica (SMIS), que otorga al fenómeno una magnitud de 8.2. Los acapulqueños, por su parte, juraron que el movimiento los había zangoloteado durante cinco terribles minutos.

Terremoto de tres minutos

“Un terremoto sacude al puerto la noche del domingo 14 abril de 1907 con aterradora duración de 3 minutos”, sostienen en sus memorias al alimón los acapulqueños Francisco Eustaquio Tabares y Lorenzo Liquidano Tabares.
Narran en Historia de Acapulco: “A las 11:20 de la noche hubo un gran terremoto que duró tres minutos. Fue una sacudida tremenda que tumbó y deterioró casas entre ellas la bonita y elegante del Dr. Butrón”.
(La residencia del médico cubano español Manuel Butrón , en la calle de La Quebrada , atrás de la parroquia de La Soldad , tenía anexa la Botica Acapulco luego reubicada en Jesús Carranza, abierta al público durante más de un siglo. Butrón fue alcalde de Acapulco en tres ocasiones y en una de ellas construyó el hospital civil Morelos).
La narración continúa:
“Había en el palacio municipal una función de teatro y al salir la gente aglomerada veían como la torre del reloj se columpiaba, amenazando caer sobre la multitud. La confusión fue terrible. La falta de luz eléctrica hizo más dramático aquel drama (la primera planta de luz se instalará en el puerto hasta 1913).
“Aún no se reponían los habitantes del gran susto cuando se escuchó un clamoreo inmenso de gente corriendo aterrada para no ser tragada por las olas del mar salido de su lecho. Milagrosamente no hubo desgracias que lamentar porque el grueso de la población logró subir a los cerros ya con el agua a la cintura. El mar llegó hasta la casa de doña Rosa Millán viuda de Clark y al volver a su lecho dejó pangas y canoas frente a la casa de don Manuel Muñúzuri, en la calle de San Diego (hoy Morelos) y al corredor de la casa de Los Bracho.
“Las únicas personas lastimadas fueron los niños Alonso y Dora Liquidano, hijos de don Manuel Liquidano, a quienes les cayó una barda en la calle Arteaga (hoy Azueta) que, providencialmente, no los lastimó seriamente”.

1909, Acapulco arrasado

Precedido por ruidos subterráneos parecidos a truenos o retumbos, “como si grandes rocas rodaran en el interior de la Tierra”, el terremoto del 30 de julio de 1909 arrasa al puerto cuando apenas restañaba las heridas de la sacudida de abril de 1907.
Una noche particularmente pesada y calurosa fue para muchos un presagio ominoso de lo que venía. Por ello el movimiento tomará despierta a buena parte de la población logrando así ponerse a salvo duración del sismo fue en cálculos locales de 2.5 minutos, mientras que en la medición del sismógrafo duró un minuto con cuarenta segundos. La magnitud, medida por el Sismológico Nacional, fue de 7.5 grados epicentro en la Costa Grande.

El teatro Flores

Se abatía sobre la Ciudad y Puerto una nueva desgracia estando aún viva en la memoria de los acapulqueños la catástrofe del Teatro Flores, el 14 de febrero del mismo año. Una chispa prende el canasto que recibe los rollos de la película exhibiéndose provocando la propagación del fuego en la caseta de proyección. La gente sale en tropel, pero en un momento dado, la caseta cae taponando la única entrada y salida del inmueble, quedando atrapado el grueso de los asistentes. Se contabilizarán entonces 300 cuerpos carbonizados.
El gobernador Damián Flores, hermano de Matías, propietario del teatro, lo había inaugurado minutos antes, pero lo abandona inmediatamente, quejándose del calor sofocante.
Ha sido esta, sin duda, la tragedia más dolorosa en la historia del puerto y cuyo único recuerdo es el monumento levantado en el panteón de San Francisco en recuerdo de las víctimas.
El teatro Flores se ubicaba en la calle Independencia, atrás de la parroquia de la Soledad y su conflagración puso en riesgo sus dos casas vecinas, la del doctor José Gómez Arroyo y la de Fructuoso Tabares. Esta última de madera, recién traída de Canadá para resistir los terremotos. Casi un siglo más tarde, siendo propiedad de los Rebolledo Ayerdi, la casona sucumbirá ¡quemada!

SOS, Acapulco
ha desaparecido

Los señores Francisco Eustaquio Tabares y Lorenzo Liquidano Tabares testimonian aquellos terribles momentos:
“La gente gritaba despavorida, presa de un pánico atroz. Los huéspedes del Hotel Pacífico no sólo gritaban sino que lloraban poseídos por el terror, incluidos los hombres.
“Quince minutos más tarde, cuando la población no se reponía del susto, vino otro movimiento tan o más fuerte que el anterior. No hubo casa que quedara en buen estado. Las sacudidas seguirán en periodos de quince a treinta minutos hasta las 13:00 horas del día siguiente. Entonces se producirá una réplica exacta, que será la puntilla para toda clase de inmuebles.
“La polvareda nubló el sol, la trepidación de la tierra arrojaba a las personas contra el piso como si fueran muñecos de trapo; las tejas de los techos brincaban de manera vertiginosa y las paredes se desmoronaban una tras otra. Fueron tres minutos y terror y angustia que parecieron tres horas. Minutos no menos angustiosos padecieron los pasajeros de dos embarcaciones ancladas en la bahía. Primero con el oleaje embravecido y enseguida con la retirada del mar dejando a las naves en condiciones precarias. El regreso no será violento, afortunadamente, sino lento y paulatino, como tantas otras veces.

El telegrama fatal

“El servicio telegráfico quedó suspendido por abandono de los aterrados operadores, no sin antes lanzar un angustioso SOS a la ciudad de México: “Acapulco ha desaparecido”.
“Al momento del terremoto, la señorita Elvira Sáyago contraía matrimonio civil con el teniente Canseco, de la dotación militar del Fuerte de San Diego. La ceremonia será interrumpida al venirse abajo la casa del evento, pero continuará enseguida bajo los amates cercanos a la fortaleza. Ahí mismo tendrá lugar el fandango amenizado por un violín y una vihuela.