EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

¡Acapulco tiembla!

Anituy Rebolledo Ayerdi

Noviembre 25, 2021

 

(Sexta y última parte)

 

Con la asesoría del ingeniero Hugo Arizmendi Herrera (IPN).

Tsunamis

La mayoría de los tsunamis son originados por terremotos de gran magnitud bajo la superficie acuática. Para que se origine un tsunami el fondo marino debe ser movido de manera abrupta en sentido vertical, de modo que una gran masa de agua oceánica sea impulsada fuera de su equilibrio normal.
Los tsunamis, según el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), se clasifican a partir de su origen y por su arribo a la costa (según la distancia o el tiempo de desplazamiento) en locales, regionales y lejanos.
Tsunamis locales: El lugar de arribo está muy cercano a la costa. Ejemplo: Un sismo generado en la Fosa Mesoamericana, frente a Michoacán, tardó 30 segundo en llegar a Lázaro Cárdenas y 23 minutos a Acapulco con olas de un metro de altura.
Tsunamis regionales. Cuando el litoral invadido está a no menos de mil kilómetros. Ejemplo: Un sismo en la costa de Colombia tardó 4 horas en llegar a Acapulco con olas de apenas 30 centímetros.
Tsunamis lejanos: Ejemplo: Un tsunami generado en Japón demoró 14 horas en llegar a Manzanillo, Colima.

Desplazamiento

Además de los sismos, otros fenómenos que pueden dar origen a los tsunamis son las erupciones volcánicas y la caída de meteoritos en el mar. Un tsunami puede desplazarse a cientos de millas por hora en el océano abierto, alcanzando tierra con olas de 100 metros de altura, o más, provocando inundaciones devastadoras. El ahogamiento es la causa de muerte más común asociada a un tsunami.

Ola de 520 metros

Una ola de 520 metros generada por un tsunami en la bahía de Lituya, al este del golfo de Alaska, ha sido la más grande de que se tenga memoria en el mundo. La produjo un sismo de magnitud 8.3 grados ocurrido el 9 de julio de 1958, con pocas víctimas por tratarse una área deshabitada. No obstante, la ola gigantesca llevó por los aires, a 30 metros de altura, a una lancha pesquera cuyos ocupantes lograron sobrevivir. Igualmente, un pescador y su hijo lograron con su embarcación esquivar la ola, pero no correrá con igual suerte un matrimonio a bordo de un pesquero, aplastados por la pared de agua.

Tsunamis en Acapulco

Acapulco ha padecido 16 tsunamis entre los años 1732 y 1964 con olas máximas de 9 metros y mínimas de 30 centímetros. Así lo detalla el Estudio estadístico de los Tsunamis observados en la costa mexicana del Pacífico, de Octavio A. Rascón y Augusto Villareal, publicado por la revista Ingeniería de la UNAM, (enero-marzo, 1974) .
Tres de ellos corresponden al siglo XVII, el mayor con olas de 9.5 metros de altura; cinco durante la centuria siguiente con olas de 3.5 metros el mayor y ocho durante el siglo XX con oleaje de 4.5 metros el menor y 9 metros el mayor.

Siglo XXI, tsunamis
catastróficos

24 de diciembre 2004: Un tsunami afecta varios países de la costa del océano Índico con saldo trágico de 230 mil muertos, de los cuales 170 mil fueron de Indonesia.
2 de abril 2007. Tsunami provocado por dos sismos de 8.1 y 7.5 grados deja como saldo 192 muertos y 5 mil desplazados en las islas Salomón.
29-30 de septiembre de 2009: Dos tsunamis consecutivos provocados por terremotos de 7.8 y 8.1 grados dejan como saldo 92 muertos en Samoa y Tonga.
27 de febrero de 2010: En la isla de Sumatra mueren 454 personas luego de un terremoto de 7.5 grados y un posterior tsunami con olas de hasta 6 metros.
11 de marzo de 2016. Un terremoto de 9 grados y posterior tsunami con olas de hasta 13 metros arrasa con el litoral japonés, ocasionando 20 mil muertos y el peor accidente nuclear desde Chernobil en la planta Fukushima.
13-14 de noviembre de 2016: Tsunami posterior a terremoto de 7.8 grados provoca dos muertos en la isla Sur de Nueva Zelanda, además de daños en edificios y carreteras.
28 de septiembre de 2018: Dos mil muertos es el saldo que deja el tsunami provocado por un terremoto de 7.5 grados en el norte de la isla de Célebes (Indonesia), afectando las ciudades de Palui y Donggala.

La Brecha de Guerrero

El terremoto M7.1 que sacudió al centro de México, particularmente a Acapulco el pasado 7 de septiembre, ha dejado a los sismólogos del país en alerta por su cercanía con la Brecha sísmica de Guerrero, franja tectónica ubicada en Acapulco, entre Papanoa y San Marcos, con mucho tiempo sin actividad sísmica.
Víctor Manuel Cruz Atienza, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, apunta que pese a que el M7.1 no fue de gran magnitud, en comparación con otros sismos en Guerrero, ocurrió exactamente en el punto más cercano a la Ciudad de México. Una de las razones por las que se sintió más fuerte en algunas zonas de la capital del país.

30 mil sismos al año

En México se producen cada año unos 30 mil sismos en promedio y Guerrero concentra alrededor del 25 por ciento de la actividad sísmica nacional. Por ello, para los expertos la Brecha de Guerrero es un lugar anómalo porque en 110 años no ha ocurrido ningún sismo significativo –mayor de 7 grados– con la consiguiente acumulación de energía. Ahora bien, si la Brecha llegara a romperse en su totalidad, advierte Cruz Atienza, ocasionaría un terremoto de magnitud 8.2, como los ocurridos en Valparaíso, Chile, en 1906; Arica, Chile, en 2014 y Chiapas en 2017.

Tuvo 2 mil 400 réplicas el M7.1

De acuerdo con información del Servicio Sismológico Nacional, el M7.1 se produjo a 11 kilómetros al sureste de Acapulco y a una profundidad de 10 kilómetros. Se trata de una falla de tipo inverso en la que el bloque de techo sube con respecto del bloque de piso. Característica esta de las zonas de convergencia entre placas tectónicas, como ocurre en el contacto entre las placas de Cocos y Norteamérica donde la primera subduce bajo la segunda.
Hasta el 24 de noviembre se habían producido 2 mil 400 réplicas del M7.1, la de mayor magnitud de 5.2 grados.

La brecha, investigada

La Becha de Guerrero es investigada desde hace 5 años por un equipo de científicos de la UNAM y de la Universidad de Kioto, Japón, para detectar cualquier indicio de movimiento. Hoy mismo tal equipo está aquí para recuperar datos del fondo oceánico y conocer la deformación de la corteza provocada por el M7.1 de Acapulco.

La brecha, intacta

Por su parte, la doctora Xyoli Pérez Campos, también investigadora del Instituto de Geofísica de la UNAM, precisa que el sismo ocurrido el pasado 7 de septiembre no le hizo nada a la Brecha de Guerrero. Que ésta se mantiene intacta y que continúa acumulando fuerza. Sobre el sismo dijo que 20 localidades cercanas sintieron el movimiento muy fuerte, 14 en forma moderada y el resto leve. Además, que la aceleración más grande que se captó fue en la estación Acapulco.
Sobre el calentamiento de aguas termales en la Costa Chica después del M7.1, la científica refirió que el golpe de las ondas sísmicas fue tan fuerte que logró desviar flujos de agua subterránea muy caliente. Sostuvo que de ninguna manera se trata del nacimiento de un volcán, como se ha empezado a decir, porque para ello se requieren composiciones sísmicas en los suelos, gases y muchas cosas más.
Por último, la ex jefa del Servicio Sismológico Nacional resaltó que en México se utiliza en la materia la misma tecnología que en países avanzados. Lamentó, sin embargo, la escasez de recursos humanos pues apenas si hay 70 sismólogos en el país, 14 instituciones en las que se hace investigación sismológica y menos de 100 estudiantes en la materia.

Terremoto pendiente

¿Cuándo se romperá la Brecha de Guerrero?, es la pregunta que se hacen todos los especialistas, asegura Carlos Valdez González, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM y comisionado del Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad de Costa Rica. “Estamos haciendo una cantidad de análisis para tratar de determinar el impacto que tiene este sismo (M7.1) y sus réplicas en transferir o en permitir que se libere la energía sísmica en la Brecha de Guerrero. Es una incógnita muy importante y por tanto habrá que hacer una serie de evaluaciones antes de una conclusión final. Y advierte: “sabemos que está pendiente un terremoto en la Brecha y si bien no podemos detenerlo sí podemos mitigar sus efectos si actuamos de manera correcta”.
Aunque Valdez González reconoce que es muy probable que el M7.1 detone una mayor actividad sísmica en el país, como ocurrió en 2017, no es posible prever de qué tamaño será esta alza. Precisa, finalmente, que pese a la coincidencia de fechas con terremotos de aquél año, no es posible establecer una relación para poder prever otros movimientos similares en la zona.

Predecir sismos, imposible

Finalmente, los especialistas coinciden en que todavía no es posible predecir un sismo ni evitar el peligro que supone, pero en la medida en que se cuente con información técnica suficiente se podrá mitigar el riesgo asociado a un futuro terremoto con epicentro en la Brecha de Guerrero.