EL-SUR

Lunes 29 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

¡Acapulco tiembla!

Anituy Rebolledo Ayerdi

Octubre 21, 2021

 

(Primera de seis partes)

Con la colaboración del ingeniero Hugo Arizmendi Herrera (IPN).

Diez años sin el periodista Miguel Ángel Granados Chapa. ¡Cuánta falta le ha hecho a México su pluma honesta y valiente!

El fuerte de San Diego

Por su localización en un zona de alta sismicidad del océano Pacífico, Acapulco ha sucumbido a través de los siglos a la fuerza brutal de la naturaleza. Una de ellas ocurrió durante un terremoto ocurrido la tarde del 21 de abril de 1776, mismo que destruyó el fuerte de San Diego y la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad, construida dos años atrás.
Detengámonos un momento en las definiciones dadas como homónimas aunque con distinto origen. En efecto, sismo viene del griego que quiere decir “agitación o sacudida de la tierra ocasionada por causas internas”, mientras que terremoto procede del latín: terra: tierra y motus: movimiento o agitación, movimiento de tierra, pues. Son sus intensidades las que finalmente los singularizan.
Sin embargo, una y otra definiciones tienen popularmente significados y percepciones diferentes. Mientras que el sismo o temblor es un movimiento de tierra al cual los acapulqueños estamos acostumbrados y que sólo provoca susto momentáneo, al terremoto se le adjudican invariablemente destrucción y muerte. Su sola mención provoca desazón y pánico desatados al máximo si se le vive como en Acapulco con el “7.1”.
Los terremotos son, a no dudarlo, el fenómeno natural más temido en todas las épocas de la humanidad. Lo son por su presencia repentina, sus efectos devastadores y por la imposibilidad hasta nuestros días de predecirlos.

Los animales

No obstante que existen sobradas experiencias sobre la supuesta capacidad de algunos animales para presentir un temblor de tierra, la ciencia no lo acepta y por tanto no otorga ningún valor a esa teoría ubicándola en el terreno de la superchería. Al respecto se ha dicho, por ejemplo, que las gallinas, las palomas y las cucarachas son capaces de captar la frecuencia sísmica minutos antes de llegar a la superficie. Lo mismo se dice de las ratas y los perros. Las primeras huyen aleteando con desesperación y los segundos aúllan desesperadamente ante el ruido subterráneo que antecede al movimiento. Sobre este particular hablan los testimonios de que antes del sismo devastador de Calabria, Italia, en 1783 (60 mil víctimas), el ganado vacuno se dispersó despavorido, los gansos graznaron agitando sus alas desesperadamente; los pájaros en cautiverio se lanzaron contra los barrotes de sus jaulas y las lechuzas ulularon la noche anterior.
Conducta animal similar habría ocurrido dos horas antes del terremoto en la ciudad de Concepción, Chile, en 1835. Miles de aves cruzaron el cielo lanzando graznidos desesperados, mientras los perros corrían con aullidos lastimeros. Misma percepción que se tendrá en la península siberiana de Kamchatka, cuando centenares de osos polares huyan de las cercanías del volcán antes de hacer erupción.
Como los anteriores sucesos, sin ninguna base científica, es considerado igualmente un catálogo de percepciones o signos precursores de un terremoto, enunciados por la voz popular en distintas épocas y regiones. Algunos:
1.- El cielo se aborrega, asciende la temperatura ambiente de manera alarmante o se genera una brisa inexplicable como la que anuncia tormenta.
2.- Sube el nivel del agua de los pozos, aparece un arco iris y pierden potencia los motores.
3.- Se producen deslaves en los montes y deformaciones en el suelo sin que haya tormenta de por medio.
4.- Surge desde las profundidades de la tierra una corriente de iones, o partículas negativas, que se hacen visibles por la noche.
5.- Los enfermos epilépticos, los médiums y quienes padecen fuertes crisis emocionales son capaces de percibir la inminencia de un terremoto.

Orígenes

El origen de los terremotos ha sido buscado por el hombre desde que sintió el primero. Los atribuirá a causas sobrenaturales y muy particularmente a los dioses enojados castigando sus faltas, creencia vigente aún en nuestros días. Más tarde, en el siglo V antes de la era cristiana, Demócrito sugiere que los terremotos se deben al agua de lluvia filtrándose en la tierra, mientras que Aristóteles los creerá producidos por gases escapando de las bolsas subterráneas. Por su parte, el científico inglés Robert Hooke les dará como origen siglos más tarde el desplazamiento del centro de gravedad de la Tierra .
El estudio serio de los terremotos se iniciará hasta muy avanzado el siglo XVIII, luego de que uno de ellos destruya en 1775 la ciudad de Lisboa, Portugal, causando la muerte a 50 mil personas. Quedarán entonces desechadas muchas teorías hijas de las creencias religiosas y la charlatanería, pero aún no se le dará en el clavo.
Será hasta fechas relativamente recientes cuando surja la teoría de las “placas tectónicas” para explicar los movimientos telúricos, lo mismo que la formación de las cadenas montañosas. Las placas forman la superficie de la tierra y es por ello que sus desplazamientos o choques entre ellas provocan los sismos, al igual que el deslizamiento de las mismas sobre el manto terrestre fluido. Hay cinco placas continentales y ocho secundarias. Entre estas está la placa de Cocos que afecta directamente a Acapulco, limitada al este por la placa del Pacífico, al oeste por la del Caribe y al sur por la de Nazca (Chile). Esta última se desliza bajo la placa Sudamericana creado un fenómeno llamado de subducción que es generador de tsunamis.
Aun con su extraordinario avance, la sismología no ha logrado hasta hoy ningún método, fórmula o aparato que pueda anticipar un terremoto en determinado lugar de la tierra. Sí ha conseguido, en cambio, medirlos y establecer la actividad sísmica en cada región del planeta. Esta se localiza sobre dos grandes cinturones: uno que va de polo a polo y otro que corre de oriente a poniente, paralelo al ecuador y al norte del mismo. La confluencia de ambos cinturones el del océano Pacífico –llamado en Guerrero “cinturón de fuego”–, es precisamente lo que explica la alta sismicidad de nuestra entidad.

El epicentro

Otra voz familiar cuando de sismos o terremotos se habla es la de epicentro. O sea, el primer lugar de la superficie terrestre afectado por la sacudida, situado directamente en la vertical del hipocentro, el punto del interior de la tierra donde se produce el terremoto. A propósito, va de cuento:
Un alcalde acapulqueño visita por primera vez la Ciudad de México. Un día después de su llegada recibe en su hotel un telegrama informándole que el pueblo ha sido sacudido por un fuerte temblor de tierra. El secretario del Ayuntamiento le detalla que el epicentro ha sido localizado en San Marcos y pide instrucciones.
La respuesta no se hará esperar también por la misma vía, lacónica, contundente:
–¿Y qué esperan, pendejos, para agarrar a ese cabrón epicentro?

La falla de San Andrés

La falla de San Andrés, famosa por haber destruido la ciudad de San Francisco, California, se asocia invariablemente, con o sin sustento, con los sismos que zangolotean a los acapulqueños. Se trata de una grieta que cuartea la tierra en una longitud aproximada de mil 287 kilómetros, a través de la California estadunidense y nuestra Baja California. Bajo el efecto del movimiento de las placas tectónicas, las rocas de la corteza terrestre son sometidas a severas tensiones acabando por romperse a lo largo de la falla y al hacerlo liberan cantidades brutales de energía. Así, al deslizarse unas contra otras las paredes de la falla producen severísimas vibraciones y es cuando sobreviene el terremoto.

Mercalli y Richter

Mercalli y Ritcher son dos nombres que también se manejan familiarmente en el lenguaje popular cada vez que ocurre un terremoto. Y cómo no, si pertenecen a los autores de las dos escalas de intensidades sísmicas, el italiano Giuseppe Mercalli y el estadunidense Charles F. Ritcher. La primera mide los efectos destructores de la sacudida en tanto que la segunda establece la energía liberada por el fenómeno en su epicentro.

Magnitudes y efectos

La intensidad y los efectos en la Tierra no sólo dependerán de la magnitud del sismo, sino también de la distancia del epicentro, la profundidad, el foco del epicentro y las condiciones geológicas pues algunos terrenos pueden amplificar las señales del sismo.
Magnitudes de 1 a 3. Por lo general no son perceptibles.
Magnitud 4. Ligero. Despierta a quienes duermen, produce el tintineo de cristales y el crujido de paredes. Significativo pero sin daños (se producen más de 6 mil al año).
Magnitud 5. Moderado. Caen objetos de poca estabilidad. Se mueven lámparas y ventiladores de techo. Puede causar daños mayores en edificaciones débiles o mal construidas (800 movimientos al año).
Magnitud 6. Fuerte. Provoca pánico y obliga la evacuación urgente de los inmuebles. Hay rotura de cristales y vajillas, caída de estanterías, libros y cuadros de las paredes, lo mismo que desplazamiento de muebles y el sonar de las campanas de los templos. Puede provocar destrucción en áreas pobladas hasta en unos 160 kilómetros a la redonda (120 al año).
Magnitud 7. Mayor. Dificulta la vertical en humanos y el movimiento es sentido incluso por los conductores de vehículos. Los daños en edificaciones sólidas es apenas perceptible, pero hay destrucción de casas de adobe e inmuebles mal edificados. Se forman ondas en las superficies de estanques y las aguas se enturbian; suenas las campanas con fuerza. Serios daños en amplias zonas. (Dieciocho movimientos similares al año).
Magnitudes 8 y 9. Epico o Cataclismo. Derrumba estructuras altas y rígidas y provoca grandes daños a edificaciones mal construidos. Perturba la conducción de vehículos. Cambia el caudal de manantiales y provoca desprendimientos en terrenos con relieve. Se producen grandes griegas en el suelo, se rompen las conducciones subterráneas (de uno a tres por año). El terremoto ocurrido en Valdivia, Chile, el 22 de mayo de 1960 alcanzó una magnitud de 9.5.
Magnitud 10. Legendario. Apocalíptico. Nunca registrado.

Terremotos en Guerrero
(Siglo XXI)

* M. 6.1, Guerrero, Acapulco-Coyuca, 2001
* M. 6.3, Guerrero, Atoyac de Alvarez,2007
* M. 6.5, Guerrero-Oaxaca, 2011
* M. 6.7, Guerrero (Tecpan de Galeana), 2014
* M. 7.1, Guerrero (Acapulco), 2021
* M. 7.2, Guerrero, 2014
* M. 7.4, Guerrero y Oaxaca, 2012

NOTA: A partir de 1978 los sismos con magnitud superior a 6.9 se miden con la escala sismológica “de momento”, por tratarse esta última de una escala que discrimina mejor en los valores extremos.