Anituy Rebolledo Ayerdi
Agosto 07, 2025
José Felipe Valle
Una vez que ha entregado la gubernatura del estado de Colima, el maestro José Felipe Valle viaja a este puerto para hacerse cargo de la Aduana Marítima de Acapulco. Se trata de un hombre íntegro y valiente con actitudes inconcebibles en la política mexicana. Como la protagonizada siendo diputado federal, ante Victoriano Huerta, cerrando su discurso con una sonora mentada de madre para el chacal golpista. Sus compañeros de bancada lo acompañarán a la cárcel.
Con tales antecedentes, apenas llega al puerto, Valle es invitado a sumarse a la “rebelión delahuertista” contra el presidente de la República, Alvaro Obregón. La encabeza desde Veracruz Adolfo de la Huerta, de ahí su nombre, misma que aquí lideran el profesor Silvestre H. Gómez (padre del doctor Virgilio Gómez Moharro) y el joven Carlos E. Adame, director del periódico El Liberal.
El quid del asunto era bien sencillo. De la Huerta, ex secretario de Hacienda del presidente Obregón, pretendía sucederlo pero este ya había decidido que quien lo sucedería sería el general Plutarco Elías Calles, su paisano. ¡Y hágale como quiera!
Una conjura que será aplastada con un baño de sangre en todo el país Y fue que el Manco de Celaya nunca se tentó el corazón para inmolar a sus mejores amigos y compañeros de armas (la crema y nata de los generales de la Revolución) Entre ellos: Salvador Alvarado, Manuel García Cavazos, Manuel M. Diéguez y Fortunato Maycote. (Este, por cierto, le había perdonado la vida en Chilpancingo, cuando Obregón huía de la furia carrancista disfrazado de maquinista de ferrocarril).
General Rodolfo Sánchez Tapia
El general Rodolfo Sánchez Tapia llega a Acapulco con órdenes presidenciales de no dejar títere con cabeza. Carlos Adame, uno de los dirigentes de la conjura, ha huido hacia la Costa Chica pero en San Marcos se entera de la aprehensión de sus compañeros y que ya marchan rumbo al cadalso.
En efecto, el paredón se levanta en el patio de la Aduana Marítima, en pleno Zócalo, dependencia federal habilitada como cuartel militar. Se facilitará así la congregación de familiares, amigos de los condenados y prácticamente de “todo Acapulco”, con angustiosas demandas de perdón para los jóvenes. La parroquia de La Soledad no cerrará sus puertas para contener a la multitud con plegarias en el mismo sentido.
¡Ya!
Un clarín de guerra se escucha provocando un intenso murmullo de la multitud arremolinada en la plancha del Zócalo.
–¡Ya los van a fusilar!, grita una voz anónima arreciando el clamoreo general e intensificando las manifestaciones femeninas de dolor.
Vengo a entregarme
En aquel momento se escuchará, repetida intensamente, la demanda de “abran paso”, “abran paso”, procedente del contingente estacionado en la desembocadura de la calle Carranza. Una valla se forma hasta la Aduana-cuartel. Camina en medio de ella un joven moreno, larguirucho, vistiendo ropas sucias y raídas. “¡Es Carlitos, Carlitos Adame”, lo identifica una dama provocando enorme alboroto. El aludido sigue su marcha hasta el interior del cuartel.
–¡Soy Carlos Adame y vengo a entregarme!
La guardia se lanza contra él para dominarlo y llevarlo ante el general Sánchez Tapia. Este reprende a los suyos por no presentarlo “mecateado”.
–Es que no lo capturamos nosotros, señor general, él vino solito a entregarse –le informan.
–Estoy aquí, señor general –se adelanta Adame– para rogar a usted, un valiente soldado de la Revolución, que perdone a mis compañeros. Que no los fusile porque todos ellos son inocentes y porque si hay alguien quien merezca ese castigo soy yo, señor general. ¡Fusíleme sólo a mi, señor general!
–¡No me vengas con pendejadas, chamaco caguengue!, porque ahorita mismo te vas a morir junto con tus socios. Levantarse contra el Supremo Gobierno no es un juego, muchachillo pendejo!
–Créame, señor general, mis amigos y yo no somos gente de armas y menos para oponerlas contra el gobierno de la Republica. Créame, señor, que yo los sonsaqué con engaños. Una aventura en cuya seriedad nunca creímos, verdad buena, señor. Le propongo, señor, que para salvar su situación me fusile a mí como el jefe de revuelta y al resto los meta a la cárcel…¡por amor de Dios, señor general!
El Patio
Afuera, en el patio, ya se ha formado el cuadro de fusilamiento. De espaldas a una pared deshecha por las balas, se han formado los conjurados, 18 en total. Identificados: Imeldo Cadena, Luis Mayani, José Trinidad Serrano, Silvestre H. Gómez, Isaías Acosta, Francisco Torres y Felipe Valle.
Adentro , el militar juega con Adame.
–Está bien, chamaco, porque ya admiro tu sinceridad y coraje y porque te has declarado único responsable de los hechos, he decidido dejar en libertad a todos tus amigos y fusilarte sólo a ti, por ser el único responsable del movimiento. ¿ O no es lo que me estás pidiendo?
–¡Eso mismo, señor!
Será entonces cuando Sánchez Tapia ordene al coronel Belarmino Santiago los cambios a la orden del día. Es decir, libertad para los 18 del paredón y prepararlo solo para Carlos Adame.
Ya ante el paredón, Carlos Adame musita una oración y se santigua repetidamente. De pronto, aparece en el escenario Sánchez Tapia a quien le reitera con grandes voces su agradecimiento, llamándolo el más valiente de los generales de la Revolución Mexicana. Este se le acerca y lo abraza para decirle: saludo en ti, chamaco, a un valiente. Anda y ve con tus compañeros y ya no hagan más pendejadas. Será un día acapulqueño para llorar.
Rafael Sánchez Tapia, soldado valiente y justo, sabía muy bien que los jóvenes revolucionarios lo eran de “boca y libelo” y que pocos de ellos habían tenido en sus manos tan siquiera una pistola de “santaperica”. Los asesinatos , robos y saqueos que habían provocado el caos en Acapulco y otras regiones de la entidad, estaban perfectamente acreditados a los militares Crispín Sámano y Juan Flores. Esto deberán pagarlo pronto y muy caro.
Candidato a la Presidencia
Cuando el general Sánchez Tapia aspire a la candidatura a la Presidencia de la República, durante la sucesión de su jefe el general Lázaro Cárdenas del Río, tendrá en Acapulco a sus más entusiastas simpatizantes. La nominación favorece al también general Manuel Ávila Camacho y entonces Rafael Sánchez optará por la candidatura independiente, luego de renunciar al Partido de la Revolución Mexicana. Aun así, el mayor número de votos los obtendrá en Acapulco.
El Colegio Acapulco
No obstante haber vivido una experiencia tan amarga, el profesor Felipe Valle se queda a vivir en Acapulco, decidido a servirle a través de la docencia. Le preocupa mucho, por ejemplo, que una generación de acapulqueños no tenga la oportunidad de cursar estudios más allá de los elementales y por ello funda con su esposa Rafaela Ibarra y su hija Fela el Colegio Acapulco. Sin ser necesariamente secundaria o preparatoria, por carecer de autorización oficial, se aplicarán cursos tales.
“Fue así como cursamos la ‘enseñanza superior’ y el grado de ‘pasantía’”, recuerda Concha Hudson Batani en su libro Del Acapulco de antes. Enumera las materias del curso equivalente a Secundaria: Lengua Nacional, Aritmética, Álgebra, Geome-tría, Ciencias Físicas y Natura-les, Historia, Instrucción Cívi-ca, Geografía, Caligrafía, Dibujo, Trabajos manuales, Gimnasia y Canto. En el año de “pasantía” o preparatoria se añadían: Gramática Castellana, Aritmética, Álgebra, Teneduría de libros, Retórica y Poética.
Las chicas más hermosas
Jorge Joseph y Alejandro Gómez Maganda, alumnos del Colegio Acapulco, recuerdan “a las chicas más hermosas del puerto”:
Las hermanas García Mier: Alicia, Etelvina y Orfelina; las Argudín: Ernestina y Tere; Stella Acosta, Crisantema Estrada, Conchita y Lila Hudson, Tive y María Campos, Esther Sthepens, Colacha y Marre Hudson, Celia, Josefina y Malicha Medina; Hortensia Caballero, Raquel Sánchez. Las Jiménez: Gloria, Aurora y Luz Amelia; Pelancha y Olga Tellechea, María Beltrán, Hilda Gómez Maganda, Conchita Campos, Elvira Galeana y Solfina Martínez,
También Angelita y Chevita López Victoria, Lilia Apac, Eli Montano, Adelina y Alicia Lobato; Luchy H. Luz, Carmen Tapia, las Muñúzuri: María Luisa y Bertha; Elo y Bertita Pangburn, Cornelia Aguirre, Noemí Caballero, Irena López, Amelia Bello, Perla Basterra, las Pintos Mazzini: Eugenia, Elena y Angelita; Manuela y Petra Rojas; las Escudero: Tere, Tita y Amparito; Sara Liquidano, las Olivar: Raquel, Leonor y Rebeca; las Vargas, Concha, Luz y Engracia; Rosa Flores, las Batani y María Luisa Morales. Esta última “la mejor basquetbolista de México”, una de las inmortales de ese deporte.
Cuadro de Honor
Volvamos con Concha Hudson quien nos presenta el Cuadro de Honor del Colegio Acapulco publicado en el periodiquito escolar Acción Social del 22 de noviembre de 1925.
Primer año
Angela Aguilera, Martha Pangburn, Eduardo Leyva, José Lozano, Antonio Córdova y Luis Martínez.
Segundo año
Wilfrido Valverde, Margarita Adame, Bertha Pangburn, Raúl Manzanares, Íñigo Soberanis, Pomposo Lacunza, Pedro Sarabia, Rosario Arjona, Teresa Argudín, María Huerta, Teresa Valencia, Pedro Berdeja, Nicolasa Sutter, Leonila Sthepens, Rebeca Olívar, Jovita Muñúzuri, Ignacio Tellechea y Carmen Soberanis.
Tercer año
Félix Muñúzuri, Orfelina García, Esperanza Tellechea, Rodolfo Galeana, Manuel Yavale, José Urioste, María Lozano, José Retteg, Leticia Córdova, Enrique López, Federico Medina, Plutarco Suástegui, Arturo Escudero y Consuelo Obé.
Cuarto año
María Sotelo, Ernestina Argudín, María Luisa Muñúzuri, Ernestina Aguilar, Petra Rojas, Crisantema Estrada, Aurora Leyva, Felicidad de los Santos, María Valverde, Josefina Medina, Celia Medina, Eloísa Pangburn, Flavia Mariscal, Luz Vargas, Solfina Martínez, Minerva Anderson y Manuela Rojas.
Luis Loranca, Raúl Muñúzuri, José Flores, Ignacio Lacunza, Manuel Sabah, Daniel del Moral, Calos Retteg, Federico Pintos, Juan Curd, Hipólito Muñoz, Luis González, Gilberto Bello, Gabriel Leyva, Enrique Pintos, Jesús Galeana, Félix Galeana, Ernesto Escudero, Jesús Apac, Rosendo Pintos, Herminio Diego, Moisés Adame, Domingo Leyva, Abacúc Cuevas, Benito Fernández, Jesús Guesso, Jesús Arenales, Antonio Pinzón, Juan Urbano, Jesús Manzanares, César Torreblanca, Vicente Sánchez Arenal y Antonio Pérez Alemán.
Pasantes
Concepción J. Hudson, Stela Acosta, Concepción Campos, Irene Leyva, Justa Escudero, Teresa Escudero, Natividad Campos, Matías Arjona, Francisco Torres, Alfredo Pintos, Alfredo Sthepens, José Batani, Jesús Jiménez, Isaac Bello, Adalberto Muñúzuri, Rafael Muñúzuri, Teófilo Moreno, Alejandro Hudson y José López Victoria, el cronista por excelencia de Acapulco.
Felipe Valle
Aquél 2 de julio de 1926, el maestro Felipe Valle pidió a su esposa relleno de cuche para la comida por ser para él un día especial. Y cómo no, si en esa fecha recuperaba sus derechos políticos perdidos por su participación en la revuelta delahuertista. Los reestrenaría votando en las elecciones locales de ese domingo
Escoge para la fiesta cívica un traje azul , acompañado con una corbata roja. “Sí, roja, para escandalizar a los miserables reaccionarios de Acapulco”, se dice mientras intenta anudarla. No termina de hacerlo cuando, frente al espejo, cae como tocado por un rayo. Infarto fulminante.
Acapulco lo llorará, lo honrará y lo recordará dando su nombre a una calle del centro de la ciudad.