EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Acapulqueña linda / 10

Anituy Rebolledo Ayerdi

Marzo 14, 2019

Votar y botar

El Frente Único Pro Derechos de la Mujer, una de las muchas organizaciones de lucha encabezadas por doña María de la O Barriga, conmemora con un desfile su primer aniversario (25 de septiembre de 1939). Las damas uniformadas de blanco exigen con gritos y pancartas compartir con los varones el hasta entonces negado derecho al sufragio universal.
“¿Por qué en la cama sí y en las urnas no?”, pregunta una manta sicalíptica desplegada en la ruidosa parada. Otra de la misma naturaleza condiciona: “¡O votamos o ya no dejaremos que nos boten!” ¡Escándalo!
Las organizaciones femeniles pertenecientes al partido oficial y las Damas de la Vela Perpetua censuran escandalizadas las procaces alusiones del desfile. El dirigente partidista llama a las protestantes “comunistas de mente estrecha y conducta erosionante”.
–¡Estrecho y erosionado tienen el cicirisco, cabrones!, será la respuesta oportuna y contundente de la dirigente Chave Dimayuga.

La primera alcaldesa

Dos años atrás, no obstante, Chilpancingo había sido gobernado por una mujer. La primera alcaldesa no únicamente de Guerrero sino en todo el país e incluso de América Latina. No por la vía del voto, por supuesto, sino por decisión del Congreso del Estado para suplir la ausencia de un alcalde en huida. Ella fue doña Aurora Meza Andraca, presidenta del Consejo Municipal de Chilpancingo (1936-1937), fecha esta última en la que entrega el poder al alcalde electo, Rafael Alarcón.
Aurorita, como la conoció todo Guerrero, cobró sueldo como alcaldesa, recordándosele por su pasión y empeño en ofrecer la mejor cara de la ciudad. Empedró calles, manteniéndolas siempre aseadas, lo mismo que limpia el agua de las fuentes públicas, abrevaderos entonces de los juaneados. A las mujeres les acondicionó los lavaderos de San Mateo y en general fue precursora de las instituciones al servicio de la niñez.
La dama vivió sus últimos años con su hermano, el ingeniero Manuel Meza Andraca, amigo y colaborador del general Lázaro Cárdenas del Río, en Zapata 21, un domicilio emblemático de la ciudad. Trampeado, finalmente.

Población

Es Acapulco, es 1930 una ciudad de segundo orden cuya población es apenas un poco mayor que la de Tixtla. De Iguala, ni se diga, duplicaba con 12 mil habitantes a los 6 mil 500 acapulqueños.
Diez años bastarán para que las cosas cambien radicalmente. Acapulco llega en los 40 a los 29 mil habitantes, convirtiéndose así en la ciudad más importante de Guerrero. De ahí pa’l real ya nadie la parará, estrellándose en los cantiles de La Quebrada todas las previsiones y proyecciones de sabios y futurólogos.

Los 15 años de la Secundaria 22

La Escuela Secundaria Federal número 22 (hoy Uno) no pudo festejar sus 15 primaveras por carecer de casa propia, la suya había sido destruida por los temblores de 1954. Arrimada vivirá con el estigma de todos los arrimados de apestar a los tres días. La primera posada se la dará la Escuela Primaria José María Morelos del mercado y sólo durante un año porque los posaderos la acusan de ser un “elemento perturbador para los párvulos”. Otra vez en la calle, la demonizada Federal 22 será acogida por la también primaria Ávila Camacho y cuando al año siguiente ya no vuelva a ella querrá decir que tiene casa propia.
La Secundaria Uno había llegado tarde al puerto (1939) ¿y qué cosas no? Vienen con ella un reducido grupo de maestras que han logrado colarse, quien sabe cómo, por algún resquicio del Muro de la Misoginia Nacional (más ancho y alto del que quiere Trump para México) Su lema: “Las mujeres a la cocina y a la cama”.
Allí estarán profesoras cuya firme vocación les permitirá afrontar las dificultades derivadas de un cambio radical en sus vidas. Pasar de ciudades amables, cualquiera que estas hayan sido, a un puerto ardiente y todavía con dificultades para asimilar a los recién llegados. Se asimilarán rápidamente como acapulqueñas: Socorrito P. de Vega, Gloria Carro Mancilla, María de los Ángeles Serratos, Sofía Ramón Guige, Guadalupe González, Eva Martínez de León, Margarita Herrera y en los servicios administrativos Lambertina Manzanarez y Margarita Muñúzuri.
Tres lindas valientes acapulqueñas, Lidia y Evelia Villalobos y Tere Vela, madrugaron aquél 19 de marzo de 1939 para obtener sus matrículas en la Secundaria 22. Valientes porque desafiaban el status moral reinante para el cual las niñas decentes deberían acudir, ne-ce-sa-ria-men-te, a escuelas confesionales. O tempora o mores.
El número de maestras aumentará con los años: La maestra Alducin, Gloria Tapia Virgos, Luz Elena Jacques Jacques, María Luisa Medina de Andraca, Leonor Farfán Pérez, Cristina Zurita, Oliva Garcés, María de la Luz Selbach, Lourdes de Chessal, Francisca de Rosado, Divina Ávila, Elba Orbe Berdeja, Consuelo Hernández Cortés y Eva Martínez de León.

Mujeres al sol

–Mi nombre es Yolanda Montes pero cuando debuté en México (a los 15 años, con acta de nacimiento falsificada, por supuesto), la dueña del Teatro Iris me pidió un nombre exótico. Entonces inventé los nombres Tongo y Lele que vienen de las islas Tongo de la Polinesia. Mi padre era sueco-español, mi madre francesa tahitiana y mi abuela tahitiana. Yo nací en Spokane, Washington.
Ya en 1977, fecha de esta entrevista de Elena Poniatowska, las mujeres le calculaban a Tongolele 60 años, ¡mínimo! Es un milagro que usted esté tan maravillosamente bien, le decían.
–Y de veras, señora, ¿cómo?
–Bailando; también hago dieta en el sentido de que no como de todo lo que me gusta. Hoy, por ejemplo, puedo comer poquito postre; mañana frijoles, también poquitos; no como todos los días cosas que engorden. Tomo mucho yogur, fruta y agua; alcohol jamás, me acuesto temprano y me asoleo en la azotea de mi casa.
Toda mi vida me he asoleado: diez minutos de frente y diez minutos de espalda. Para no tostarme ni resecarme me pongo crema humectante en el cuerpo y la cara.
Hay en Acapulco mujeres que se asolean durante varias horas e incluso se duermen bajo los rayos del sol y esto sí que es nefasto para el cutis.

Luna de miel en Acapulco

Alfredo Suárez Vargas, un gordo cincuentón criador de cerdos de Pajacuarán, Michoacán, y Guadalupe del Río, casi adolescente de cuerpo llenito pero bien esculpido, llegan al puerto para disfrutar de su luna de miel. Vienen directo al Hotel Las Américas donde les han recomendado el bungalow María Bonita, así bautizado porque en él disfrutaron de su luna de miel María Félix y Agustín Lara. Una estancia rodeada de plantas en floración y muy aislada para una intimidad propicia para el amor. La empresa lo anunciaba como “garantía para una unión eterna”. Y mentía, por supuesto, la publicidad del hotel era engañosa como suele serlo la de muchas otras cosas.
Abierto en 1944, el Hotel Las Américas, localizado casi en la punta de la península de Las Playas, gozaba de merecida fama por la calidad de sus servicios y la esmerada atención de su personal. Lo integraban lindas acapulqueñas: Estela Maganda, Flora Alarcón, Emma Trujillo, María Luisa Sandoval, Carmen Villalba Muñoz, Flora Martel, Adelina Cisneros, Perfecta Abarca, Julia Valente, Margarita Peláez, María Hernández, Dora Cuevas, Josefina de la Barrera, Felicitas Leyva, María Eugenia Munguía, Olimpia Díaz Vargas, Hilda Moctezuma Hernández y Enedina Soto Gómez.

¿Y los recién casados?

El novio regresa una semana más tarde a Pajacuarán preguntando por Guadalupe.
–Si no se vino para acá es que se perdió o algo le pasó, vaticina Suárez Vargas, quien frente a las enérgicas exigencias de la familia elabora varias coartadas. Una de ellas
–Si, por vidita de Dios, al cuarto día que llegamos me despertó muy de mañana para decirme: Fello, orita vengo, voy a la farmacia a comprar cosas de mujer. Y ya no regresó. Por más que la busqué por todo Acapulco, no di con ella. Yo tengo el pálpito de que la asaltaron pues ella cargaba los 3 mil pesos del viaje.
Recelando del relato del marido, un primo de Guadalupe pide ayuda de un amigo periodista de la capital. Se trata del popular Eduardo Güero Téllez Vargas, reportero del diario e El Universal, quien es especialista en la nota roja y tiene por ello buenas relaciones con la policía. Además de interesarse por el caso, el Güero jamás desairaría prometedores atracones de ostiones y camarones acapulqueños.

Lengua floja

La comitiva llega al puerto integrada por el Güero Téllez, el primo de la novia, un agente de la “policía secreta”, amigo del periodista, y el propio marido manejando el auto y costeando el viaje, pero por supuesto. Antes de emprender la búsqueda de Guadalupe, los sabuesos buscan una cantina para saciar la sed apremiante y en la que se sirvan botanas. Se instalan en el Perico Marinero y empiezan a chelear y a degustar las exquisiteces del mar.
El Carnitas, como ya lo apodan sus compañeros de viaje, es el primero en levantarse al baño. Momento aprovechado por Téllez Vargas para dar a conocer su plan: Todos ellos se moderarán en las libaciones pero al marido le cargarán la mano, a ver si así se le suelta la lengua. Como fue. A eso de las 11 de la noche Suárez dirá hasta lo que no.
–Esto es sólo para los amigos, advierte desde otra dimensión. Me casé con Lupita creyendo que era como son las monjas de mi tierra, pero no. La primera noche me exigió en la cama cosas que yo, a mi edad, “ni por aquí”. Era una cirquera la cabrona. Dos días me bastaron para conocerla tal cual, una putita hecha y derecha. Faltándome al respeto coqueteaba descaradamente con meseros y maleteros. Un cabrón de esos se atrevió a pedirme permiso de llevar a “mi hijita” a la Roqueta. No lo madrié por que no era su culpa Y en Caleta, señores, en Caleta. Les cuento:
Al rato de llegar a Caleta me quedé mudo cuando se quita el vestido y aparece tapada con un traje de baño asinita, señor, enseñando todo. Me encabroné y la llamé desvergonzada, recordándole que las mujeres del pueblo se bañan en el río con pantaleta y fondo. Se burló de mí. Para hacerme más rabiar, en ese momento que saca una polvera de plata, regalo de un novio ¡con el que había bailado en nuestra boda!
Esto era lo último que le iba a aguantar, me dije, y entonces decidí regresar solo al pueblo. Conduje hasta la salida de Acapulco, Las Cruces, le dicen, y ahí la bajé con el engaño de comprar dulces de coco. La conduje al monte y entonces allí, hincadita la cabrona cuperquina, le metí dos plomazos en la nuca.
Las autoridades judiciales de Acapulco no le darán al Güero ni el crédito ni las gracias por haberles resuelto el crimen. Aún más, se quedan con el auto del homicida teniendo la comitiva que regresar en La Flecha. A los dos años del uxoricidio, Suárez obtendrá su libertad absoluta. El lo adjudica a sus buenas fortunas, la que ya traía al nacer y la levantada en toda su vida. Los presos de la cárcel del puerto lo extrañarán porque cada semana, por lo menos, les mandaban carnitas de Michoacán.