EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Acapulqueña linda / 11

Anituy Rebolledo Ayerdi

Abril 04, 2019

 

Las heroínas de La Sabana

Los acapulqueños suben los cerros del anfiteatro para ponerse a salvo del bombardeo sobre la ciudad, intenso, demoledor. Proviene de las corbetas francesas la Bayonnaise y la Galahtée que, junto con los vapores Pallas y Diamant se adentran a la bahía de Acapulco. Es el 8 de enero de 1863 durante la segunda intervención francesa en México.
No obstante defensa tan encarnizada, para las 10 de la mañana ya habrán sido silenciadas las baterías de los fuertes Guerrero, Iturbide y Galeana, en torno a la bahía. Seguirá respondiendo únicamente el Alvarez (La Mira) cuyos disparos logran dañar seriamente al Pallas. Mientras tanto, en Texca, el general Juan Álvarez ha acorralado a un batallón de soldado argelinos, bautizados la queue di diable (la cola del diablo), por feroces en la batalla.
Para auxiliar a tal contingente, al mando del capitán Dupin, llega al puerto el coronel Marcel Dubois, un soldado obsesionado con la personalidad del general Álvarez. Está convencido de que, eliminándolo, se acabará toda la resistencia sureña. Por ello, cuando en el camino le informan que Álvarez se encuentra en La Sabana, se olvida de salvar a Dupín y va tras el vieux salaud (viejo cabrón) como le llama.
Álvarez no está en La Sabana, Dubois ha sido engañado. El pueblo es habitado en aquél momento únicamente por cuatro hombres heridos, un grupo de ancianos, mujeres, niños y 17 mujercitas entre los 12 y 18 años. Encerradas estas últimas en una troje, si bien provistas de machetes, cuchillos y hasta de chavetas de zapatero.
Dubois asume que Álvarez ha huido o bien que le tiene tendida una celada. Ordena por ello una búsqueda de casa por casa con el resultado descrito. Perturbado por lo que considera una humillación para su jerarquía de militar napoleónico, ofrece a la tropa el trofeo de las jóvenes sabaneñas. Un alarido lujurioso brota de aquellas bestias enloquecidas antes de lanzarse en pos del grupo femenino, ya exhibido en la plaza pública.
Sucederá, sin embargo, que antes que aquellos salvajes lleguen a ellas, Amparito Otero, una güerita de cara redonda y ojos zarcos con apenas 14 años, se planta frente a sus compañeras. Se lleva un cuchillo a la garganta con este ruego: –“¡Acompáñame, virgen santísima de la Soledad…!”. para en seguida rebanarse la yugular de un solo tajo.
Tras ella Toñita Mejía hará lo mismo y luego Lupita Terrazas, hermosa morena de 15 años, siguiéndoles Emilia, María Luisa, Esperanza, Guadalupe, María, Andrea, Epifanía, Josefina, Manuela, Aurora y Evarista. Una a una, las 17 vírgenes se fueron arrancando la vida antes de ser mancilladas por aquellas bestias.
Aturdido, incluso conmovido por aquél sacrificio jamás imaginado por él ni ninguno de sus hombres, Dubois forma a su tropa para rendir honores militares al valor espartano de aquellas lindas acapulqueñas.
La leyenda de las heroicas vírgenes de La Sabana fue popularizada por el periodista acapulqueño Jorge Joseph Piedra, contándola en los mítines de su campaña para presidente municipal (1960). La recoge su hija Luz de Guadalupe en su libro En el Viejo Acapulco.

Doña Bocha Castrejón

Aquél 9 de octubre de 1920 arriba al puerto el acorazado MHS Renow, buque insignia de la Royal Navy, al mando del príncipe y capitán de Navío Eduardo de Gales. Cubre un viaje de buena voluntad alrededor del mundo. No hay recepción oficial por no haber relaciones diplomáticas entre México y la Gran Bretaña, necesitando por ello un permiso especial para desembarcar.
Ya en la plaza principal de Acapulco, el hijo del rey Jorge V y la reina María es atraído por los olores provenientes del mercado de la ciudad (a la altura del actual edificio Pintos). Son despedidos por las cazuelas humeantes de la fonda de Doña Bocha Castrejón. Llega hasta ellas y pregunta. Su intérprete le hace llegar la información de que se trata de la más famosa cocinera de Acapulco, tanto por su rico sazón como por sus maneras gentiles
–¡Pásele, mi rey!, invita profética doña Bocha sin saber, por supuesto, que aquella testa será coronada 16 años más tarde. Es el tratamiento usado por la acapulqueña incluso para el más humilde de sus comensales.
Montado en un banco de la fonda, como cualquier hijo de vecino, el bisnieto de la reina Victoria de Inglaterra pide de comer y señala una cazuela determinada.
–Son albóndigas, mi rey, informa doña Bocha. Es un guiso mexicano a base de carnes de res y cerdo preparadas con almendras, yerbabuena, cebolla picada, pasitas, huevos duros y una pizca de comino. El caldillo es de jitomates con cebolla, ajo, canela, laurel, comino y poquita manteca.
Edward Albert Chistian George Andrew Patrick David –nombre completo del príncipe– imita a un comensal vecino. Usa los dedos índice y pulgar para extraer una bola de carne para hacerla taco apuñándola sobre una enorme tortilla de mano. También, como aquél, se zampará el caldillo directamente del plato.
Los ayudantes del noble se miran azorados por tan grave trasgresión, no solo a las normas elementales de urbanidad sino a la etiqueta rigurosísima de la corte de St. James.
Doña Bocha Castrejón se seca las manos con su delantal para recibir el saludo y felicitación del futuro duque de Windsor, agradecido ora sí que por tan regio banquete. Ella, preocupada, le recomendará tomar sal de uvas porque las albóndigas, por condimentadas, son muy pesadas.
–¡Andele, mi rey, que le vaya bien! –lo despide finalmente.
Destronado no por haberse casado con una plebeya sino por sus simpatías hacia Hitler, el futuro rey pide aquí visitar Pie de la Cuesta para verificar, como le han contado, que sus olas son tan elevadas como castillos. En realidad fue a cazar venados y conejos.

Club de Esquíes

El Club de Esquíes nace aquí como una concesión de la empresa encabezada por el estadunidense William D. Brophy, dedicado a la fotografía con el equipo más moderno existente de México. Las postales de Acapulco lo acreditarán.
Brazo derecho del doctor Brophy, Carlos Ochoa Tinoco concibió el espectáculo denominado Holyday on Skies, presentado por primera vez el 29 de diciembre de 1957. Fue la Pirámide uno de los números que más impresionaron al turismo extranjero presentado por un esquiador y cuatro damas. Carlos Mendoza al centro, sobre sus hombros Vilma y Conchita Villalvazo y a sus lados Vicky Soldevilla y Tere Barney. No será menos exitosa la presentación por primera vez del Papalote humano, a cargo del propio Mendoza.
En ese mismo año, las instalaciones del Club tomarán forma de una singular alberca de mar, obra del ingeniero Mariano Palacios, constructor siete años atrás del edificio Oviedo. Alberca escenario de competencias locales y nacionales.
La presencia de los Hermanos Ochoa Jiménez, tres chiquillos con pleno dominio del deporte e incluso ejecutando suertes temerarias, darán al Holilday novedad y atractivo. Fueron ellos Jaime de 7 años, Jorge de 8 y Carlos de 10. Para entonces este último era todo un veterano pues se había iniciado a los 6. Uno de sus números más aplaudidos lo presentará esquinado parado de cabeza sobre un disco de madera.

Esculturales

Otras acapulqueñas lindas integrarán el ballet acuático Holiday on Ski: Anita Martínez, Ana Lila y Margarita Fox, Melánea Valverde, Janet Goetz, Blanquita Andión, Margarita Arrieta, Tere Varcárcel, Alicia Ramírez, Teté Castillejos, Marina Polin, Lourdes Flores y Orfelina Aguirre.
Cubrieron etapas sucesivas las hermanas Alicia y Cristina Jiménez Ramírez, Hilda Mayoral, Noelia Pérez Vargas, Sabina Vallarta (dobles en slalom), Leticia Mayoral (esquiaba con zancos), Bárbara René Collins (especial del cisne en una tabla con quilla) y Alicia Vallarta (deslizándose sin esquís sobre superficie del agua).
La suerte denominada Diana cazadora estuvo a cargo de Cristina, Noelia y Norma, mientras que Ailí Cristian fue la única dama saltando la rampa. Ruth Zárate, Catalina Ramírez, Norma Donjuan Velarde, María de Lourdes Moreno Castro, Lucy de Bello, Venus Pérez Vargas, Rosa María Jiménez y Rosa María Pinzón formaron un ágil y hermoso ballet acuático de bellezas esculturales.

Doña María de la O

Doña María de la O, fundadora y dirigente de la Unión Fraternal de Mujeres Trabajadoras de Acapulco, adherida al Frente Único de Lucha de Acapulco, apoya decididamente la candidatura del general Gabriel R. Guevara al gobierno de Guerrero. Y era que los guerrerenses veían en él al hombre capaz de sacarlos de la pobreza ancestral, a los campesinos y a las mujeres, particularmente.
Postulado por el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), Guevara obtiene un triunfo aplastante y toma posesión como gobernador en un tumultuario acto de masas. No obstante, al poco tiempo se escuchará un “¡esto ya valió madres!”, refiriéndose al desempeño del mandatario. Y era que el gobierno guevarista había mostrado muy pronto el rostro siniestro de una satrapía. La violencia y la corrupción imperaba en la entidad, acompañadas por una feroz represión oficial contra el campesinado.
¡Vamos!, ni la insobornable dirigente femenil acapulqueña escapará a la hostilidad del militar chilpancingueño. Ello, se ha decir, tenía su origen en un suceso tan atrevido como insólito. La ocasión en que doña María de la O se presenta ante el mandatario para cumplir una orden dictada por él mismo. Se la había dado Guevara a su triunfo en Acapulco y era aplicable sólo en caso de que el gobierno no empezara haciendo justicia a las mujeres y a los campesinos. La dirigente viaja a Chilpancingo acompañada sólo por doña Ramona Monche Valdolivar, su brazo derecho

Cumplo sus órdenes

Frente a un hipócrita y zalamero Guevara, doña María rechaza la mano que le ofrece sonriente. No obstante se le acerca lo más posible hasta tenerlo a pocos centímetros. Será entonces cuando la dama carraspee con fuerza para luego lanzar un espeso escupitajo sobre el rostro del mandatario. El general de mil batallas se queda paralizado, patidifuso, como dijeron algunos testigos presenciales, mientras la mujer le acicateaba la memoria:
–Acuérdese, señor gobernador, que fue usted quien me ordenó en Acapulco que le escupiera la cara si su gobierno no nos hacía justicia pronta y expedita. La dama se da la media vuelta y abandona el Palacio de Gobierno con gallardo y sonoro taconeo.
A partir de ese día, Guevara acrecentó su odio contra la valiente luchadora nacida en Nuxco, Guerrero. Acoso del que ella se librará el 5 de noviembre de 1935, cuando el gobernante sea destituido del cargo.
El general Gabriel Guevara fue uno de los ocho gobernadores impuestos por el presidente Elías Calles, echados del poder apenas asuma la presidencia el general Lázaro Cárdenas. Nunca nadie, por cierto, comentó en público la reacción del mandatario estatal ante el escupitajo de doña María de la O. La única revelación sobre el percance fue el comentario cantinero de uno de sus más fieros pistoleros:
–“Fue cosa de Dios el que yo no haya estado ahí ese día… yo le hubiera vaciado la pistola a esa pinche vieja naguda (que usa enaguas).