EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Acapulqueña linda /12

Anituy Rebolledo Ayerdi

Abril 11, 2019

 

El escándalo suscitado en este puerto por causa de una obra teatral tendrá aquí repercusiones nacionales. Demoledoras líneas de prensa exhibirán la hipócrita pudibundez de algunos medios encubiertos en una falsa moral. Se vivían los albores de década de los años 60 , inimaginable su cierre con la sangrienta traición a la juventud mexicana. El municipio era gobernado por el litigante Canuto Nogueda Radilla, abrigando él mismo la esperanza “de ser el último alcalde analfabeta de Acapulco”. Fallida, ciertamente.
Las cosas ocurrieron así: El comité municipal del Instituto Nacional de Protección a la Infancia (IMPI, hoy DIF) acepta la oferta del Instituto Regional de Bellas Artes de Acapulco para poner un espectáculo teatral en beneficio de los desayunos escolares. El IRBA era dirigido aquí por el pintor Luis Arenal Bastar y su esposa Macrina Rabadán Santana, la guerrerense primera legisladora de oposición en el Congreso mexicano.
(Veinte años atrás, Arenal había participado con su hermano Leopoldo y el cuñado de ambos, David Alfaro Siqueiros, en un primer atentado criminal contra León Trostky, ordenado por el propio Stalin. El creador del Ejército Rojo y su familia resultarán indemnes de una lluvia de balas y nadie osará hablar de un milagro por tratarse de personajes ateos. Un milagro transitorio, si se quiere, pues a la vuelta de unos meses Lev Davidovich morirá a manos del comunista español Ramón Mercader quien, “cumpliendo órdenes de “mamita”, le entierra un piolet en la cabeza.
De vacaciones románticas en Acapulco, con la secretaria estadunidense que le abrió el bunker de Trotsky, Mercader había adquirido en el mercado central del puerto un machete ofrecido como “legítimo ayutleco”. “Fue nada más el machete que compré en Acapulco, allá no usan el piolet”, desmiente el acusado a su novia. ¿Trotsky, macheteado?, una muerte poco romántica, ciertamente.

La prostituta respetuosa

Como “a caballo dado no se le ve el diente”, el DIF municipal no tendrá reparos sobre el título, contenido y propaganda de la obra. Se trataba esta de La prostituta respetuosa, del francés Jean Paul Sartre, filósofo, periodista, escritor, dramaturgo y activista político. Sartre era en aquél momento exponente del existencialismo y del comunismo humanista. Mas tarde, en 1964, se dará el lujo de rechazar el premio Nobel de Literatura.
Eso bastará para que una jauría mojigata pero feroz se lance a la yugular de Nogueda Radilla, exhibiéndolo como un depravado al relacionar un tema de “inmoralidad intrínseca” con la inocente niñez acapulqueña. Francamente indignados, los modernos inquisidores demandan la suspensión de la obra y ni se diga la destitución del alcalde. Este, por su parte, conocido aquí como “El rey de la guaca” (mentira, engaño, burla) hará un comentario en privado que los denunciantes conocerán:
–“Les juro que la obra no es la biografía de la mamá de ninguno de los indignados moralistas; así que ni piensen que podrán cobrar regalías”.
La gazmoñería utilizada como argumento disuasivo tendrá en este caso, como en todos los anteriores y posteriores, el efecto sorprendente de un bumerang. La representación de la sarteana Putain respectueuse llenará el cine Playa Hornos, constituyendo un clamoroso éxito artístico y de público. Los hipócritas se quedarán con las morbosas ganas de verla.

Rosa Mondragón

Será un triunfo clamoroso para la primera actriz Rosa Mondragón quien, a partir de entonces, echará raíces acapulqueñas. Había llegado aquí precedida de buena fama por sus trabajos escénicos en la ciudad de México. Uno memorable había sido Jezabel, de Anouilh, acompañada por Bertha Moss, Ada Carrasco y Aurora Alvarado.
La señora Mondragón se incorporará a la Casa de la Asegurada del IMSS, cuya área teatral dirigía Víctor Blum. Entre sus alumnas figuraron Thalía de la Llave, Celia Miranda, Mede Miranda, Virginia Abarca, Dolores León, Carlota Mastache y Nicanora Verónica Hernández (cantante de la Costa Chica cuyo nombre artístico es “Verónica con K”).
Bajo la misma dirección otras damas harán teatro en los años de 1950: Hilda Saavedra, Rosalía Nava, Edelmira de la O, Socorro Ramos y Aída Otero. Una actividad solo posible, fuera de las instituciones oficiales, gracias a los mecenazgos particulares y entre ellos los de las señoras Lilia Carrillo, Rosita Salas, Celia España de Castañón, Lucina Vázquez de Saavedra y Consuelo Román de Salgado.

El Teatro de las Máscaras

Por aquellos años de borrascas moralinas se planta aquí el Teatro de las Máscaras como un proyecto cultural amplio y diverso Una institución que estimulará durante las dos décadas siguientes el interés de los porteños por las bellas artes, particularmente las escénicas. Su creador y director Roberto Ceballos Delgado , un poblano que por recomendación médica tuvo que asentarse en el puerto y que aquí formará una familia acapulqueña.
El Teatro de las Máscaras había nacido cinco años atrás en la ciudad de México, fundado por los actores Erick del Castillo, Jacqueline Andere, Arcelia Chavarría y el propio Ceballos. Habrá después filiales en Puebla, Tecamachalco. Aquí muchas acapulqueñas darán rienda suelta a temperamentos reprimidos: Hilda Saavedra, Edelmira de la O, Silvia Escalona, Lola León, Sandra Bustamante, Yolanda Rendón, Aída y Edith Espinobarros, Vicky Abarca, Alicia Martínez, Maritrini Ponce Rosas, Vicky de Victoria, Enedina Cabrera, María Elena Baca, Elodia Rodríguez, Alicia y Viridiana Cruz Gatica, Alicia Ballesteros, Carlota Mastache, Martha Ballesteros, Rosa Elena Estrada, Roselena Cruzabeiro, Celia Castañón, Vicky Berdeja, Carmen Salas, Mary Barrientos, Irma Nava, Blanca Moreno, Isabel Fuentes y Ana María Castellanos.

Teatro Domingo Soler

El alcalde Ricardo Morlet Sutter consigue en 1965 de la fundación Mary Street Jenkins la donación de una escuela de enseñanzas artísticas. Se le ubica, con sala teatral anexa, en el sitio que había ocupado el Hotel de La Quebrada, precisamente en la unión de las calles Quebrada y Lerdo de Tejada. La institución tendrá problemas para su desarrollo tanto por falta de alumnos como de maestros especializados, obligando su conversión a escuela primaria, a cargo del maestro Juan Gilberto León Berdeja. Entonces se aislará el teatro con un muro de piedra
El nombre de “Domingo Soler” para la sala será sugerido en razón de que el actor era guerrerense de nacimiento, en Chilpancingo, en plena función teatral, además de que entonces radicaba en Acapulco. Miembro de una distinguida familia artística, el propio actor cortará el listón inaugural del recinto, un foro teatral que hasta hoy ha cobijado las inquietudes escénicas de varias generaciones de acapulqueños.
(La fundación Mary Street Jenkins, respondía al nombre de la esposa ya fallecida del empresario estadunidense William Jenkins. El mismo se llamaba pionero de Acapulco por la indiscutible temeridad al construir aquí, a pedido de sus hijas, una residencia sobre acantilados. Lo proclamaba quien al llegar a México ganaba 50 centavos diarios como mecánico de ferrocarriles , logrando más tarde controlar varias industrias nacionales: azucarera, textil, alcoholera y cinematográfica).

Una tragedia aérea

En Acapulco diluviaba aquél 9 de septiembre de 1939. El temporal azotaba al puerto desde varios días atrás. La bahía permanecía cerrada por una gruesa cortina de agua y opacos telones de bruma. El rugido de una avioneta sorprende “petateando” al encargado del “campo aéreo” impidiendo el aterrizaje. Y no es que Antonio Pérez Martínez, soldado de primera del 32 Batallón de Infantería, tenga la misión de encender los potentes reflectores para iluminar la pista. Su tarea es aparentemente sencilla y consiste en ahuyentar a gritos y sombrerazos a vacas , caballos , burros, cerdos que pastan en aquella superficie.
El “campo aéreo de Acapulco”, abierto por soldados del 11 Batallón de Zapadores, al mando del general Jesús Beltrán, había sido inaugurado en marzo de 1931 por el alcalde Nicolás Reyes. Se localizaba en los terrenos donde hoy se levantan el Auto Hotel Ritz y Galerías Acapulco (antes, La Gran Plaza). Presente los intrépidos pilotos que ya volaban al puerto y entre ellos Chante Obregón (el primero en aterrizar un monomotor pero en la playa de Hornos), Sarabia, Zinser y Zárate.
Un segundo intento de Alfredo Zarate por descender se lo impide la soberana indiferencia de los rumiantes, a los que Pérez no ha logrado mover. Será entonces cuando el aparato empiece a toser y a perder altura volviendose a la bahía donde lame prácticamente aquel oleaje encrespado. Será vano cualquier intento del piloto por elevarlo. Seco y macizo sonará el golpe de la panza del aparato contra la granítica superficie marina.
El soldado Pérez nada desesperado hasta el aparato que flota precariamente. Su primera reacción será destrabar puerta de la nave, ayudado desde dentro por Ramón Zúñiga. El piloto Zarate será el primero en abandonar el aparato con la cara cubierta de sangre. Urgirá a gritos:
–¡Rápido, rápido, todos para afuera que esta chingadera se hunde!
Pronto personal de la Zona Naval llega en auxilio de las víctimas. A los lesionados se les conduce al hospital Naval mientras que los cadáveres serán transportados a bordo del balandro S-1.Para entonces todo Acapulco estará inmerso en al siniestro. Y era en verdad “todo Acapulco” no obstante del mal tiempo. Un siniestro que, por cierto, opacará el lanzamiento del primer número de un nuevo semanario llamado Trópico.

Doña Chave Batani

Conmueve a los acapulqueños el deceso del comerciante Odilón Espino Ramos y de su hija Natividad. Venían de Petatlán para adquirir en la tienda Los Precios de México el vestido que la luciría la niña en su fiesta de quince años. Una tercera víctima mortal fue don Gregorio Reynoso, subrecaudador de rentas de Tecpan de Galeana. Gente muy conocida.
Aquí, por el contrario, los porteños festejarán jubilosos la sobrevivencia de la acapulqueña Isabel Batani Sotelo, familia muy querida y ella en particular por generosa. Además de alegres festejos por su renacimiento, se le dedicarán diversas acciones de gracias en el templo de NS de la Soledad. Doña Chave formará más tarde una sólida familia con el señor Gildardo Salas, un simpático personaje acapulqueño conocido popularmente como El marqués de Llano Largo.
También sobreviven el doctor Carlos García Méndez y don Emilio Solís, ambos de Petatlán; el piloto y propietario de la nave Alfredo Zárate y su ayudante Ramoncito Zúñiga.
“Tanteando” que le iban a echar la culpa del accidente, que le harían pagar la avioneta y hasta consejo de guerra le formarían, el soldado de primera Antonio Pérez Martínez proclamará, una vez a bordo de “un Flecha Roja: “¡Palospendejos!”.

El Parque Papagayo

Los nietos de doña Carmen Chávez Varela no mentirán cuando presuman con sus amigos que la abuela fue una de las salvadoras del parque Papagayo. Buena parte de las 20 hectáreas expropiadas al general Juan Andrew Almazán por el gobernador Rubén Figueroa Figueroa, fueron adjudicadas por el gobernador José Francisco Ruiz Massieu al empresario extranjero Moisés Assa Dueck. Montaría su fábrica Carnival, de ropa íntima.
En efecto, la señora Chávez Varela, dirigente de la organización Defensores del Parque, había respaldado las acciones de la organización Guerreros Verdes, dirigida por la doctora Elena Kahn, insobornable luchadora a favor del medio ambiente acapulqueño. Ambas damas lograron con sus cruzadas valientes e inéditas mover a miles de conciencias acapulqueñas cuya fuerza hará recular al propio poder omnímodo.
Lástima que para cuando se escuche el grito de la gente, el beduino Assa Dueck haya derribado ya 325 árboles, muchos de ellos centenarios, cubriendo el frente de la avenida Cuauhtémoc, hoy estacionamiento.

Kay Mendieta

Reconforta que muchas acapulqueñas se sumen a reivindicaciones sociales de las muchas pendientes en Acapulco. Y para no ir muy lejos ahí está Kay Mendieta, que encabezó la batalla para recuperar el Jardín del Malecón de Acapulco. Paseo tradicional de los acapulqueños “obsequiado” a sus cuates millonarios por el presidente Zedillo. Mister Cedillou. Me dicen que la hija del arquitecto Xavier Mendieta Bueno ya no radica en el puerto y estamos ciertos de que otras personas tomarán su estafeta.