EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Acapulqueña linda / 15

Anituy Rebolledo Ayerdi

Mayo 02, 2019

Bertha Von Glümer

Bertha Von Glümer Leyva, impulsora en México de las nuevas pedagogías infantiles, nace en Acapulco el 16 de julio de 1877, hija del ingeniero alemán Bodo Von Glümer y de la chilpancingueña Petra Leyva. El padre, jubilado del Ejército mexicano con el grado de teniente coronel, se desempeñaba como juez del Registro Civil. La familia decide separarse en busca de oportunidades de estudio para ella; viaja con su madre a la Ciudad de México.
Pronto el padre recibe noticias de que Bertha cubre interinatos en una escuela oficial para párvulos. Un día, el plantel recibe la visita del ministro de Educación Pública, maestro Justo Sierra. La acapulqueña se atreve a hacerle planteamientos novedosos sobre la educación preescolar. El funcionario se muestra interesado en el tema y allí mismo la invita a trabajar con él. La joven Von Glümer viajará comisionada por la SEP a Estados Unidos para interiorizarse en la organización y funcionamiento de las escuelas normales para educadoras.
E irá más allá. Se inscribe en la Escuela Normal Fröebel de Nueva York, obteniendo mención honorífica por sus altas calificaciones. Allí mismo, en la Universidad de Columbia, toma clases de dibujo, gimnasia y deportes, además de cursar metodología y música en el kindergarten. Se adentra enseguida en la geografía de aquél país para inscribirse en el Teacher College de la Universidad de Chicago, también con magníficos resultados. A su regreso a México se hace cargo de la dirección de la Escuela Normal para Señoritas, en la que aplica un curso elaborado por ella misma. Renuncirá para hacerse cargo de la inspección de los Jardines de Niños del Distrito Federal.

Vuelve a Acapulco

La educadora acapulqueña vuelve al puerto en 1901 para dar el último adiós a su señor padre. Encabeza el cortejo fúnebre hasta el panteón municipal de San Francisco y agradece a sus paisanos haber querido tanto a Don Bodo, “ un mexicano de corazón”, lo llama. Se emociona al recordar el valiente desempeño de su padre en el Sitio de Querétaro, por cuya acción se hace merecedor a la medalla Mérito Militar que impone en su pecho el presidente de la República.

Educar a párvulos

Mucho más tarde, el cuartelazo de Victoriano Huerta obliga el regreso de la maestra Von Glümer a Estados Unidos, esta vez para laborar en la Universidad de Columbia. Pronto será llamada por el gobierno de Veracruz para entregarle la dirección de la escuela Normal de Jalapa. Un nuevo llamado, este de la esposa del presidente Pascual Ortiz Rubio, será para entregarle la organización del sistema educativo preescolar. Para 1936 habrá establecido en el Distrito Federal una academia particular para educadoras, a cuyo cargo permanecerá 12 años.
Para entonces, la educadora nacida en Acapulco había traducido La pedagogía del kindergarten, del germano Federico Fröebel, junto con la biografía del también fundador del primer kinder en 1837. Suyos entre otros textos: Cuentos de Navidad (dos tomos), Para ti, niñita (cuatro tomos), Rimas y cuentos digitales y El niño ante la naturaleza (cuentos).
Bertha Von Glümer fallece el 15 de diciembre de 1963. Su nombre lo llevan escuelas de todo el país, jardines de niños, primarias, secundarias, normales, universidades. Un kínder en Acapulco, por supuesto.

Clementina Batalla

Clementina Batalla Torres, la segunda mujer mexicana con título universitario de abogada, precursora del feminismo y de la defensa de los derechos de la mujer y del niño, nace en Acapulco el 17 de octubre de 1884. Hija del matrimonio formado por el abogado veracruzano Diódoro Batalla y la porteña Clementina Torres, domiciliado en la calle San Juan (hoy 5 de Mayo).
Diódoro Batalla sufría aquí un destierro disfrazado con un cargo público por ser feroz opositor del régimen porfirista. Faltando la madre y el padre, ya radicada la familia en la Ciudad de México, Clementina se hace cargo de la suya formada por dos hermanos y una prima protegida. Imparte clases de primaria y al terminar la preparatoria ingresa a la Normal de Maestros donde, a los 21 años, se titula como maestra de Matemáticas. Ingresa entonces a la escuela Nacional de Jurisprudencia de la UNAM. Habla ella:
“Pude haber estudiado una carrera corta pero quise cumplir el deseo de mi padre”, escribe en Aspectos de mi vida, un texto que más que autobiográfico es un homenaje amoroso a su esposo Narciso Bassols García, una de las inteligencias más lúcidas del siglo XX mexicano.

Narciso Bassols

“Lo conocí en Escuela Nacional de Jurisprudencia en 1916. Tomábamos Sociología impartida brillantemente por el licenciado Antonio Caso. Por cierto, al término del curso, el maestro Caso entregó a Narciso una carta que decía: “En el año académico de 1916, Narciso Bassols fue el más distinguido de mis alumnos, por su clara inteligencia y su dedicación ejemplar”.
“Al iniciar 1918 yo cursaba el cuarto año y él el tercero. Una tarde me dijo resueltamente y con tono autoritario: “Voy a hacer la cerrera en cuatro años y a llevar materias de 4º contigo. Estudiaremos juntos de nuevo”.
“En los últimos días de marzo formalizamos un noviazgo. Comenzó entonces a persuadirme de que, una vez abogada, abandonara mis actividades para dedicarme al hogar. Poco duró mi lucha interior y, contra la opinión de parientes y amigos, prometí hacer todo a un lado.
“En 1920 presentamos ambos nuestros exámenes profesionales, yo en febrero con la tesis El trabajo de las mujeres, él en mayo. El 10 de septiembre de ese mismo año contrajimos matrimonio civil y religioso, este último accediendo a los deseos de nuestras familias. A partir de entonces mi actividad se concentró a nuestro hogar, en mi marido y con los hijos que empezaron a llegar”.

Todo para los hijos

Entre 1921 y 1925 Narciso Bassols dio clases en la Escuela de Jurisprudencia y atendió su despacho de abogado, actividades que interrumpió para ser consultor del Departamento de Salubridad y después secretario general de Gobierno en el Estado de México, su estado natal.
En 1927 durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, Bassols redactó la Ley Reglamentaria del artículo 27 Constitucional en materia agraria y al poco tiempo publicó su obra La nueva Ley Agraria. En 1929 es nombrado director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y dicta cambios que no gustan a los estudiantes. Se declaran en huelga, pero él resiste con energía.
“Nuestra situación económica fue mejorando, cosa necesaria porque tuvimos a nuestros seis hijos en ocho años, todos en escuelas oficiales y usando el transporte público. Alguna vez, durante las largas caminatas nocturnas que hacíamos por las calles desiertas de la colonia Roma, Narciso me dijo:
“Nuestra posición en la vida, Clementina, debe ser ésta: nada para nosotros, todo para nuestros hijos. Educación, manera de que se ganen la vida, igual a hombres que a mujeres, pero herencia no. Yo no nací para capitalista”. A ellos, por mi parte, siempre les hice entender desde pequeños lo que significaba la honradez de su padre y esa enseñanza tuvo los frutos de una profunda comprensión, apoyo y cariño mutuos”

Los hijos

(Clementina, maestra normalista; Narciso, ingeniero químico y maestro de ciencias matemáticas en la UNAM; Ángel, geógrafo por la Universidad Lomonosov de Moscú; Carmen, maestra de idiomas; Aurelia, licenciada en medicina rural del IPN e Isabel, bióloga)

La función pública

El presidente Pascual Ortiz Rubio nombra a Bassols ministro de Educación Pública (1931), cargo en el que es ratificado por el presidente interino Abelardo L. Rodríguez (1932). Desde allí impulsó la educación rural y tuvo la osadía de llamar “educación sexual” a un programa de enseñanza de higiene personal, dirigido a los jóvenes. La poderosa reacción mexicana, escandalizada por tan grave atrevimiento, además de una iniciativa para para modificar el Artículo 3º. Constitucional, se “le fue a la yugular”. Bassols, quien no deseaba causarle problemas al amigo, presenta su renuncia el 9 de mayo de 1934. Pero hete aquí que, ese mismo, día el mandatario lo hace su secretario de Gobernación. Aquí aguantará escasos cuatro meses.
Al asumir la Presidencia de la República, el general Lázaro Cárdenas invita a Bassols a ser su ministro de Hacienda. Pasados siete meses se produce la expulsión del país del general Calles, lo que obliga su separación del cargo. La amistad con Cárdenas se mantiene incólume.
Tan fue así que al poco tiempo Bassols García es nombrado ministro de México en la Gran Bretaña y delegado de la Sociedad de Naciones. Será memorable en ese foro la defensa que haga del pueblo etíope, atacado bárbaramente por la Italia fascista de Mussolini. Mucho más tarde, el emperador Haile Selassie de Etiopía otorgará al mexicano su más alta condecoración y será ésta la única que él acepte en toda su vida.
De vuelta en México, Narciso Bassols funda en 1937 la Editorial Revolucionaria, dedicada a traducir libros de economía y política. Abandona pronto la patria esta vez para viajar a España y solidarizarse con la República. En París recibe un telegrama del presidente Cárdenas nombrándolo ministro en Francia. Clementina, quien va con él, confiesa orgullosa haber acompañado a su esposo en la liberación de muchos españoles recluidos en cárceles y campos de concentración. Todos embarcados hacia México.
Bassols volverá a Francia en 1940 y cuatro años más tarde el presidente Manuel Ávila Camacho lo nombra embajador de México en la Unión Soviética. Clementina lo alcanza al término de la guerra. Ambos regresan a la patria en 1946. Nombrado consejero presidencial por don Adolfo Ruiz Cortínes, el traductor de Keynes se dedica a leer, escribir artículos periodísticos, dictar conferencias y a aconsejar a sus amigos.

La muerte de Bassols

Narciso Bassols muere atropellado por un coche cuando pasea en bicicleta en el bosque de Chapultepec, el 24 de julio de 1959. El diario New York Times le dedica un obituario calificándolo como “el opositor de los Estados Unidos de mayor calibre en América Latina”.
“Durante 39 años tuve el privilegio de llevar a su lado una vida de dignidad y honradez en la que nuestros puntos de vista diferentes fueron resueltos siempre con cariño y respeto. Gocé de la compañía de un hombre inteligente, humano, capaz de entender la vida, amarla y sacrificarse por seguir una línea ejemplar, una norma invariable de conducta, logrando vencer las tentaciones que doblegan el alma humana a través de toda la vida”.
“Fue honrado y no enriqueció a pesar de las oportunidades que para hacerlo tuvo. Honrado de la relación conmigo durante los años de nuestro matrimonio. Honrado, enérgico pero a la vez comprensivo en el trato con nuestros hijos. Honrado y leal con sus amigos. Honrado con México, al que dedicó su vida, al que volvía siempre, sin que lo deslumbraran las situaciones transitorias de que gozaba y en el que nunca perdió la fe. Los detalles íntimos de su vida los guardaré como su único legado para consuelo de mis días de soledad.

La viudez

Días de soledad que la acapulqueña no podrá disfrutar. Al enviudar a los 70 años, doña Clementina funda la Unión de Mujeres Mexicanas para demandar la igualdad de género en política. Fue aclamada como dirigente del Congreso de Mujeres celebrado en Santiago de Chile y del que surgirá el Comité de Auxilio Latinoamericano de Mujeres. Un organismo declarado non grato por los dictadores del Cono Sur. Volverá a la URSS en dos ocasiones: en 1963 como dirigente femenil y en 1967 en calidad de invitada de honor a los festejos de la Revolución Rusa. Clementina Batalla de Bassols muere a los 93 años en Guadalajara, Jalisco, el 8 de noviembre de 1987.
Clementina Batalla de Bassols, Aspectos de mi vida. Diario, 1962.