EL-SUR

Martes 11 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Acapulqueñas 15

Anituy Rebolledo Ayerdi

Septiembre 29, 2016

Chachá Serrano

Llegó puntual el esperado reproche por la ausencia, en el pasado recuento de las poetisas acapulqueñas, de la eminente Chachá Serrano. Ella, se nos recuerda, marcó toda una época en la cultura del medio siglo acapulqueño. Además de versificadora sensible, la señora Serrano poseía una prosa lúcida cuyas expresiones reproducía la prensa local. No era acapulqueña “natita”, ciertamente. Había nacido en El Bejuco, municipio de Coyuca de Benítez, incorporándose muy joven al instituto acapulqueño Díaz Escudero.
Chachá Serrano estará presente en los grandes sucesos artísticos-culturales de Acapulco, públicos y privados, desgranando sus composiciones poéticas. Serán sus temas favoritos la bahía y sus playas, La Quebrada, La Roqueta, el fuerte de San Diego, Pie de la Cuesta, playa Encantada, etcétera. A todos esos sitios emblemáticos dedicará el homenaje de su inspiración.
La multipremiada poetisa mantuvo una comunicación constante con los acapulqueños a través de la prensa escrita y la radiodifusora XEKJ. Fue muy escuchado su programa semanal con la lectura de poemas propios y ajenos, acompañada al piano por el querido maestro Güicho González.
La Cajota, como se le conoció popularmente –“con 250 watts de potencia, en el mil 400 de su radio”–, había salido al aire en 1941 llamado por ese hecho un año “jotingo”. Fue su primer locutor Eduardo Moreno Flores y entre sus voces de planta figuraron algunas luego célebres en la radio y la televisión. Entre ellos Gonzalo Castellot, en la “W”, y Daniel Pérez Arcaráz, conductor del popular programa televisivo El Club del Hogar.

Juan Álvarez

Por Chachá Serrano

Yo te he llevado siempre en la memoria
porque fuiste abuelo de mi abuela.
Tu hijo Encarnación, padre de Paula
en el lejano pueblo de La Tachuela

Son tres generaciones que pasaron,
pero tu sangre corre por mis venas,
no se puede negar lo que legaron
ancestros que trazaron nuestra senda

El mirar tu retrato me conmueve
tu imagen es el rostro de mi madre,
el pelo es chino, abundante, apretado,
la mirada pensativa, los labios finos…

La nariz respingada, las orejas
y esas manos que emanan poderío
con una fuerza tal que, es evidente,
con ellas vencieron al destino

Yo siento que heredé lo más hermoso,
tu intuición en las cosas de la vida,
tu fuiste paladín de libertades
yo un paladín de la poesía

A ti no te importó ser poderoso,
tú perdiendo ganabas la partida,
la lucha fue muy cruenta, pero al cabo
vencimos en las lides de la vida

Ethel y Blanca Estela

Al de Chachá Serrano se añade el nombre de otra poetisa acapulqueña: Ethel Bello Solís, licenciada en Economía con maestría en Ciencias Administrativas (UAG) e incorporada a la Asociación Mundial de Arte y Cultura y a la World Academy of Modern Literature. Entre su obra poética se citan los títulos Como las hojas, No me mires así y Ansiedad.
Un nombre más. Blanca Estela Reina Aguirre con poemas como Mi Universo, Si yo tuviera alas y La luna tiene la culpa. Blanca, se nos dice, fue desde pequeña una declamadora excepcional. Orgullo de la familia Reina Aguirre, particularmente de su señor padre, Ramiro Reina, Sevavep, quien solía presumirla ante concurrencias selectas.

Basquetbol femenil

Valientes y atrevidas fueron las acapulqueñas que en los años 30 osaron integrar un equipo de basquetbol, un deporte tenido como exclusivo para varones. No escaparán, por supuesto, al remoquete de “machorras” y más que nada por quienes las envidiaban. El basquet se había conocido en el puerto en el año de 1923, cuando lo trajo el joven Simón Chamon Funes, antiguo residente de los Estados Unidos. Él mismo se encargará, además de entrenarlo, de divulgarlo por toda la región.
La primera competencia de basquetbol masculino se dará en aquel mismo año, entre los equipos de la escuela oficial Miguel Hidalgo y del colegio particular Acapulco. Los muchachos de la “federal” lucirán en sus sienes los laureles de la victoria, en realidad coronas de cempazúchil, al vencer en toda la línea a los “niños bien”. El premio para ellos será una moneda de oro de 20 reales (2 pesos con 50 centavos), acompañado por la advertencia del director Herculano Escobar: “¡Si se van a empedar, inviten cabrones!”
Por lo que hace al basquetbol femenil, los primeros equipos estuvieron integrados por chiquillas pertenecientes “a la mejor sociedad porteña”, como se decía. Entre otras: Guillermina Altamirano, Luz y Consuelo H Luz, Leova Mazzini, Bertha Aguilar, Amparo Fernández, Concepción Camplis y Chonita Martínez. El juego inaugural tuvo lugar en la plancha de La Quebrada, para decepción de los muchos jóvenes asistentes.
Y todo porque el uniforme de las muchachas, confeccionado atendiendo a los ceñidos criterios de la moral cristiana, no dejaban nada a la vista. Consistía en un calzón guango y largo hasta cubrir las rodillas, la tela muy gruesa de colores rojo y negro parta distinguir los equipos. La blusa muy holgada de media manga, las medias negras de popotillo y las pantuflas de tacón “muñeca”. ¡Chasco para los verriondos!

La roca del amor

Es conocida por antigua la fama de los marineros de tener un amor en cada puerto El de nuestra historia no será la excepción. Nuestro marinero responde al nombre de Calixto Flores y su querencia por Acapulco tendrá que ver con uno de esos amores perros que laceran alma y corazón.
La acapulqueña de la historia responde al nombre de Matilde y es una mujer a la que nadie, ni chicos ni grandes, se resisten llamarla a su paso “¡mamacita!”. Acapulqueña “natita”, morena clara, pechos opulentos, caderas rotundas, cabello ensortijado y los ojos glaucos reveladores de las andanzas de su madre con la marinería extranjera.
La familia Flores tiene su residencia en la calle de las Damas (más tarde Vicente Guerrero y hoy La Quebrada) facilitándole a Matilde las escapadas para verse con su novio Calixto en algún punto de la propia Quebrada. El, Calixto, es, como se ha dicho, marinero mercante cuya embarcación toca el puerto cada tres meses y una permanencia de días escasos. La primera despedida de la pareja no desmerecerá a la de Ninón Sevilla y David Silva en alguna cinta con tema portuario.
–Matilde, amor mío, te juro vida mía que este es mi último viaje. Espérame y pórtate bien–, ofrece y recomienda el hombre de mar mientras se adhiere a ella hasta el sofoco.
Matilde, quien difícilmente ha podido sortear el acoso de jóvenes y viejos con intenciones de perjudicarla, es la primera en el muelle cuando se anuncia el arribo de la embarcación en la que sirve el novio. Calixto pisa tierra y lo primero que hace es comerse a besos a Matilde para luego correr rumbo a La Quebrada. Convertida por ellos en una catedral donde ofician los ritos del placer en todas sus formas.
¿Boda?.. ¡Claro que sí, mi vida! Solo permíteme hacer un último viaje para tener el dinero suficiente. Sé que estás acostumbrada a lo bueno y por ello no quiero que nada te falte. Además, y perdona que te lo digo, quiero cerrarle el pico a tu madre para la que soy un bueno para nada. Te juro Matilda que si nuestro amor tiene consecuencias sabré responder como el hombre que soy. Solo te ruego que me esperes tres meses más.
Tres, cuatro, cinco, seis meses y Calixto no da señales de vida. “Te lo advertí, Matilde, que este hombre no era bueno para ti”, reprocha una madre nada parecida a doña Sara García sino a Emma Roldán. La vieja ya ha puesto en marcha un plan siniestro para salvar, según ella, “el honor de la familia”. ¿Honor?, se preguntan los vecinos de la calle de Las Damas y se responden ellos mismos: “lo que quiere la pinche vieja es vender a la muchacha”.
Y la vox dei no se equivocaba. Matilde es, en efecto, entregada por su madre a un hacendado de San Marcos, tan rico como viejo, quien no tendrá ningún reparo en que la chamaca ya no sea virgen. ¡Ya pa’ qué! Se casará con ella de velo y corona en su pueblo y la hará reina y señora de la porqueriza que posee.
¡Quién le manda llegar a las “quinientas”!, será el reproche de las mujeres del mercado de Tlacopanocha, cuando Martínez desembarca aquí pasado casi un año. El comité de recepción lo componen amigos morbosos que lo ponen al tanto de todo lo relacionado con la presunta traición de Matilde. “Que su hijo había nacido muerto (“o lo mató la vieja hijadesiete”, se aventurará uno de aquellos) y que Matilde lo había despreciado por sentirse traicionada”.

Matilde, idolatrada

Martín tendrá el buen juicio de no acercarse a Matilde de quien sabe se acerca al puerto solo cuando su madre se enferma. El temerario, convierte La Quebrada en su propia guarida dedicado a trabajar en secreto y a beber alcohol como desesperado. Cuando baje a la ciudad para adquirirlo, precisamente, no faltarán quienes hagan mofa de él llamándolo “marinero loco”, respondiendo invariablemente con una sonrisa.
Cuando han pasado medio año de la llegada de Martín al puerto, su cuerpo sin vida será localizado por unos chamacos en algún recoveco de La Quebrada. Se había descerrajado un tiro de pistola en la sien. Junto a su cuerpo será encontrado un marro y varios cinceles con los que el marino había trabajado día y noche sobre una roca lisa y azulosa. Esto había cincelado:

En esta roca de espuma salpicada
el sol nativo con sus rayos dora
Deja grabado el hombre que te adora
tu lindo nombre Matilde idolatrada

Pronto, la roca grabada con los versos de Martín para Matilde se convertirá en un sitio de peregrinaje. Llegarán ante él parejas sentimentales para hacer votos de amor y fidelidad. Un testimonio demasiado bello para ser respetado por la barbarie apoderada cíclicamente de Acapulco. La dinamita lo hará volar en 1902, en aras de la estupidez gubernamental.

El padrecito Hidalgo

Interrumpimos esta crónica para expresar –antes de que se nos olvide–, nuestro sentido reproche para el señor cura don Miguel Hidalgo y Costilla, por su comportamiento –¿cómo llamarlo?–, inductor durante el grito de Dolores y la consecuente guerra por la independencia.
Y es que nos enteramos apenas el día 15, revelado por un historiador de todos nuestros respetos, que los miles de hombres que lo siguieron no fue por la causa proclamada y tampoco por su personalidad seductora. Lo hicieron, y ésta es la revelación que nos tiene irritados, por la paga de 4 reales ofrecida por el padrecito.