EL-SUR

Martes 11 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Acapulqueñas 2

Anituy Rebolledo Ayerdi

Junio 30, 2016

La casa de Díaz Ordaz

Como a las 6 de la tarde, (Gustavo) Díaz Ordaz entra a la casa de Acapulco desde donde se domina la bahía. La casa de Acapulco era una de sus primeras promesas cumplidas. Le había dado su palabra a Lupita (su esposa) de que tendría una casa en el mar, desde su luna de miel en 1937. Lo habría ofrecido viendo desde abajo, el gran hotel Flamingos. Ahora el regalo no era nada comparado con Las Brisas o el hotel Holiday Inn.
Quien le había regalado la casa de Acapulco en los años cincuenta había sido el gobernador de Guerrero, Luis Raúl Caballero Aburto. Era un militar con grado de general en el Fort Knox, al que todo mundo apoyó cuando dirigió la matanza de partidarios del candidato a la presidencia fuera del Partido, Miguel Henríquez Guz-mán, el 6 de febrero de 1952. Pero que todo mundo denigró cuando se descubrió que existía algo llamado Pozo Meléndez, en Taxco, donde arrojaba a sus opositores.
Díaz Ordaz abre la puerta de la casa y encuentra el siguiente inventario: decenas de botellas en el piso, balanceando con la brisa del mar, un paquete de mariguana despanzurrado sobre el sillón, bolsas transparentes con pastillas en las sillas, un aparato de sonido que ocupa más de tres cuartos de una pared, en cuyas bocinas hay vasos con colillas flotando y dos chicas en bikini debajo de una mesa del comedor.
Lo primero que piensa es que están muertas y tocándoles el pulso que se despiertan. Ambas arrugan la nariz al verlo
–¿Está Alfredo? –pregunta Díaz Ordaz.
–No –contesta la más bronceada rubia. –Salió
–Soy su padre –anuncia Díaz Ordaz
Ninguna de las dos reacciona a su investidura presidencial. Caminan con la carne cimbrando, los pies martillando el piso de madera. Ambas se sirven agua directa del grifo de la cocina: Atardece con todas las ventanas abiertas y se perfilan sus cuerpos contra las últimas luces sobre Acapulco.
–¿A qué hora se fue Alfredo?
–¿Antier? –se miran asombradas de no recordar y se ríen doblándose, los bikinis pegándoseles.
Díaz Ordaz recuerda el Flamingo de Virginia Hill. Su mirada se endulza, mirándolas empinadas de risa. El ex presidente se siente incómodo, parado con su guayabera con sus iniciales bordadas a mano, zapatos, calcetines y un panamá, ante dos chavitas de dieciséis o diecisiete años, todavía con el olor en el pelo de la mota Acapulco Golden. Ellas no saben quién es él. Ignoran todo, la vida en México desde finales de la Revolución hasta ahora, sólo se ríen entre sí, murmurando, se carcajean, se doblan como si él no estuviera en el cuarto, como si ellas no alzaran casi desnudas en sus bikinis. Rojo, uno, y verde, el otro. Como si él fuera un fantasma.
En eso están cuando por la ventana de la cocina se mete un pájaro negro. Revolotea por la sala, luego por el comedor. Las chicas gritan, saltan con sus brazos apretados al cuerpo protegiendo sus senos, aplastándolos. Pero Díaz Ordaz no siente deseos. Sólo mira al pájaro estrellarse contra un muro y salir por la ventana del comedor.
Fabrizio Mejía Madrid (CDM 1968) Disparos en la oscuridad, 2011 (fragmento). Perio-dista y escritor. Colabora en las revistas Proceso, Letras Libres y Gatopardo, entre otras. Ha escrito los libros de crónicas Pequeños actos de desobediencia civil (1996), Entre sábanas (1995) y Salida de emergencia (2007). Ganador de los premios Xavier Villaurrutia y Antonin Artaud.
Juan Villoro, el notable escritor mexicano, califica Disparos en la oscuridad como una novela apasionante. “Una cuidadosa crónica de la impunidad en la política mexicana. Gustavo Díaz Ordaz, el presidente que ordenó la Matanza de Tlatelolco, aparece como un villano ejemplar, pero también y sobre todo como una figura compleja, producto de un sistema donde el servicio público se entendió como un oficio de tinieblas”.

Un periodista gringo

“Llegué a Acapulco hace 58 años, cuando este era un pueblo de cuatro a cinco mil nativos que, de acuerdo con los estándares modernos, estaba aún en su etapa infantil. Era pues tiempo de cambio. No lo hicieron los que argumentaban en su contra pero sí media docena de residentes o avecindados con una muy amplia visión de futuro. Entre ellos Lobo (Wolf) Schoenborn (asistente de bienes raíces que tuvo la previsión de comprar grandes cantidades de tierra subdesarrollada local). A. Polín (quien dividió su gallinero en cuatro salas que con el tiempo se convirtieron en el hotel Prado Américas). Carlos Barnard y su esposa (inaugura el hotel El Mirador en el lugar de los clavadistas de La Quebrada). Y mi madre Audrey (que edita el primer periódico local en idioma inglés, Acapulco News). Juntos crean el más soleado Acapulco”.

Caza y Pesca

“Según la revista Caza y Pesca las colinas de Acapulco están llenas de vida salvaje: tigres, panteras, ciervos, conejos y estanques llenos de patos. Una vez llevé de cacería a la estrella de cine Gary Cooper y en quince minutos tenía quince patos colgando alrededor de su cuello. Lo mismo sucedió con Mauricie Stans, secretario de Comercio del presidente Nixon durante el escándalo Watergate. Sin embargo este deporte nunca ha sido promovido en el puerto. Seis meses al año –de noviembre a abril–, cruceros de lujo arriban a Acapulco como el Queen Elizabeth II y el Rotterdam. También los Princess, Cristal Harmony y unidades de otras líneas que cubren los mares del mundo.
“Recuerdo muchos incidentes divertidos durante mis casi 60 años de residencia en Acapulco. Como el que viví cuando una ordenanza municipal obligaba a las damas el uso en la playa de trajes de baño de una sola pieza. Un día que convivía con John Wayne, Johnny Weissmuller y Fred Mac Murray llegó a Caleta una amiga común llamada Dusty Miller. Ella, se despoja sin más de su bata de baño para mostrar un cuerpo escultural cubierto por solo un bikini mínimo, de dos piezas, por supuesto. A los Juanes y a Fred se les saltaban los ojos.
“Al rato me llama Bo Roos, gerente de la empresa Stars, pidiéndome auxiliar a Dusty que tenía problemas con la policía. Llego al sitio donde Dusty no logra entenderse con los guardianes del orden. Estos me piden que le diga a la dama que en esta playa sólo se permiten trajes de baño de una sola pieza. Así lo hago y Dusty, exhibiendo la más bella de sus sonrisas, pregunta con inocencia y en perfecto español:
–¡A ver, mis primores! ¿cual de las dos piezas me quito?
–¡Gulp!

Pez vela

“La pesca del pez vela –exhibidos como trofeos en el malecón del puerto–, fue uno de los grandes atractivos de Acapulco. Se registraron entonces capturas de peces de 89 libras, el más pequeño, y de 201 libras el más pesado. Era una especie tan abundante que los capitanes de las lanchas ofrecían el viaje gratis si el turista no obtenía por lo menos una pieza. Nunca se dio.
“El nuevo Acapulco está creciendo hacia el Aeropuerto donde empieza Punta Diamante, donde el río Papagayo se encuentra con el océano Pacífico, cerca de uno de los más exclusivos campos de golf del mundo, ‘Tres Vidas en la Playa’ (iniciales de Troy V. Post, el dueño), campo en el que una membresía cuesta más de 25 mil dólares.
Mike Oliver, periodista y fotógrafo estadunidense con residencia de más del medio siglo en el puerto y aún tartajeando el español. Su columna firmada por Mike y Rita Oliver (Rita Rogliano, su esposa) se publicó en el periódico Acapulco News, el primer periódico en idioma inglés editado aquí por su señora madre, Audrey. Oliver fue muy popular en los medios porteños, siempre cubriendo eventos sociales y turísticos. Fue corresponsal de la agencia noticiosa UPI y colaboró en el diario Trópico. La inveterada costumbre de Mike de portar un jaibol a toda hora, le valdrá de la perrada reporteril el apodo del Mano Fría. El libro La Soleada Acapulco mantiene la autoría de Oliver y Rita.

El Caso Tequila

Entre el glamour y el sol luminoso de Acapulco, aparece como un rayo la bella Ojos Aguamarina, el terrorista Luis Posadas Carriles y un jugoso maletín con medio millón de dólares. Un misterio a resolver por el detective Sunny Pascal, un sabueso, un beatnik, un personaje de humor mordaz y un bebedor contumaz. Sunny se desempeña como guardaespaldas de Tarzán, Johnny Weissmuller, quien asiste a la Reseña Mundial de los Festivales Cinematográ-ficos de Acapulco.
Tal es la trama de la novela El Caso Tequila del escritor F.G. Haghenbeck, no germano, no inglés, chilango vil. Una novela delirante donde se mezclan pipas de alcohol, espionaje, mafia, corrupción, política y mujeres hermosas. El escenario no podría ser otro que el maravilloso de Acapulco. Novela única por no estar dividida en capítulos sino en cocteles. Treinta y cuatro de ellos con sus recetas respectivas, además de apuntes históricos sobre sus orígenes.
¡Ay, cuando Acapulco tenía glamour! –lamenta el novelista. Un Acapulco de mucho dinero donde veraneaban todas las estrellas de cine, donde la gente de dinero se iba de parranda. No el Acapulco de hoy. El Acapulco alejado completamente de la mano de Dios, dominado por criminales. No sé si sea un espejo también de lo que es todo México.

La parte oscura

Advierte el chilanguísimo Haghenbeck que no habla de oídas o por simples percepciones. Además de que son temas y tiempos que me gustan, hubo una investigación previa, asegura. Yo conocí al hijo de Weissmuller, íbamos a pescar juntos y entonces él me platicó anécdotas que me ayudaron muchísimo. También platiqué con el escritor William Reed, que tiene un libro sobre Acapulco, además de muchas versiones directas de personas que vivieron la época.
“Una investigación adentrada a la parte oscura del puerto, cubriendo la unión entre Miguel Alemán y Moya Palencia con la mafia latinoamericana y la Operación 40 de la CIA para derrocar y asesinar a políticos de izquierda de América Latina. Todo eso se gestó en Acapulco y es interesante descubrirlo y saber que muchos de estos personajes siniestros fueron protegidos por el gobierno mexicano”. Y remata:
“Estoy seguro que violencia tan terrible que vive hoy Acapulco es resultado de esas raíces: un puerto turístico pensado como un edén para mafiosos y matones. Antes eran italianos, hoy son locales. Pero la saña, los lenguajes de cabezas cortadas, cuerpos embolsados y lenguas en paquetes provienen de la mafia siciliana. Criminal forma de comunicación absorbida y llevada a su máxima expresión por los narcos mexicanos. Es una lástima. Yo creo que hasta el mismo Miguel Alemán estaría aterrado del monstruo que creó”.
El autor de El Caso Tequila, todavía distritofederalense, advierte que el Tarzán de su novela no es el ganador de juegos olímpicos, siempre rodeado de mujeres guapas y casado con la actriz mexicana Lupe Vélez. Su Weissmuller es un actor en decadencia, sin dinero, con deudas de juego, reflejando todo esto la pérdida de la inocencia de que se habla.
Revela, finalmente, que no fue Chita, compañera fiel de Tarzán, la chimpancé muerta recientemente. Se trató de una con similares características de la serie de televisión de Ron Ely. La Chita original tendría hoy más de noventa años, calcula.
F.G. Haghenbeck. Autor de El Caso Tequila, su segunda novela del género negro. Con su primera, titulada Trago Amargo, obtuvo el Premio Nacional de Novela Una vuelta de Tuerca, 2006. En ella el detective Sunny Pascal se empeda las 24 horas del día en Puerto Vallarta.