EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Acapulqueñas 22

Anituy Rebolledo Ayerdi

Noviembre 17, 2016

Club de Leones

El Club de Leones de Acapulco, filial de la estadunidense Lions International, es una institución que durante más de 70 años ha agrupado a generaciones de acapulqueños y acapulqueñas. Significados todos ellos por una vocación de servicio a toda prueba; no en balde el lema de la institución se reduce a dos palabras: “Nosotros servimos”.
El Club de Leones de Acapulco nace en 1942 y es su primer presidente el joven Carlos E Adame, llevando como secretario al talentoso Toño Pintos Carvallo. La cena inaugural, recuerda el propio Adame, ya cronista de la ciudad, la ofreció en su residencia el empresario libanés Miguel E. Abed. Tuvo como su invitado especial el guerrerense Ezequiel Padilla Peñaloza, a la sazón secretario de Relaciones Exteriores del presidente Manuel Ávila Camacho. Por cierto, recuerda, llegó tan tarde que la cena ya estaba fría y mosqueada y, por si fuera poco, “dospe” la mayoría de los invitados.
A propósito, el “Narciso Negro”, como era apodado el “gringófilo” de Coyuca de Catalán, fue candidato a la presidencia de la República en oposición al “amarrado” Miguel Alemán Valdés. Los partidarios de este usaron entonces un antecedente histórico como demoledora arma de campaña. El que daba cuenta que el joven Padilla, egresado de la Escuela Libre de Derecho, había realizado posgrados en las universidades de Columbia (Estados Unidos) y la de París (Francia), ¡becado por el sanguinario traidor Victoriano Huerta!
–¿Bueno y qué? –fue la respuesta del paisanito.

Las Damas Leonas

Los Leones de Acapulco se han significado desde siempre por su preocupación por el bienestar de la niñez del municipio, su educación. La institución construirá por ello dos instituciones de enseñanza elemental, una en El Arenal y la otra en la colonia Progreso, esta con el nombre del club. Ofrece, además, campañas de atención oftalmológica para infantes con deficiencias visuales, así como de donación de lentes para ellos. El número de estos, según Wikipedia, suman en el mundo cinco millones de lentes anuales.
Las Damas Leonas han sido desde siempre el alma de todas las cruzadas sociales de la organización. Recordemos a algunas de ellas:
Irene Ramírez de Maldonado, Conchita Macho de Morlet, Amelia Radilla de Manzanares, Cira Castro de Castrejón, Lourdes Montano de Meza, Nicolasa Sutter de Hudson, Guadalupe de Pérez Morfín, Gloria Galván de Acosta, Yolanda Rosales de Aguirre, Silvia Escalona de Rodríguez.
Bertha Elisa Vaca de Castrejón, Lucía de Santillán, Crisantema Estrada de Montano, Altagracia de Gómez Vela, María de Jesús Oviedo, Ernestina de Martínez May, Marina Salcedo, Alicia Mastache de Villalobos, Teresa de Acosta, señora de Estrabeau, Elisa de Mastache, Evita de Estrada y Margarita de Mastache.

Club 20 30

El Activo 20 30 Internacional fue un club de servicio memorable por su profunda acción social en Acapulco. Generosa en materia de ayuda a la niñez y exigente en el desarrollo de liderazgos juveniles de 20 a 39 años. Una organización filial de la matriz con sede en Sacramento, California, donde había nacido en 1922 con los propósitos enunciados. Su lema aun vigente: “Uno nunca es tan alto como cuando se arrodilla para ayudar a un niño”.
Fueron las damas del 20 30 las encargadas de organizar los festejos y colectas en favor de los propósitos sociales de la agrupación. Entre ellos los novedosos bailes “al revés”, en los que ellas estaban obligadas a sacar a bailar a ellos. Y ni hablar de los “bailes del kilo” cuya admisión se cobraba según el peso de ellos, pasándolos materialmente a la báscula (¡los gorditos pagaban una fortuna!). Eventos todos que consiguieron los medios para ofrecer atención optometrista y lentes para niños necesitados. También para mejorar la sala infantil del Hospital General y la construcción de dos aulas escolares en Puerto Marqués. Ellas fueron:
Lilia Maldonado, Isalia García, Raquel Mendoza, Eva Aguirre, Rosa Marta Jiménez, Alejandrina Martínez, Gloria González, Maricela Soberanis, Gloria González, Cristina Calderón, Irene Alarcón, Yolanda Torres, Ramona Montoya, Teresa Aguirre, Carmen Zúñiga, Emma Torres.

Periodistas (las precursoras)

La presencia del sexo femenino en los medios escritos de Acapulco se remonta a la mitad del siglo XX. No cubriendo fuentes reporteriles sino como colaboradoras, editorialistas, columnistas o encargadas de las secciones culturales u hogareñas. Las primeras.
Celia Ortiz nació en Tampico, Tamaulipas, pero se considera una “legítima acapulqueña ya que desde pequeña aprendió a querer esta tierra”. Allá por 1949 se inició en el periodismo a invitación de don Manuel Pérez Rodríguez, director de Trópico. Más tarde colaboró con diversas revistas y periódicos como La Verdad. Aquí, con el respaldo del director Ignacio de la Hoya, organizó con mucho éxito un certamen de aprovechamiento escolar, con premios y becas para los estudiantes. Rechaza ser maestra de baile como aquí se le reconoció siempre; “simplemente una pasión que la ha guiado por senderos floridos”.
Ella estuvo recientemente en el puerto para presentar su libro Vida de una Maestra: Felicitas V. Jiménez. Un homenaje, por supuesto, a la tixtleca fundadora en 1906 de la primaria Ignacio M. Altamirano.
También a finales de los años cuarenta, la señora Refugio Massieu de Ruiz, esposa del doctor Armando Ruiz Quintanilla, colabora en el mismo diario Trópico. Antes, había estado a cargo de la sección femenina de la revista capitalina México al día. En Acapulco escribirá ensayos, poemas y novelas. Lo hará con prosa pulida haciendo gala de giros lingüísticos del habla popular, llamándolos “costeñismos”. El cine mexicano se nutrirá con dos de sus novelas: Legítima defensa (1957) con Roberto Cañedo y Carmen Montejo, y Monte de Piedad, con Jorge Mistral y Emilia Guiu. Aquí escribirá, entre muchos otros textos, Costa bronca, Jirones de Guerrero, y Narrativa del Sur.
Otras firmas femeninas en los medios locales fueron las de Carmelita Villa de Olvera, columnista de sociales del Sol de Acapulco, dirigido por Pedro Huerta Castillo y otras varias publicaciones. También la de la poetisa Chachá Serrano con texto de fondo y en su caso cubriendo los clásicos “rincones poeticos”. Otra dama relacionada con los medios en aquél entonces fue la estadunidense Geraldine Hawley, La Teacher, columnista y traductora.
También por aquellos años se edita aquí un periódico en inglés, Acapulco News, dirigido por la estadunidense Audrey Olivier Wilde. Mike Oliver, su hijo, corresponsal de la United Press Internacional (UPI) y de Los Angeles Time en Acapulco, se hará cargo más tarde del medio. Escribió una columna al alimón con su esposa Rita Rogliano (Mike y Rita).

Teresita Villanueva

Teresita Villanueva Moctezuma llega a Acapulco cuando va de retirada 1978. Viene contratada por la empresa Sanborn’s para animar a la parroquia de su piano bar. Se localiza éste en un área perfectamente delimitada de su tienda y restaurante (hoy, centro). Allí Teresita hará una exitosa mancuerna con el pianista Adolfo Salum, cuyos repertorios románticos coincidirán. O sea, de todas se las sabían todas.
El inmueble de la firma estadunidense, propiedad entonces del millonario Carlos Trouyet, se levanta sobre uno de los tres predios sobrantes al construirse, compactado, el nuevo Palacio Federal (1952). El inmueble de cuatro pisos había sustituido a un bello edificio de estilo californiano, de una sola planta, cuyo portal era ocupado por la oficina de Correos. Una larga rampa exterior llevaba al resto de las dependencias del gobierno federal en Acapulco. Los solares restantes fueron ocupados por los inmuebles de los señores Miguel E. Abed y Manuel Perrusquía.
Ingenuos hasta la bobería, los acapulqueños de entonces estaban seguros de que el presidente Ruiz Cortines, quien había residido en Acapulco como secretario particular del general Rafael Sánchez Tapia, les cumpliría un ofrecimiento. Destinar aquellas superficies sobre la Costera y las calles Escudero y Morelos para un primer parque infantil del puerto. Unos 2 mil metros cuadrados.
–“Esos negritillos güevones no tienen llenadera”, –se escuchará en las altas esferas del poder político, en permanente amasiato con el poder económico.
–Si ya tienen a Acapulco, ¿qué más quieren los cabrones?”.
Si es cierto, mejor hay que sacar raja vendiéndolos a los mecenas de la Revolución: Trouyet, Abed y Perrusquía.

¿Y Teresita?

Teresita Villanueva, la recién llegada cantante de voz aterciopelada no participará en la comida inaugural de Sanborn’s. Ni por pienso pues arriba al puerto diez años más tarde del evento. La mesa del banquete ocupa toda el área del establecimiento y será memorable porque en ella “tragará camote” el propio Trouyet. Empresario versátil y arriesgado, dueño entre muchas empresas de Teléfonos de México y los hoteles Hilton del DF y Brisas de Acapulco. Se le conoce en el mundo de los Cresos y “Ricosmacpatos” como El Coyote. “Dicen que por ser un cazador inteligente, astuto y capaz de enfrentar cualquier peligro”, presumía él mismo.
Carlos Trouyet preside necesariamente aquella enorme mesa de albos manteles. A ella han sido convocadas las autoridades y los empresarios ricos pues se trata de saludar la presencia, ¡por fin!, de la primera tienda Sanborn’s de Acapulco y su piano bar anexo. A los lados de El Coyote el presidente municipal de Acapulco, doctor Martín Heredia Merkley, y el representante del gobernador del estado, el también médico, Raymundo Abarca Alarcón. Los caldos de marcas impronunciables por mortales comunes corren con prodigalidad. Las saludes se repiten una y otra vez. En una de esas, el anfitrión alza su ronca voz, como deben ser las voces de quienes posean muchos millones de pesos, dirigiéndose al alcalde Heredia Merckley:
–¡Qué bueno, señor presidente municipal, que no trajo usted al tal Lopitos. Capaz que el cabrón ya me hubiera invadido la tienda! ¡Jo jo jo!
–¡Ups! general.
–¡A propósito, señor Trouyet, le voy a presentar al síndico de la Comuna, el señor Alfredo López Cisneros, gran admirador suyo…
–¡Mucho gusto, señor Trouyet, es un honor para mí conocer a tan distinguido personaje! –responde el aludido.
–¡Claro que lo conozco, don Alfredo! –atruena el vozarrón de Trouyet atrapado por la lengua.
–¿Quien no conoce en México al más famoso líder de colonos del país? –¡Lo de Lopitos lo dije nomás para ver que cara ponía usted! ¡Jo jo jo!… Ya en plan de cuates, don Alfredo, quiero que me invite a su colonia.
–¿Mañana mismo?, está dicho.
Caro le saldrá el desliz al boquiflojo millonario. Durante su visita a La Laja le sacarán cosas y más cosas aunque su mayor y doloroso compromiso será la construcción de la parroquia de La Laja. Dicen.

Vicky Vera

Terminada su temporada en Sanborn’s, donde como buena sacerdotisa del romanticismo ha levantado una parroquia de fervorosos prosélitos, Teresita es contratada por el First National City Bar. Allí, el pianista Alfonso Vázquez, imprescindible en las noches bohemias del puerto, le dice que el nombre de Teresita Villanueva le suena a claustro y aleluyas. Bautíceme, pues maestro, le pide la dama. Y entonces el ejecutante moja sus dedos con güiski para salpicar su cabellera. Pontifica:
–Yo te bautizo con el nombre de Vicky Vera, augurándote una larga y exitosa carrera artística. ¡Salud!
Buena mano tuvo el maestro Vázquez pues, a partir de entonces, Vicky Vera no ha dejado de cantar frente a escenarios diversos, casi siempre íntimos. Nomás aquí ha alternado con gente como Virginia López, Imelda Miller, María Luisa y Avelina Landín, Amalia Mendoza, Bienvenido Granda, Celio González, Los Bribones, Mike Laure, Los Dandys, los Tecolines, Los Jaibos y muchos más.
Vicky rinde homenaje en todas sus presentaciones a los compositores guerrerenses y entre ellos a mi compadre Tadeo Arredondo, Indalecio Ramírez, el Indio de Igualapa, Cheque Cisneros, y, como si lo fuera, Álvaro Carrillo.
Hoy atiende su propio restaurante bar en la playa de Manzanillo.