EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Acerca de algunos libros con estrella

Federico Vite

Junio 16, 2020

 

Agosto y fuga (Era, México, 2004, 176 páginas), de Paloma Villegas, usa el discurso político para mostrar la ilusión de cambio en la vida de dos amigas: Nora, bióloga que viaja a Chiapas como observadora de la Convención Nacional Democrática, y Magda, adicta al trabajo, egregia representante de una ONG que forma parte de la Alianza Cívica.
Villegas recurre al punto de vista femenino para ordenar un relato que testimonia la efervescencia social, cuyo estandarte es el ingeniero Cuauhtémoc Lázaro Cárdenas Solórzano.
El texto inicia con las cavilaciones de Lázaro, pareja de Nora, un pintor de 47 años que se siente como de 50; deprimido, sin ganas de nada, quien aguarda el arribo de su novia para hablar del futuro en pareja. Esa espera dura toda la novela.
El texto se ciñe a la realidad de un país que había pasado por el asesinato del priista Luis Donaldo Colosio. Describe con acierto las preocupaciones de los personajes principales; la inercia política que aparece en las primeras planas de La jornada. Los personajes leen a Hermann Bellinghausen, por ejemplo, celebran el discurso del subcomandante Marcos y están pendientes del ingeniero Cárdenas; pero no profesan más que ánimo político. Ven todo por encima; no profundizan. No hay en el relato alguna referencia de alto calado contestatario como en el caso de Guerra en el paraíso, de Carlos Montemayor; Al cielo por asalto, de Agustín Ramos, o El libro de Manuel, de Julio Cortázar. Se trata de una izquierda tibia.
El furor político de este relato, insisto, se da por contagio, como si se tratara de una inercia que nos permite preguntarnos, ¿la izquierda de este país está llena de puro entusiasta sin estrategia real de cambio? Pero Agosto y fuga tampoco fundamenta una crítica al comportamiento de los que supuestamente defienden la igualdad social. Al contrario, asume ese método de “contagio político” como un motor narrativo que intenta cooptar la novela, pero no lo logra, porque el discurso amoroso se impone sobre el político. Ilustraré mi comentario con una subtrama del libro. La empleada doméstica de Magda, Yolanda, recibe dinero e instrucciones de su patrona, quien sale a toda prisa a una reunión. En el camino, Magda se da cuenta que olvidó un portafolio con los instructivos para los observadores electorales. Así que regresa a casa. Encuentra a Yolanda con Rogelio, quien presuntamente se había separado de ella meses atrás, después de que él la golpeara hasta tirarle los dientes. Desayunaban en el comedor. Él tenía el pelo húmedo, la camisa desabrochada. Acaban de tener relaciones sexuales en la cama de la patrona. Y, al ver esta situación, Magda corre a Yolanda. Esta dicotomía de las personas que quieren el cambio de régimen pero eligen darle mayor importancia a los asuntos domésticos agranda la paradoja de la clase media. Escenas como esta muestran que la seudo militancia de izquierda escapa al compromiso político, pero “empodera” (aunque lo ideal sería decir habilita) a eficientes contestatarios de oficina.
Agosto y fuga no es una novela redonda ni técnicamente bien acabada; de hecho, posee algunos ripios; por ejemplo, en la página 131. Cito: “Nora tuvo un vago impulso de resistir, una fugaz y confusa idea que tenía que ver con primero hablar, y sólo después, entregarse a la entrega”. Trastabilla con frecuencia la narración porque no hay claridad en las ideas; por tanto, tampoco en las oraciones: “El corazón le empezó a latir enloquecidamente, con un extraño salto y cambio de ritmo enfermizo, típico del despertar y que llegaba tarde, como si estuviera despertando de nuevo, en medio de la pesadilla, asustada de nuevo” (páginas 163-164). Algunos diálogos son francamente torpes; por ejemplo en la página 15. Cito:
“—Hola, papá —dijo la voz pareja de Laura.
—¡Hola mi chiquita! ¿Cómo estás?
—Bien. Oye, dice mi mamá que te pregunte a ti si puedo ir con Mariana y Trini al cine.
—¿Cómo que si puedes ir?
—Sí, eso dice…
—A ver, explícame, ¿quién las lleva?
—No, nadie… Vamos solas.
—¿A Mariana y a Trini las dejan ir al cine solas?
—Pues… No saben. Todavía no preguntan. Apenas te estamos preguntando a ti.
—¡Válgame el cielo! ¿Yo soy el primero? —Lázaro sonrió, pero de inmediato volvió a ponerse serio.
—Sí… ¡Déjame ir por favor! (…)” .
La escena continúa una página más. Laura, hija de Lázaro, no vuelve a aparecer en el relato. La novela posee personajes que no suman nada a la historia: Aparte de Laura, Claudine —ex novia de Lázaro— y Daniel, amigo de Pablo, un tipo interesante pero desperdiciado en el texto. Pablo es un antiguo amor de Nora, un personaje que intenta dejar su comodidad como vendedor de seguros y seductor de presuntuosas panistas con doble moral, como Gabriela —actante que sólo aparece un par de veces—, para irse a vivir a Chiapas.
Sin pecar de exigente, debo señalar que esta novela mira con inocencia el ideal político de la transformación. Debe signarse también que Villegas narra el ánimo de un momento histórico en la Ciudad de México; ese aspecto, seguramente, tomó en cuenta el jurado que le otorgó a este libro el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2005.
Villegas describe con folclor el cierre de campaña de Cárdenas en el zócalo de la Ciudad de México, ocurrido el 13 de agosto de 1994. Desgraciadamente solo es un paisaje que da color al relato, pero no condensa ni agranda la paradoja vital de los personajes.
Al terminar de leer este documento también se confirma la existencia de castas en la literatura mexicana. “Esta novela se escribió gracias al apoyo de Coral Bracho, Tessa Brisac, Teresa Carbó, Adolfo Gilly, Carmen Landa, Héctor Manjarrez y Marcelo Uribe”, signa Villegas en la última página. No genera suspicacia alguna que este volumen se haya publicado en la editorial Era, liderada por Uribe. Cuestión aparte es que de las pocas reseñas que hay sobre este libro, una de ellas, publicada el 30 de abril de 2005 en Letras libres, es de Eduardo Antonio Parra, quien trabaja en la editorial Era. Únicamente señalo los elementos que facilitan el nacimiento de un libro con estrella. Por cierto, Villegas se incorporó a Ediciones Era desde 1998. Sin afán de ser intrigoso, doy un dato más que renueva una casualidad. El 24 de noviembre de 2005, el jurado del Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2005, convocado por la FIL, la Sociedad General de Escritores Mexicanos (Sogem) y la Asociación de Clubes del Libro, A.C., estuvo integrado por el escritor y crítico literario Eduardo Antonio Parra, las autoras Martha Cerda, Angelina Muñiz-Huberman y la editora de la Universidad Católica de Salta, Iride Rossi de Fiori.