EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Acercamiento a la oscuridad sanadora

Federico Vite

Febrero 24, 2026

 

(Primera de dos partes)

Durante la pandemia, como muchos otros humanos, logré superar algunas crisis gracias al uso desmedido de internet. En Youtube vi una de las memorables entrevistas en las que la médium Paloma Navarrete, del Grupo Hepta de investigación paranormal, recomendó un libro bastante atractivo: In the dark places of wisdom (The Golden Sufi Center, Estados Unidos, 1999, 255 páginas), del filósofo inglés Peter Kingsley, quien también ha publicado Reality (2004) y Ancient philosophy, mystery and magic (1995).
Navarrete recomendó este libro por un aspecto simple que me gustaría seguir como línea de conversación. Hablaba de nuestro interior (psique, subconsciente, como guste llamarle) como una fuente de conocimiento indescriptible e inabarcable; sobre todo, como una vía de acceso a otras dimensiones. ¿Qué tipo de conocimiento hay en otras dimensiones? Bueno, un ejemplo claro es el tópico del que muchos se ríen y del que la mayoría teme: la vida después de esta vida. Kingsley aborda el tema desde un ángulo muy atractivo: por principio, refiere a los adoradores del dios Apolo; no hablamos del Apolo descrito por el filósofo germano Friedrich Nietzsche, sino de algo más dark, un dios conectado con los muertos.
Kingsley detalla que en la ciudad de Velia, en 1958, encontraron bloques de mármol con grabados de siglo I después de Cristo (500 años después de Parménides) y en las descripciones figuraban tres personas adoradas como dioses; en otro de esos bloques de mármol estaba una inscripción referida a Parménides, sin fecha de datación. Kingsley llegó a la conclusión de que Parménides no tiene fechas en la inscripción debido a que él es el año 0. Es decir, da inicio al linaje de esos tres médicos sanadores, cuyos nombres fueron encontrados en un templo y los habitantes de ese templo, sin duda, eran considerados héroes, es decir, seres inmortales, semidioses, intermediarios entre los vivos y los muertos. ¿Qué se hacía en ese templo? ¿Cómo sanaban los médicos ahí reverenciados? La respuesta que sugiere Kingsley inicia de esta manera: “Cuando Pitágoras dejó su casa en la isla de Samos por Italia toma las tradiciones de los anatolias y las técnicas de incubación, técnicas para descender al mundo de los muertos. Como una señal de lo dedicado que estaban a la deidad del inframundo, hizo su nuevo hogar en el sur de Italia dentro de un templo: construye un cuarto subterráneo donde iba y estaba sin moverse por un largo periodo de tiempo”.
Lo atractivo de In the dark places of wisdom es que Kingsley señala un poema de Parménides como el nudo de esta trama: Sobre la naturaleza. Antes de entrar al poema enfatiza que los griegos depositaban mucho, pero mucho más que una creencia y un arte en la poesía, no en la prosa, sino la poesía, porque la consideraban su forma de expresión más intensa. En el poema, Parménides se encuentra con la diosa del inframundo y repite la palabra pherein (tomado) para dar cuenta de ciertos hechos (“fui tomado”, “me tomaron”), no lo hace de manera gratuita, tampoco es pobre lingüísticamente, no, el autor consideró que esa experiencia sólo puede ser traducida como “pherein”. Es decir, tomado (y eso me conecta con un libro capital sobre los ovnis, escrito por la investigadora Karla Turner, titulado: Taken. Es decir, tomado. A mí no me parece gratuita la elección de esa palabra ni con Parménides ni con Karla Turner). Es tomado entonces ante la diosa, quien le recibe y le enseña la vía de la verdad. A ella no se le nombra. Pero es la reina y le muestra el mundo tal y como es. Dicho de una manera más simple, Parménides tuvo una revelación mística, es decir, comprendió el ser verdadero de las cosas y se le mostró también el porqué había pasado por un proceso de iniciación para conocer a la diosa.
Los sanadores o médicos descubiertos en Velia estaban familiarizados con la experiencia del éxtasis y de otros tantos estados de conciencia; sabían cómo invocar entidades y conversar con ellas. Es lo que nosotros conocemos como médiums. Y en ese punto es cuando se vuelcan tantas cosas sobre la mente, tantas referencias cruzadas, tanta información; por ejemplo, se sabe que al recitar poemas en hexámetro dactílico (el metro épico estándar en la literatura latina clásica: La Odisea, la Iliada, la Eneida, la Metamorfosis), el ritmo cardiaco y la respiración comienzan a sincronizarse. Se lleva a un estado de conciencia “especial”, como dicta el poema de Parménides: “rico en voces”.
En los templos de Apolo había una caverna llamada Chronomio, por ahí se entraba al averno. Ahí se realizaban las incubaciones, entrar en la cueva y pasar días de quietud y de silencio, esa era la técnica para ingresar al mundo de los muertos y se percibe ese ingreso cuando se oye el silbido de las flautas. Algo que otros hombres, como Pitágoras, consideraban “la música de las esferas”. En ese mundo de los muertos está unido el día y la noche, la luz y la oscuridad, todo en equilibrio. Está quien invoca y quien es invocado.
No deja de sorprenderme la importancia de la poesía para los griegos. Era una actividad sagrada, no sólo por el saber que tenía un poeta sino por el dominio del lenguaje que demostraba; además, claro, de que a un poeta se le atribuían poderes similares a los de un chamán: habilidades de sanación. ¡Qué diferencia tan enorme a la de nuestros poetas actuales! Antes se pensaba en ellos como intermediarios con los dioses, ahora buscan premios literarios, becas y lectores, ¿ése es el máximo logro de quien hace poesía en nuestro tiempo?
Parménides escribió un poema paradójico y difícil de digerir. Mucho más complejo de entender ahora, pues con el paso del tiempo nos alejamos de esa experiencia: conocer el poema sin intermediarios. Sobre todo, porque la comunidad académica sigue debatiendo al respecto y a veces es más que un poema, se convierte en un crucigrama y en un acertijo. Cada figura de Sobre la naturaleza es femenina. Se pide la inmersión en las profundidades de uno mismo y aceptar sin ambages la oscuridad que hay ahí, porque justo en el corazón de la oscuridad, en el corazón de la existencia, si uno es valiente, se encuentra cara a cara con la diosa. Es ella la responsable de la realidad que subyace a la existencia, porque es la reina del inframundo –la reina de la muerte–, a la que, por supuesto, se le teme. De eso escribo la semana entrante.

* La traducción de las frases entre comillas es mía.

@FederìVite
@monsieur_vate