Octavio Klimek Alcaraz
Febrero 22, 2025
Las actividades antropogénicas han cambiado drásticamente las condiciones ambientales en todo el mundo, impactando negativamente la biodiversidad y los servicios ecosistémicos. Al mismo tiempo, la mayoría de la población humana vive en áreas urbanas que están muy alteradas de los hábitats naturales. Sin embargo, muchas especies prosperan en estos entornos urbanos.
El entorno de las ciudades densamente pobladas, donde hoy vive casi el 60 por ciento de la población mundial, es muy diferente de los hábitats naturales. Además, las ciudades son islas de calor, lo que proporciona un indicio de cómo las especies animales afrontan las temperaturas más altas. Súmese una mayor contaminación del aire, el agua, el ruido y la luz. También experimentan una mayor fragmentación del hábitat, menor diversidad y abundancia de especies nativas, alto número de especies no nativas y menor diversidad filogenética dentro de las comunidades.
Aun así, los entornos urbanos son explotados con éxito por muchas especies no humanas. Palomas, halcones peregrinos, patos, carpas y peces de colores son solo algunos de los ejemplos de aquellos que prosperan en hábitats urbanos.
Si bien se ha considerado que las tasas de evolución son demasiado lentas para tener relevancia para la urbanización, investigaciones recientes en una amplia variedad de taxones han demostrado que los organismos pueden de hecho evolucionar rápidamente en respuesta a los entornos urbanos. Se han observado cambios evolutivos en tan solo dos generaciones, y pueden incluir adaptaciones conductuales, morfológicas y fisiológicas, o incluso especiación, en respuesta a condiciones ambientales alteradas, nuevos recursos y diferentes hábitats físicos, entre otros. Estos cambios pueden ser particularmente rápidos en entornos urbanos, donde las alteraciones significativas de numerosos factores abióticos y bióticos son simultáneas y a menudo predecibles. Por lo tanto, los estudios de adaptación en entornos urbanos pueden estar en una posición ideal para probar la teoría evolutiva más amplia en todos los taxones, particularmente en el contexto de múltiples factores estresantes. A su vez, comprender el potencial de adaptación de diversos taxones, así como la resiliencia de los ecosistemas a los factores estresantes antropogénicos, la urbanización y el cambio global, son de suma importancia para informar las acciones de conservación, incluso en los hábitats naturales.
Entonces, existen evidencias de que los animales de zonas urbanas se adaptan mejor a los cambios ambientales que sus congéneres en espacios naturales. Esta adaptabilidad podría convertirlos en un salvavidas para especies enteras frente al cambio climático.
Dado, que los hábitats urbanos difieren mucho de los hábitats naturales, se plantean nuevos desafíos de investigación sobre los animales y las plantas. Hasta ahora se sabe poco sobre cómo se desarrollan las poblaciones de una misma especie en hábitats fuertemente influenciados por los humanos y en hábitats menos influenciados por ellos.
La hipótesis es, que las poblaciones animales de zonas urbanas muestran una resiliencia significativamente mayor a las condiciones ambientales estresantes. Así lo busca probar un equipo de investigación internacional dirigido por la doctora. Elizabeta Briski, del Centro de Investigación Oceánica GEOMAR Helmholtz de Kiel, Alemania, como se señala en su nota de prensa (https://www.geomar.de/news/article/tiere-aus-staedtischer-umgebung-passen-sich-besser-an-umweltstress-an).
El equipo de investigación estudio cómo las condiciones de las zonas urbanas afectan a las poblaciones de tres especies acuáticas (un mejillón y dos crustáceos). Su estudio muestra que estas poblaciones se adaptan a un entorno perturbado y, por tanto, se vuelven más resilientes a los cambios ambientales, como el clima y los cambios de uso de la tierra. El estudio se publicó el pasado miércoles 19 de febrero en la revista Ecology Letters (https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/ele.70074).
Para su estudio, los investigadores compararon poblaciones de mejillones (Mytilus sp.) y crustáceos (Gammarus locusta y Gammarus salinus) del fiordo de Kiel, fuertemente influenciado por los humanos, con las de la reserva natural de Schleimünde, menos expuestas a los cambios ambientales. “Las diferencias entre estos lugares incluyen, por ejemplo, la concentración de metales pesados en el sedimento o la temperatura del agua”, explica Briski. “Las ciudades son islas de calor en las que los animales ya están expuestos a temperaturas más altas que en hábitats naturales que en gran medida no se ven afectados por los humanos”.
Para probar su adaptabilidad, los investigadores expusieron a los animales de ambos cuerpos de agua a diversos factores de estrés en condiciones de laboratorio. Los factores de estrés reflejan las condiciones ambientales actuales y proyectadas en el Mar Báltico, como el aumento de las temperaturas, los cambios de salinidad y un aumento del dióxido de carbono en el agua, lo que conduce a la acidificación. El equipo documentó la supervivencia de los animales durante un período de 30 días.
Los resultados muestran que las poblaciones de hábitats con influencia urbana tienden a ser más resistentes a estos factores estresantes ambientales que sus contrapartes de hábitats protegidos. Esto sugiere que ya se han adaptado al aumento del estrés de las condiciones cambiantes causadas por los humanos.
Los resultados del estudio apoyan la hipótesis de que los hábitats urbanos pueden proporcionar pistas importantes sobre cómo los animales se adaptan a futuros cambios ambientales. “Nuestros resultados sugieren que diferentes poblaciones de la misma especie tienen diferentes vulnerabilidades a los factores estresantes asociados con la urbanización”, dice Briski. Esto tiene consecuencias importantes para la conservación de la naturaleza: “Las poblaciones urbanas podrían sustentar a las poblaciones en hábitats más naturales porque muestran una mayor resiliencia al cambio ambiental”. Sin embargo, aún no está claro si estas adaptaciones podrán seguir el ritmo de los cambios ambientales inducidos por el hombre.
Las investigaciones futuras deberían investigar cómo otros factores estresantes, como los metales pesados o la contaminación lumínica, afectan la adaptación y si estas adaptaciones proporcionan ventajas en nuevos hábitats.
Pero los resultados de esta investigación sugieren que los organismos vivos se adaptan no sólo a las condiciones cambiantes, sino también al hecho de que las condiciones cambian cada vez más significativamente y con mayor frecuencia.
Esta resiliencia proporciona pistas sobre cómo los seres vivos se adaptarán a las condiciones cambiantes de la Tierra en la evolución futura, escribe el equipo. La conclusión de los investigadores es que esto podría permitir potencialmente que los animales y las plantas de los hábitats urbanos sirvan como “poblaciones de rescate” frente al cambio climático y la crisis de la biodiversidad. Al mismo tiempo, advierten que su mayor tolerancia a futuros cambios ambientales también podría facilitarles la conquista de nuevos hábitats: “Las convierte en potenciales especies invasoras, propagadas por el comercio humano y el transporte entre centros urbanos”.