EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Adiós al plástico de un solo uso

Octavio Klimek Alcaraz

Junio 16, 2018

Cada año, el 5 de junio se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente. Para ello, se organiza en torno a un tema y sirve para centrar la atención en una cuestión particular apremiante.
El tema de este año fue Sin contaminación por plástico. Se trata de hacer un llamamiento a la población de todo el mundo en favor de un planeta “sin contaminación por plástico”.
El tema no es menor: en 1950 se producían 1.5 millones de toneladas, para el 2015 se tenía un registro de 407 millones de toneladas producidas. Se estima, que en este siglo XXI se ha producido más plástico que en el siglo pasado. Sus propiedades de ser un material ligero, moldeable, fuerte y sobre todo económico hacen que al plástico se le use para producir un sinnúmero de productos, siendo parte de nuestra vida cotidiana.
El problema es que los plásticos, a diferencia de la materia orgánica, tardan en degradarse en la naturaleza, por ejemplo, una botella de plástico 450 años, unos pañales desechables 450 años, los aros de plástico para bebidas 400 años, un vaso térmico de poliestireno 50 años, una bolsa de plástico entre 10 a 20 años. Las consecuencias son terribles, cada año se vierten por ejemplo en los océanos 8 millones de toneladas de plástico, lo que amenaza la vida marina y humana y destruye los ecosistemas naturales.
Además, existen estudios de plásticos que son altamente dañinos para la salud, por los compuestos que los conforman, como es el caso del PVC (policloruro de vinilo), usado como revestimiento y empalme de tuberías.
Pero el mayor problema, es que se estima que cerca del 50 por ciento de los productos plásticos son desechables y se usan por solo una vez. Así, se compran un millón de botellas plásticas cada minuto en el mundo. Se estima que, en México, cada persona desecha 6.5 kilogramos, unas 200 botellas de plástico de PET (tereftalato de polietileno). De esta la industria afirma a través de ECOCE, que al 2017 se reciclaban el 58 por ciento (consumo aparente nacional de 768 mil toneladas), es decir un 42 por ciento va a parar a vertederos en el mejor de los casos (322 mil 560 toneladas). Dentro de los tipos de plástico con productos desechables de un solo uso, se pueden encontrar los de polietileno de alta densidad (HDPE), con el que producen envases rígidos como los botes de detergente. En el 2015, el consumo nacional aparente de los HDPE fue de 820 mil toneladas y solo se acopio para reciclaje 182 mil toneladas (22.2 por ciento) Otros plásticos, son los de polietileno de baja densidad (LDPE), que son los usados para producir bolsas de plástico, se estima que su consumo nacional aparente era al 2015, de 574 mil toneladas anuales, pero solo se acopiaba para algún tipo de reciclaje el 2.8 por ciento (16 mil toneladas). En el caso del polipropileno (PP), usado para producir popotes y tapones de botella, entre otros productos, se tenía en el 2015 un consumo nacional aparente de 1 millón 138 mil toneladas, de estos solo se acopiaba el 5.3 por ciento para reciclaje (61 mil toneladas). En el caso del poliestireno (PS), que es usado para producir envases térmicos, con un consumo nacional aparente en el 2015 de 487 mil toneladas no se acopia y por tanto no se recicla.
Mucho se dice de plásticos biodegradables, es decir, la degradación del plástico se debe a la acción de microorganismos que consumen el material, pero, aun así, este concepto no especifica un tiempo de referencia para que se dé esta acción ni detalla el ambiente en que se desarrolla. Se están usando polímeros sintetizados por microbios para fabricar envases que, si todo sale como esperan, se compostarán con rapidez y se biodegradarán en el mar. Pero, la biodegradación de los plásticos debe ocurrir en una serie de condiciones que se presentan en muy raras ocasiones. De hecho, en 2015, en un informe el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente descartó los plásticos biodegradables por considerarlos una solución poco realista que no logrará reducir la cantidad de plásticos que llegan a los mares ni prevenir los posibles perjuicios químicos y físicos que causan a la vida marina. Existe evidencia de que la gente desecha más los productos etiquetados como biodegradables. Entonces, los biodegradables, no solucionan el problema de base: nuestra cultura de usar y tirar.
También, en los últimos años se han puesto en el mercado bolsas de plástico etiquetadas como “oxobiodegradables” u “oxodegradables”. En esas bolsas se incorporan aditivos a los plásticos convencionales que, con el paso del tiempo fragmentan el plástico en pequeñas partículas que permanecen en el medio ambiente. Puede inducir a error designar esas bolsas como “biodegradables”, ya que no son una solución al problema de la contaminación ocasionada por su abandono, sino que pueden agravarlo.
Con comportamiento similar a las bolsas fabricadas con plástico oxodegradable se encontrarían las bolsas fabricadas con plástico fotofragmentable, termofragmentable e hidrofragmentable, por lo que procedería hablar de bolsas fabricadas con plásticos fragmentables.
Al respecto, en Europa, para evitar los perjuicios sobre los suelos, el agua y los organismos derivados de la permanencia en el medio ambiente de los plásticos, pero en partículas de menor tamaño, se están prohibiendo también las bolsas de plástico fragmentable, entendiendo como tales las bolsas de plástico fabricadas con materiales plásticos que incluyen aditivos que catalizan la fragmentación del material plástico en microfragmentos.
En conclusión, el problema es que no todos los plásticos son fácilmente reciclables, para muchos simplemente no son factible el reciclaje o es muy difícil de realizar. Por ello, el reciclaje es parte de la solución, pero se debe necesariamente reducir el consumo de plástico, en especial de un solo uso, para el que existan alternativas posibles.
De hecho, la Estrategia Europea para Plásticos en una Economía Circular, presentada el pasado 16 de enero de este año tiene como objetivo no sólo reducir los residuos de plástico y aumentar su reciclaje, sino cambiar la forma de producción del plástico lo que creará empleo y fomentará la innovación. Su enfoque, es un modelo de “economía circular” en el que todo se reutiliza o se recicla y “no se toleran ‘vertidos’ al medio ambiente, ni de plástico biodegradable, ni del convencional”.
El objetivo más claro de la estrategia es hacer que en 2030 todos los envases de plástico de la UE sean reciclables. Racionalizar los modos de producción, hacerlos menos contaminantes y racionalizar el diseño para enfocarlo a la reutilización cuando sea posible.
Otro objetivo, es la reducción del consumo de productos de plástico de un solo uso para los cuales existan alternativas asequibles. Para los que no haya alternativas fácilmente disponibles, el objetivo será limitar su uso imponiendo un objetivo de reducción del consumo. Se establecerán controles en el tratamiento de residuos para que los océanos no sigan convirtiéndose en el último vertedero.
También, se restringirá la fabricación de productos con microplásticos, los más difíciles de controlar y que contaminan toda la cadena alimenticia, hasta nuestros propios cuerpos, según cada vez más evidencias científicas.
Además, la Comisión Europea ha creado un fondo dotado con 100 millones de euros adicionales para apoyar la innovación en la fabricación de nuevos materiales plásticos, más fáciles de reciclar, y la eficiencia de las técnicas de reciclaje.
En España, a partir del 1 de julio de este año, se han de cobrar todas las bolsas de plástico (salvo las muy ligeras que se suministran como envase primario para alimentos a granel y las gruesas con plástico reciclado igual o superior 70 por ciento) y a partir de 2021 se prohíben las bolsas de plástico ligeras y muy ligeras, salvo las compostables. Además, a partir de 2020, además, las bolsas de plástico gruesas deben contener al menos un 50 por ciento de plástico reciclado –España será pionera en la UE– y se prohíben las de plástico fragmentable. También se crea un registro para obtener información sobre las bolsas de plástico puestas en el mercado.
Asimismo, Noruega ha demostrado hasta qué punto puede funcionar el reciclaje de botellas de plástico, que constituyen gran parte de la basura de las playas: actualmente recupera el 97 por ciento de ellas. El truco: el cobro de un depósito de hasta 2.5 coronas (unos 0.25 euros) por botella y la instalación en la mayoría de los supermercados de máquinas que recogen las botellas y reembolsan ese pago.
Es decir, el camino en el planeta y en México respecto al uso del plástico es primero reducir hasta donde sea posible su uso de producto desechable, después reusarlo y finalmente reciclarlo. La visión es hacer realidad la reducción, la reutilización y el reciclaje de los residuos para lograr producir cero basura, promoviendo un modelo de economía circular en el que todo producto se reutiliza o se recicla y no se toleran vertidos al ambiente, empezando por los plásticos.