Florencio Salazar
Marzo 31, 2025
Las dificultades nos impulsan a crear y actuar.
Joan Garriga.
Desde hace años los seguros de vida se han promovido como una panacea. Se supone que ante cualquier enfermedad el asegurado puede requerir atención médica hospitalaria cubriendo un deducible. El seguro de vida otorga confianza al suponerse que el pago de las primas es una especie de ahorro para el momento en que se necesite. La realidad es otra.
Los agentes de seguros de vida presentan un panorama distorsionado. Lo mejor de los seguros es no ocuparlos, pero cuando se necesitan es un verdadero calvario acceder a los beneficios contratados. Mi experiencia es muy desafortunada. Contraté con Seguros de Gastos Médicos Mayores (SGMM) y cuando lo requerí la empresa puso tantas trabas que, después de una cantidad de facturas y documentos, terminó por cubrirme 5 mil pesos de una cuenta hospitalaria de 135 mil pesos.
El año pasado fui internado por dengue en Hospital Anáhuac de Chilpancingo. Las plaquetas descendían aceleradamente, con riesgo de que la infección se volviera hemorrágica. Se dio parte a SGMM y la respuesta fue que el hospital no estaba en su red. Entonces, la red nacional, incluso internacional, de cobertura es inexistente, argumentamos.
Después de que aceptaron cubrir los gastos viene el papeleo: el registro fiscal del hospital, el registro del médico a cargo, el registro de los laboratorios, las facturas de los medicamentos, las facturas de los honorarios médicos, la reposición de documentos porque a este o aquel le sobra una coma o le falta un punto. El voluminoso expediente parece libro notarial. Entre tanto, los gastos corren a cargo del paciente. Es decir, usar el seguro significó pagar la hospitalización para que, posteriormente, el SGMM reintegrara el recurso.
Se pensará que son trámites necesarios, pero no es así. SGMM apuesta a que la administración del hospital se fastidie de tanta solicitud de documentos y que los asegurados abrumados de tanto papeleo abandonen la gestión. Por fortuna, fui apoyado con toda la documentación exigida, de manera que la Aseguradora no pudo eludir su responsabilidad.
Transcurridos unos dos meses fui informado de que, finalmente, SGMM aprobó el pago correspondiente. En el desglose me informaron que el deducible era del 65 por ciento y que se rechazaban los honorarios del Dr. Patricio Aparicio –estuve en las mejores manos–, por lo cual estaba a mi disposición un cheque por 5 mil pesos, de una cuenta de 135 mil pesos.
Hablé con el agente Luis J. Álvarez –con quién se contrató el seguro– quien dijo compartir mi molestia, pero que así lo había decidido SGMM. Dije que no recibiría el cheque y que interpondría mi queja porque esa ínfima cantidad más que un abuso, era un asalto. Cuando pedí me informaran oficialmente sobre los 5 mil pesos que “cubría” la Aseguradora, me informó Luis J. Álvarez que el caso estaba cerrado porque los cinco mil pesos ya me habían sido depositados en mi cuenta bancaria. Pero a la fecha no han podido exhibir la ficha de depósito. Es un robo descarado.
Pero el mío no es un hecho aislado. Una de mis hijas fue internada de urgencia por una peritonitis. Se pidió la cobertura de su Aseguradora –no recuerdo cual– y nada más devolvieron el 15 por ciento de los gastos médicos y hospitalarios. Y allá, por 1980 –no recuerdo con precisión el año, compré mi primer seguro de vida con América, de Alfonso Romo, la cual me entregaría una cantidad millonaria cuando yo cumpliera 65 años de edad. Un día apareció un agente de Seguros América para informarme que la empresa ofrecía una mayor cobertura sin costo adicional, si yo firmaba un nuevo contrato. Ya sabe usted sobre los textos con letra chiquita. Lo que firmé fue la cancelación del seguro y de esa manera Alfonso Romo cerró su Aseguradora defraudando quien sabe a cuántos miles de mexicanos.
Advierto que en México hay poco control de estas empresas, las cuales tienen ganancias exorbitantes. Según nota de Lana Sod y Regina Reyes-Heroles, somos un mercado clave en Latinoamérica. Un analista afirma que “el país alcanzará niveles de primas superiores a 870 mil millones de pesos” (Milenio, 03-29-25). Pues como no, producto de tanto fraude.
Ante el sombrío panorama de la medicina social, especialmente los adultos mayores, debemos prever la atención médica oportuna y de calidad. Por ello, es muy importante que se apruebe la Iniciativa presentada en la Cámara de Diputados, para la portabilidad de los seguros. O sea, con el cambio de Aseguradora no se perderá la antigüedad ni elevará los costos de las primas. No obstante, también es muy importante que se proteja a los asegurados de tanto abuso.
Por lo pronto, hay que desconfiar de esas empresas vampiro, que son las aseguradoras de gastos médicos. Con ellas se puede tener la certeza de que adquirir un seguro significará un doble gasto: el de la hospitalización y el de la prima. Así me ocurrió con SGMM. Usted, ya leyó las letras chiquitas de su seguro?