EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Al carajo con Facebook y Twitter

Silber Meza

Noviembre 14, 2020

 

(Tercera y última parte)

Lunes 12 de octubre. Quiero saber qué sucede antes del aniversario del llamado “jueves negro”, también conocido como “culiacanazo”, ocurrido el 17 de octubre de 2019, cuando fuerzas federales detuvieron a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, y más tarde lo liberaron por órdenes del presidente Andrés Manuel López Obrador, ante un supuesto amago del crimen de desatar la violencia en Culiacán. Me enteré de que grupos en Facebook invitaban a una reunión para “festejar” ese día bajo el lema de “Ovidio Fest”. En realidad debería ser una fecha de reflexión profunda y crítica social.
Martes 13 de octubre. Desperté con la curiosidad de ver la conferencia mañanera de López Obrador para enterarme de su postura sobre el choque de trenes en la dirigencia de Morena, después de que los diputados Mario Delgado y Porfirio Muñoz Ledo empataron en la encuesta realizada por el INE y este último se declaró ganador de la presidencia del partido (había resultado puntero en el primer sondeo). En vez de hacerlo en Facebook desde mi teléfono móvil, como acostumbraba, tuve que prender la computadora y verla en YouTube. La diferencia es que el uso de FB en el móvil no gasta datos, y mi paquete de internet en casa de Telcel sí tiene datos limitados. En los días siguientes el INE realizaría una tercera encuesta y Delgado sería nombrado dirigente de Morena, ya con un Muñoz Ledo menos rijoso.
Miércoles 14 de octubre. Ni Facebook ni Twitter tuvieron repercusión en mi vida física. ¡Genial!
Jueves 15 de octubre. Hoy vi un webinar en vivo en Facebook a través de un enlace que me enviaron a mi WhatsApp, y fue sin tener mi cuenta activa, así que hice lo mismo con el tema del Club de Lectura La Hojarasca, y por fin pude verlo.
Hoy por la noche Marcelo Ebrard dio a conocer en Twitter que el ex secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, fue detenido en Estados Unidos. Me enteré por un pantallazo que me enviaron a mi WhatsApp. En ese momento sí morí de ganas por tener Twitter y enterarme de todo lo nuevo, minuto a minuto, navegando en esa red social.
Viernes 16 de octubre. Ni Facebook ni Twitter tuvieron repercusión en mi vida física. ¡Genial!
Sábado 17 de octubre. Salí a cubrir el “jueves negro”; lo hice para mi canal de YouTube. Subí siete videos que ese día no tuvieron más que unas decenas de visitas, pero que los días siguientes crecieron por miles. Este primer aniversario estuvo muy tranquilo, no hubo manifestaciones ni disparos ni “Ovidio Fest”.
Ya por la noche acudí al estreno del documental El día que perdimos la ciudad, que realizamos en la organización en la que trabajo, Iniciativa Sinaloa, en conjunto con Global Initiative. Sentí muchos deseos de decirle al mundo –al menos a mi cibermundo– que estaba presente en el estreno de algo importante, y que si querían verlo aún estaban a tiempo de llegar. No lo hice.
Domingo 18 de octubre. Ni Facebook ni Twitter tuvieron repercusión en mi vida física. ¡Genial!
Lunes 19 de octubre. Hoy, luego de 13 días y al caer la tarde, me pregunté de qué estarían hablando mis “amigos” de Facebook y las personas que sigo en Twitter. Fue una sensación extraña, como si echara de menos ver sus comentarios, memes y videos sobre temas banales, pero también sobre noticias y asuntos profundos o coyunturales. Sentí una especie de síntoma de abstinencia, una “malilla” de redes sociales.
Del martes 20 al jueves 29 de octubre. Diez días más en los que ni Facebook ni Twitter tuvieron importancia real en mi vida física. La “malilla” desapareció y, sí, a veces me han dado ganas de subir alguna foto de un bello atardecer, del mar, de algo chusco, o de hacer un comentario político, pero nada que me provoque un deseo voraz. Además pasó algo curioso: una amiga me preguntó si la había eliminado de Facebook, o qué sucedía en mi muro que no podía verlo. Le expliqué que me puse en pausa, y le pareció buena idea; coincidió en que había que descansar de esta red social.
Viernes 30 de octubre. Hoy, a casi un mes de abandonar Facebook y Twitter, decidí reactivarlas a partir del 2 de noviembre. Estas son mis razones: 1) Es verdad que ambas redes sociales me ayudan mucho a compartir mis trabajos periodísticos y también a hacer incidencia en materia de transparencia y anticorrupción, los dos pilares principales de la organización en la que trabajo. 2) Extraño leer las opiniones de amigas y amigos reales que tengo agregados en mis redes sociales. 3) Tras este mes de abstinencia he podido dimensionar la adicción a estas dos redes y comprender que debo aprovecharlas en vez de que ellas se aprovechen de mí. 4) Las usaré hasta el 3 de noviembre, mejor, que es cuando se cumple el mes de abstinencia. Sé que no será sencillo. Pero intentaré no usarlas en el teléfono móvil, que es donde creo que se genera la mayor dependencia, y continuar con el disfrute de las llamadas telefónicas y las reuniones presenciales con sana distancia, cubrebocas y al aire libre.
Sábado 31 de octubre. Ya reactivé Facebook, pero no he podido hacerlo con Twitter. En esta última red social me dicen que es fácil reactivar si no has cumplido el mes, sin embargo se me está complicando porque tenía varias cuentas asociadas a un mismo número telefónico y porque mi correo electrónico que coloqué hace 10 años ya no existe. Lo solucioné creando nuevamente el mismo correo electrónico de hotmail de antes, y que por suerte no había sido tomado por nadie. Como aprendizaje me queda no asociar más de una cuenta a un mismo número de teléfono móvil y no desactivar la cuenta de Twitter por más de 30 días, ya que se puede perder el registro de forma permanente.
Domingo 1 de noviembre. Ni Facebook ni Twitter tuvieron repercusión en mi vida física. ¡Genial!
Lunes 2 de noviembre. Otra amiga me envió un mensaje por WhatsApp para comentarme que no había visto ningún comentario mío en redes desde hacía un tiempo, y me preguntó si había tenido algún problema en materia de libertad de expresión porque suelo ser crítico en mis comentarios. Le expliqué que no era un asunto de censura, sino de un distanciamiento voluntario de Facebook y Twitter, pero que justo ese era mi último día de quietud digital.
Martes 3 de noviembre. Hoy volví a tuitear y colocar posts en Facebook. De nuevo recordé el documental El dilema de las redes sociales (The social dilemma) y me quedó claro que mi apuesta será evitar que las redes me consuman y utilicen, y lograr que sea yo quien las utilice y las consuma.
¿Podré?