EL-SUR

Lunes 17 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Al diablo con la partidocracia; gobernar desde abajo

Arturo García Jiménez

Mayo 20, 2021

 

A la memoria del buen Francisco Javier Rendón Secundino, fiel servidor de los campesinos de Guerrero.

Como parte del desarrollo de la democracia, surgen los partidos políticos que a la postre serían verdaderos institutos que representaban una estructura e ideología. La expresión más acabada son los partidos de masas que fueron surgiendo en los nacientes países socialistas. Había todo un proceso de formación de cuadros, en cada aldea, comunidad o centro de trabajo se organizaban los comités de base, de ahí se integraban los comités municipales, distritales, estatales y nacionales. Desde luego, en algunos momentos operaba el centralismo democrático para garantizar que no se desviaran los principios.
Pero lo que hoy vemos en nuestros sistemas electoreros es menos que una caricatura: partidos divididos en diversas tribus o sectas, sin principios, sin ideología y, sin democracia. ¿Cómo es posible que hagan coalición dos partidos donde el uno mató más de 350 militantes en los diversos procesos electorales para que el otro siguiera en el poder? ¿Acaso es democracia que en un partido que se dice de izquierda solo cuatro personas hayan decidido las candidaturas en todos sus niveles? ¿Cómo es posible que un diputado que entró por imposición y no hizo nada ahora sea de nuevo por la vía plurinominal porque de lo contrario no ganaría? ¿Es acaso correcto que se impongan a candidatos sin tradición, ni experiencia, ni principios? ¿Será correcto que los candidatos solo aparezcan en las coyunturas electoreras y nunca sirvan al pueblo? ¿Los salarios de los ediles que a veces son mayores que el del Presidente no es un insulto para el pueblo? ¿Será éticamente político heredar las candidaturas? ¿Acaso el chapulineo no expresa la falta de dignidad y la sobra de ambición?
Por todo esto y más, los partidos pervirtieron la práctica política y lograron también que el electorado tenga un comportamiento con pocos principios. Comprometerse por una despensa, una promesa de trabajo o simplemente vender el voto han sido prácticas que convirtieron el voto en anti-voto. La desaparición de estructuras y prácticas democráticas han sido la base para la toma de decisiones verticales por no decir impuestas.
Es muy sencillo hacer las cosas con transparencia. Si en cada comunidad hubiera un comité de base, estos concurren a la integración de un comité municipal. Tratándose de elegir candidatos se nombran delegados en función del número de empadronados, los candidatos exponen sus propuestas y los delegados votan en urnas transparentes. Si se equivoca el pueblo, pues ni modo como dice AMLO. Pero, lo triste, hay quien pagó por una diputación y una regiduría, entonces hay quien vendió; es a este tipo de rufianes a quienes no les interesa que los partidos tengan estructura.
Llegan las elecciones y “haiga sido como haiga” sido siempre sale un ganador. En el inter del triunfo y la toma de posesión, el presidente electo ya se siente importante y comienza a designar a su equipo considerando las negociaciones que hizo; la toma de posesión es un mero protocolo solo apto para el besamanos. El primer año de operaciones es para resarcir los adeudos por la campaña y durante el segundo hay que hacer algunas obritas para que la gente esté contenta porque los fondos del tercer año serán para preparar la siguiente contienda que ahora será para la diputación local y poner a otro presidente municipal que le cubra las espaldas. El caso de Atoyac de Alvarez y el Distrito Local 10 son ejemplos que ilustran a la perfección todo esto: la presidenta saliente será diputada local plurinominal, mientras que su marido es el candidato a presidente municipal por la coalición diabólica PRIRD, el diputado local saliente será plurinominal porque compró el espacio y si se reelegía no ganaba; las candidaturas nuevas para diputado local y presidente municipal de Morena fue una negociación en lo obscuro entre los cuatro personajes que decidieron todas las candidaturas en el estado.
Y es por todo ello que no hay desarrollo en los municipios, los recursos sirven para hacer nuevos ricos mientras que el pueblo tiene que trabajar para comer todos los días. Es por eso que tenemos que invertir el juego de ajedrez, que los peones se unan y pongan en jaque a los reyes, las reglas deben de cambiar.
El movimiento que han venido dando los Comisariados de Guerrero en torno a la operación del Programa de Fertilizante es un ejemplo que ilustra el gobernar desde abajo. Durante 27 años fue un gran negocio y el mejor espacio para hacer clientelismo político, padrón abultado, líderes negociantes, presidentes municipales controladores, funcionarios de gobierno que se prestaban a todo, mientras que la producción de maíz nunca aumentaba.
Ante ello el Presidente AMLO dio un golpe de timón pero como en la Sader predominan los funcionarios neoliberales, el primer año del programa siguió exactamente igual, por ello se dieron las movilizaciones, tomas de carreteras y de bodegas.
A finales de 2019 los Comisariados decidieron tomar el control bajo la consigna de “solo el pueblo organizado puede coordinar al gobierno”. Se hicieron entonces las asambleas comunitarias para decidir los padrones y la programación de superficie; gracias al seguimiento puntual se fueron resolviendo los diversos problemas y presionando a las instituciones involucradas para que se coordinaran con los Comisariados.
El resultado final es que se tiene un padrón de casi 310 mil productores que aún se irá depurando y al día de hoy, se tiene un avance de distribución del 95 por ciento mientras que en 2019 apenas se estaba planeando la entrega.
Con base en esta experiencia, impulsaremos que en cada comunidad se decida en asamblea la obra prioritaria y exigir que se considere en los presupuestos que llegan al municipio. Además de ello, demandar transparencia y el cumplimiento de las acciones que todo municipio está obligado por ley a realizar. El pueblo organizado debe gobernar desde abajo.