EL-SUR

Viernes 01 de Diciembre de 2023

Guerrero, México

Opinión

Al rojo vivo

Abelardo Martín M.

Noviembre 17, 2020

 

Ante el recrudecimiento de la pandemia del coronavirus en todo el país, la actividad político-electoral ha ganado espacio a la epidemia y otros problemas ocupan la atención, muchos de ellos claramente promovidos y agigantados por la oportunidad electoral.
Los partidos adversarios de Morena y sus aliados están nerviosos e hiperactivos en todo el país, con la certeza de que cualquier ataque al presidente López Obrador puede redituarles ganancia electoral en las elecciones en puerta. La furibunda escalada de ataques a AMLO en Tabasco, su estado natal, reflejan encono y odio que se pretende incitar e inocular en los tabasqueños y en el resto de los mexicanos. A toda costa se pretende el desgaste presidencial para lograr arrebatar la mayoría legislativa en la Cámara de Diputados y aumentar la oposición a Morena en todo el país.
Lo normal, pues.
Mientras la pandemia del coronavirus toma fuerza de nuevo en todo el mundo, al grado de paralizar economías en diversas naciones de Europa, y obligar al repliegue de la actividad en muchos otros países, entre ellos el nuestro, el ambiente político mexicano se calienta ante la próxima elección en junio de 2021, la que por su dimensión sólo será superada por la que ocurrirá en 2024, para elegir a un nuevo Presidente.
En junio próximo el voto popular renovará quince gubernaturas, es decir, a los mandatarios de casi media República, así como a quinientos diputados federales, y los congresos y ayuntamientos en prácticamente todo el país. En los poderes legislativos federal y estatales ya se ha generalizado la paridad de género, que deberá ser observada en esta ocasión de manera escrupulosa, a la hora de presentar propuestas.
Pero en el caso de quienes aspiran a las gubernaturas, el tema ha desatado una controversia que llegará a los tribunales e incluso a la Suprema Corte de Justicia, pues el Instituto Nacional Electoral ha emitido criterios para que los partidos postulen, con el propósito paritario, a sus candidatos hombres y mujeres a esos cargos, y desde el Senado de la República y las agrupaciones políticas se han generado iniciativas de controversia constitucional para impedir la expedición de leyes o reglamentos justificados en la forma, pero ilegales en el fondo, ya que no cabe aplicarla, dicen, porque se trata de designaciones únicas en entidades soberanas.
Ya veremos cómo se resuelve el tema, cuya solución incidirá desde luego en los planes y estrategias de las campañas. Pero ya desde ahora está en movimiento la clase política nacional, empezando, desde luego, por las entidades donde se relevan los mandos estatales.
Tal es el caso de Guerrero, donde hay más de una decena de figuras que aspiran a gobernar el estado, la mayoría, por supuesto, en el Movimiento de Regeneración Nacional, cuyo candidato sea quien sea se erigirá en el ganador, según predicen los resultados, hasta ahora, de las encuestas.
Para asegurar su triunfo, Morena ha anunciado que irá en coalición con el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista, en tanto que el PRI se ha aliado con el PRD para disputar la gubernatura. El PAN y el MC irán solos, aunque la mayoría sabe que todo está por verse y todo es negociable.
Los golpes bajos no son sólo entre los adversarios de los distintos partidos, sino más duros y difíciles al interior de cada organización política. Los que conocen los intereses en Guerrero saben que en Morena los conflictos internos ya están a todo lo que dan. Por un lado aparece como el más adelantado el senador con licencia Félix Salgado Macedonio, pero no deja de aparecer como posible Amílcar Sandoval, a quien se identifica como el más rezagado en las preferencias electorales, pero el mejor ubicado en el centro del poder en México, por ser hermano de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval y cuñado del muy desprestigiado John Ackerman. También tiene posibilidades, según algunos, Beatriz Mojica.
No obstante, Salgado, Salazar y Mojica ven como su principal enemigo al ex presidente municipal de Acapulco, Luis Walton, a quien muchos consideran como el de mayores posibilidades sin ser, hasta ahora, militante de Morena. Hay quienes especulan en una alianza “de último minuto” en caso de que Walton tomara la delantera.
Lo relevante es que la llamada “guerra sucia” ya está a todo lo que da y todos los contendientes están a punto de convertir el ambiente político en una auténtica batalla campal. Los ataques a quienes quieren ser candidatos, con el objetivo evidente de “bajarlos” de sus aspiraciones aparecerán con mayor contundencia conforme se acerque el momento de las campañas y la elección, lo raro sería que no ocurriese.
Otros efectos de la ebullición política se advierten, como la rebelión de media bancada morenista en el Congreso guerrerense para intentar relevar al titular de su Junta de Coordinación Política. Sabremos en breve si los disidentes logran su objetivo, pero es evidente que todo ello se inscribe en los posicionamientos de los grupos rumbo a la definición de candidaturas y la sucesión gubernamental.
Todo ello mientras los nuevos y viejos problemas del estado siguen agudizándose y haciéndose crónicos, desde la violencia y el crimen organizado hasta la falta de desarrollo económico y empleo, el bajo nivel educativo y de servicios de salud, entre los más acuciantes. Será interesante, más allá de las tácticas para hacerse del poder, escuchar lo que proponen las y los candidatos para abordar esa problemática.
Como todo, esta etapa prelectoral tiene sus dos caras, la buena es que se renueven los cargos gubernamentales y políticos, lo malo es el recrudecimiento de la animosidad, la violencia verbal, la mentira como estrategia electoral, el calentamiento y eventual explosión de brotes de violencia que recrudezcan el ya de por sí muy agitado y costoso ambiente, padecido durante tantos años por la mezcla de ausentes y malos gobiernos.