EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Álamo

Esthela Damián Peralta

Octubre 28, 2025

Dicen que Álamo debe su nombre a los árboles que abrazan al río Pantepec, altos y plateados, que resisten los vientos y se inclinan sin quebrarse. Tal vez por eso, quienes nacen o llegan aquí aprenden también a resistir, a enraizarse y a volver a ponerse de pie cuando las aguas crecen. Álamo no sólo lleva el nombre de un árbol: lleva en su historia la memoria de un pueblo que, como esos álamos, florece aun después de la tormenta.
Hoy, esos mismos álamos parecen inclinarse con pesar ante la fuerza del agua. El Pantepec, que antes corría manso entre huertos de naranja y caminos de tierra, se desbordó con una furia que nadie recordaba. Las calles se volvieron cauces, las casas balsas, y la gente se enfrentó al miedo de perderlo todo. Pero entre el lodo y el silencio que deja el agua al retirarse, volvió a brotar la fuerza más genuina del pueblo: su capacidad de ayudarse unos a otros. Porque en Álamo, incluso cuando el agua arrasa, el alma no se ahoga, como en nuestro querido Acapulco con sus últimos huracanes o nuestro querido México a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional, nuestra bella y buena gente siempre puede más que cualquier contingencia natural.
Por instrucciones de la Presidenta Claudia Sheinbaum, acudimos la semana pasada al estado de Veracruz para colaborar en la atención de las afectaciones provocadas por las lluvias intensas registradas en las últimas semanas, que también impactaron a Hidalgo, Querétaro y San Luis Potosí. A la Subsecretaría de Prevención de las Violencias, que tengo el honor de encabezar, nos correspondió coordinar esfuerzos en el municipio de Álamo, en representación de la doctora Sheinbaum, trabajando de manera conjunta con dependencias de los tres órdenes de gobierno para apoyar las tareas de recuperación y acompañamiento a la población afectada.
El fenómeno meteorológico había ocurrido días antes y ya se encontraban desplegadas en la zona diversas instituciones como la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, Bienestar, Salud, Trabajo, el Gobierno del Estado, Protección Civil, Conagua, IMSS Bienestar e IMSS Ordinario, entre otras. Nuestro trabajo inicial consistió en realizar recorridos de diagnóstico y acompañar la entrega de apoyos en las colonias más apartadas, donde algunas familias aún permanecían en sus viviendas por temor o por falta de alternativas inmediatas.
Durante estos recorridos, identificamos áreas de oportunidad para fortalecer la coordinación interinstitucional: mejorar la comunicación entre dependencias federales y estatales; optimizar el uso de maquinaria y equipo en zonas críticas; e implementar herramientas tecnológicas que permitieran monitorear en tiempo real la situación de los albergues, el estado del drenaje, la limpieza de calles y avenidas principales, y los avances en la recolección de residuos y escombros.
Cada tarde, los equipos de todas las instituciones nos reuníamos para evaluar avances, detectar nuevos desafíos y resolver asuntos operativos que, aunque pudieran parecer menores –como las llantas ponchadas de los equipos pesados o la falta de refacciones–, se convertían en cuellos de botella para el progreso de las labores. Paralelamente, la Secretaría de Bienestar realizaba su censo casa por casa para registrar las pérdidas materiales y garantizar que los apoyos llegaran directamente a quienes más los necesitaban.
Aunado a lo anterior, diaria-mente, sosteníamos reuniones a distancia con la Presidenta de la República, en las que cada insti-tución informaba sus resultados y necesidades. La doctora Shein-baum seguía de cerca los reportes y hacía observaciones precisas para mejorar la estrategia de recupera-ción, recordándonos siempre que lo más importante eran las perso-nas, su bienestar y la pronta norma-lización de la vida comunitaria. Un papel fundamental desempeñó la Secretaría de Infraestructura y Obras, que en coordinación con los gobiernos estatales trabajaba sin descanso para restablecer caminos y accesos afectados por las lluvias. La Presidenta dirige este esfuerzo con rigor, sensibilidad y una visión profundamente humana, impulsan-do a todo el servicio público a actuar con empatía y eficacia.
Días después, la Presidenta Sheinbaum visitó Álamo para constatar personalmente los avan-ces en la recuperación. Con la precisión de una científica y la cer-canía de una líder comprometida, realizó observaciones que fueron atendidas de inmediato por las distintas dependencias. Su presencia reafirmó la importancia de actuar con coordinación, sensibilidad social y eficacia institucional. Lo digo con convicción: es mi jefa y una líder que inspira con el ejemplo.
Fueron jornadas intensas bajo el sol implacable de Álamo, que ponía a prueba la resistencia de todos, pero también recordaba el propósito: lograr apoyar al pueblo y acompañarlo en su recuperación.
El último día de su servidora en Álamo, junto al Almirante secre-tario de Marina, recorrimos la zona más afectada. La instrucción de la Presidenta fue clara: ninguna calle debía quedar con montículos de lodo ni restos de basura. Ese pue-blo está hecho de raíces profundas y de una voluntad que, como sus árboles, se niega a quebrarse.
El cambio climático ya no es una advertencia: es una realidad que nos exige preparación, cooperación y respuesta inmediata. Las contingencias ambientales, como la vivida, nos recuerdan que ningún esfuerzo aislado basta, debemos fortalecer los mecanismos de prevención y reacción desde un enfoque interinstitucional, donde cada dependencia asuma su papel con responsabilidad y compromiso, y donde la ciencia, la planeación territorial y la empatía hacia las comunidades sean pilares de toda acción pública.
Dejo por aquí mis reflexiones finales. Cada contingencia ambien-tal representa un desafío distinto y, al mismo tiempo, una oportunidad para fortalecer la coordinación entre instituciones y comunidad. En esta experiencia confirmé algo funda-mental: nuestras y nuestros solda-dos, marinos y personal de todas las dependencias son pueblo uniformado, personas comprome-tidas que limpian, trabajan, resuel-ven y se vinculan con la gente de la manera más humana y solidaria.
La coordinación exige comunicación constante y capacidad de respuesta inmediata; ningún asunto puede postergarse, porque hacerlo retrasa el esfuerzo de todas y todos. En estas tareas, ninguna institución sobra y nadie está de más. La participación de la sociedad civil, los gobiernos locales y los empresarios de las zonas vecinas es indispensable. En una emergencia, mientras más sumemos voluntades, más pronto lograremos que Álamo recupere su ritmo y vuelva a brillar con la fuerza que la distingue como la capital de la naranja.
Nos leemos el próximo martes.

@EsthelaDamian