EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Alcaldes de Acapulco (XLVIII)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Septiembre 27, 2018

Dolor e indignación

Luego de los paréntesis visual y auditivo de la Reseña de cine y el estreno mundial de El Pesebre del chelista Pablo Cassals, Acapulco vuelve a la agitación popular. Plantones y marchas callejeras impulsadas por la lucha universitaria y la defenestración del alcalde Jorge Joseph Piedra. El palacio municipal está “tomado” por grupos del movimiento (“parada cívica”, se le llama), mientras que el presidente del Consejo Municipal, Alfonso Villalvazo, despacha en su propio domicilio. Un escenario de guerra, pues.
En Chilpancingo, un hombre ha trepado a un poste de luz para colgar una manta contra el gobierno. Un soldado del 24 Batallón de Infantería, al mando del general Morales Guerrero, le ordena bajar pero como aquél no le obedece lo tumba de un disparo. Se produce entonces un infierno de metralla que deja, al disiparse la humareda, 14 cadáveres de hombres y mujeres. Guerrero hierve de dolor y la indignación no tiene medida.
Apenas horas antes, el Senado de la República integra una comisión de cuatro de sus miembros para investigar el “caso Guerrero”. Una vez en suelo guerrerense, los atildados comisionados no requerirán de mucho tiempo para cumplir con su trabajo. Lo que querrán es salir cuanto antes de este infierno. Vuelan a la ciudad de México para emitir un dictamen tembloroso y lacónico: “Nómbrese un nuevo gobernador provisional pues no existe autoridad en la entidad”

Martínez Adame, gobernador

Y así lo hace el Congreso de la Unión. Nombra gobernador sustituto constitucional al abogado Arturo Martínez Adame, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quien asume el cargo el 4 de enero de 1961. Su primera orden ejecutiva será la libertad de todos los presos del movimiento.
El chilpancingueño Martínez Adame se enfrenta en un clima de tensión e incertidumbre, humeantes aún los rescoldos de la “guerra del año pasado” . De su persona se exalta, además del paisanaje, una sólida formación académica, potente sabiduría jurídica, paciencia y tolerancia, mucha paciencia y mucha tolerancia. Un hombre bueno y nada malicioso y de pilón poeta. Fama esta que corre desbocada por los altibajos guerrerenses y ¡ya sabemos lo que piensan los sureños de los hombres buenos y sin malicia!
Hombre de cubículo silencioso y podio solemne, Martínez Adame viene, según las “condolencias” que recibe de amigos y colegas, a gobernar a paisanos salvajes e irredentos. El no percibe en ellas ningún asomo de broma o chacota. Y lo peor, llega a tierras donde alegremente se viola y despoja de su antifaz a la propia Themis, la vulnerable y casquivana deidad de la Justicia. No obstante, nadie en su sano juicio se ha negado a cumplir una comisión de tal naturaleza y mucho menos si la orden viene el señorpresidentedelaRepública. ¡ Ay!, cuánto debió haberlo envidiado su hermano, Emigdio Martínez Adame, eterno aspirante a la gubernatura de Guerrero.
El hombre más cercano al gobernador tendrá que informarle que Acapulco está a la deriva, sin autoridad municipal. El togado hace las consultas pertinentes y entonces designa a un Consejo Municipal encabezado por el licenciado Teófilo Berdeja Aivar, un estudioso y practicante de la norma al que seguramente conoce bien. No le atina, sin embargo, en el resto del cabildo. Parecería, dice la gente, haberlos sacado de las columnas sociales de Arturo Escobar García en Trópico. Gente popof , pues, ninguna relacionado con la Revuelta cívica, como la llama don Salvador Román Román y que da título a su libro de 667 páginas.

El Concejo Municipal

La respuesta no se hará esperar. El periodista Filemón Carmona Rivera se trepa una noche a una pila de tabiques levantada frente al palacio municipal y pide atención a dos o tres centenas de personas ahí reunidas. Se trata, les explica, de elegir democráticamente y por vía de la aclamación a sus nuevas autoridades municipales. La lista que maneja Carmona es el resultado de una reunión celebrada horas antes en la casa de Praxedis Lobato, en el Pozo de la Nación.
Explica Filemón que el compañero o compañera que él mencione formará parte del Ayuntamiento Popular de Acapulco, por lo que deberán aceptarlo mediante aclamaciones sonoras o rechazarlo con silbidos. Empieza:
Canuto Nogueda Radilla, presidente del Concejo Municipal de Acapulco, (aclamado sonoramente).
Constancio Martínez Ramos. Síndico, (aclamado entusiastamente).
Regidor Tomás Diego Paco (aclamado).
Regidor Praxedis Lobato H. Luz (aclamado).
Regidor Raymundo Rosas Abarca (aclamado).
Regidor Dr. Rosendo Vega Arcos (aclamado).
Regidora suplente Juan Quiroz Márquez (aclamada sonoramente).
Regidor suplente Francisco Ma. Dávila Otero (aclamado).
El propio Carmona Rivera asumirá aquella noche del 17 de enero de 1961 la facultad de tomar la protesta, siempre a nombre del pueblo, al ayuntamiento de Acapulco que concluirá el trienio constitucional 1960-1962.
Canuto Nogueda Radilla, siempre ligado a causas populares, encabeza a un grupo de acapulqueños de buena cepa encargado de apagar los rescoldos todavía humeantes de la revuelta cívica. Rebelión cuyo saldo de sangre, sudor y lágrimas (Churchill dixit) no fue escaso en Acapulco, ciudad significada, además, como punto neurálgico en materia de comunicación social.
No es cierto, a propósito de ello, lo que dice la Enciclopedia de México (tomo 6, página 499) en el sentido de que “el general Caballero Aburto cayó como consecuencia de una crisis política local, de octubre de 1960, cuando sus diferencias con el Ayuntamiento de Acapulco se propaguen en la Universidad de Guerrero”.
Fue el revés, Joseph Piedra, frente a una crisis económica insostenible al interior de la Comuna, se arropa con el movimiento popular anticaballerista, generado, enarbolado, propagado y sufrido, llegando incluso al martirologio, por la juventud universitaria. Ello por más que pescadores en río revuelto, que nunca faltan, se asignen falsos e interesados protagonismos. Y la neta: Caballero Aburto fue defenestrado por causa de la matanza de Chilpancingo, pues de lo contrario hubiera terminado felizmente su sexenio.

Teófilo Berdeja

El gobernador Martínez Adame nombra a su colega Teófilo Berdeja Aivar como presidente del Concejo Municipal para terminar la gestión de Joseph Piedra. Ya fuera por haberlo conocido en el foro o recomendado por Donato Miranda Fonseca, quien había servido como juez en Tecpan de Galeana, la tierra de los Berdeja. Nunca se supo. Lo cierto es que don Teófilo se mantuvo a la expectativa eludiendo cualquier roce con nadie, principalmente con sus vecinos de los barrios de La Playa y La Pinzona. Por su mente nunca pasó la idea de tomar posesión de la alcaldía con el apoyo de la fuerza pública y si así se lo ordenaban, preferiría renunciar. Y así lo hizo, finalmente, convencido de que nunca sería factor de desunión entre los acapulqueños.
Y no era que Berdeja desdeñara la presidencia municipal por pruritos clasistas. Más tarde lanzará su candidatura a la alcaldía de Acapulco, junto con otros nueve aspirantes, todos contra Martín Heredia Merckley. Este último resultará triunfador de aquellas elecciones, sin duda las más competida en la historia del municipio (1965).

Todos o ninguno

Ante el gobernador Martínez Adame, el Concejo Municipal de Acapulco, encabezado por Canuto Nogueda Radilla, se dispone a escuchar la decisión final del mandatario en torno a su integración informal e ilegal. Les advierte que, por ello mismo, son simples integrantes de una planilla cuya conformación él decidirá. Habla el mandatario.
“Aquí tengo la lista y ahora mismo voy a informarles si les concedo dos tres regidores y les advierto que ninguno de ellos será Jorge Joseph…
“–Con su permiso, señor gobernador –interrumpe una voz ronca pero clara proveniente del grupo de acapulqueños. Pertenece a Clemente Mazón Medina, responsable del movimiento en Iguala. Hombre pequeño, mantiene en alto el brazo derecho hasta llegar frente al mandatario:
“–Con todo respeto, señor gobernador, hablo en nombre de los acapulqueños que desde el 17 de enero eligieron a sus propias autoridades encabezadas por don Canuto Nogueda Radilla. Solo dos asuntos, señor: Primero, ¡no venimos a pedir su limosna y, segundo, señor, o es todo el cabildo o no es ninguno… y seguiremos en la lucha!
“El nuevo gobernador –escribe Emilio Vázquez Garzón en el El Ciudadano Jorge Joseph – hombre tímido, se puso todo nervioso y palideció y entonces invitó a la comisión de Acapulco a pasar a su privado para discutir el asunto”.
–¡Fueron todos!, ¿no, cabrón? –comenta a la salida el edil Tomás Diego Paco.

El gobernador

Arturo Martínez Adame nació el 11 de septiembre de 1896 y murió el 8 de junio de 1970.
En 1919 el gobierno de Guerrero le otorgó una beca para estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria. Se recibió de abogado en el Instituto Literario del estado de Guerrero. En 1923 escribió El Régimen Parlamen-tario o Gobierno de gabinete.
Tres de sus poema figuran en la Antología de poetas guerrerenses, del maestro Lamberto Alar-cón, 1944.