EL-SUR

Martes 11 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Alcaldes de Acapulco (XXVII)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Mayo 03, 2018

Guerrero no se entendería, por lo menos durante el último cuarto de siglo, sin la presencia cotidiana de El Sur. En Juan Angulo, nuestro director, felicito a todos quienes han hecho posible la hazaña.

El aeropuerto

Faltando escasos días (22 de noviembre de 1952) para que entregue el mando del país, el presidente Miguel Alemán visita Acapulco. Viene a lo que viene y, para no dar más de qué hablar sobre su talante lujurioso, inventa una inspección del nuevo aeropuerto de la ciudad. El del Plan de los Amates, construido por su gobierno y aún en proceso de detalles. Lo acompañan el gobernador Alejandro Gómez Maganda y el alcalde Ismael Valverde.
Luego de reiterar que “Acapulco debe seguir siendo la clave principal para el turismo de México”, el gobernante felicita a los constructores de la hermosa y gigantesca terminal aérea que, a decir de uno de ellos, llevaba absorbidos 547 millones de pesos. Cinco meses más tarde (25 de abril de 1953) será inaugurada con el nombre de Gral. Juan Álvarez, por el recién entrante presidente Adolfo Ruiz Cortines. Adquirirá rango internacional con Díaz Ordaz, en 1967.

La población

La población de Acapulco se estabiliza durante la Colonia en 4 mil habitantes, incluso hasta la visita de Alejandro de Humboldt, en 1806. No obstante, durante los dos o tres meses mediando entre la llegada y la partida de la Nao de Manila, los visitantes sumarán el doble y quizás más.
Ya en pleno siglo XX, entre los años 20 y 30, Acapulco apenas sí eleva a 6 mil 500 el número de residentes, no tan alejado de Tixtla, por ejemplo, rasguñando los 5 mil 512 habitantes. Chilpancingo, la capital, sobrepasaba los 8 mil e Iguala presumía de poco más de 12 mil. Será en la mitad del siglo XX cuando los números varíen drásticamente: Acapulco 28 mil 512; Tixtla, 7 mil; Chilpancingo, 12 mil 673; Iguala, 19 mil 422 y Taxco 19 mil 023.

El crecimiento urbano

El crecimiento urbano de Acapulco es ajeno, como en otros países, a la concentración industrial y al desarrollo económico. Por el contrario –sostienen César Campodónico y Wilson Nerys Fernández–, aquí es producto del subdesarrollo y también de la migración campesina. Huyendo esta de la agricultura, no sólo atrasada sino deteriorada y sin alicientes económicos. Migrantes que, a decir verdad, solamente engrosaron los núcleos marginales negados a todas las ventajas de la modernidad.
“Guerrerenses convertidos en hombres sembrando el surco para vivir de la tierra, olvidarán aquí sus antiguas destrezas con la tarecua y el arado. Tanto que no volverán a tocarlos, ni siquiera para producir sus propias memelas. Acapulco vivirá desde entonces y hasta ahora atenido a que le lleguen de fuera las subsistencias agropecuarias demandadas por su habitantes y el turismo (Campodónico y Nerys, Crecimiento de Acapulco, Ediciones Municipales, 1981).
1953

1953 resulta ser, por donde se le vea, un año singular y sumamente interesante. En el mundo ancho y ajeno se dispara el último tiro en la guerra de Corea y Diosito, en una prueba tardía de su existencia, negada dogmáticamente por el marxismo-leninismo, decide llevarse al padrecito Josef Visaronovich Djugasville, conocido en las estepas siberianas como Stalin. Lo envía hasta el más allá dejando en lloriqueante orfandad a millones de rusos y no pocos intelectuales mexicanos.
En México, el presidente Adolfo Ruiz Cortines otorga a las mujeres el derecho a votar, de sufragar pues. Puntada del mandatario, cuya pasión era “ahorcar mulas”, lo mismo en el dominó que en la política, que no conmovió a nadie. Y no pudo serlo de otra manera en un país donde las damas, según los decires clásicos del momento: “eran buenas nomás para esto y para aquello”. En un ángulo más amable, es tiempo de los ejercicios caligráficos de Juan Rulfo cuajados en El llano en llamas. Último año en el que un dólar estadunidense se cambiará por ocho “pachucos” más un tostón, arraigándose 12 meses más tarde en los eternos 12. 50.

Miranda Fonseca

1953 es el año en que se consuma la más insolente y descarada imposición política de que tuvieran entonces memoria los acapulqueños. La imposición de Donato Miranda Fonseca como alcalde de Acapulco. Chilapeño, 55 años, profesor normalista y abogado por la Escuela Libre de Derecho; campeón de oratoria en el certamen del diario El Universal, Puebla 1921. Juez penal en varios distritos de la entidad y entre ellos Chilapa y Tecpan de Galeana y magistrado del Tribunal Superior de Justicia. Diputado en la Legislatura federal XXXI y Senador de la República de 1946 a1952.
El camino de Donato hacia el palacio municipal de Acapulco (hoy CAPAMA) no estará sembrado de margaritas o azucenas. Justamente indignados por su imposición, grupos sociales y obreros opondrán al intruso vigorosas actitudes cívicas de rechazo. Podían faltar los insultos y los clásicos recordatorios maternos. El antiguo lema político de “Acapulco para los acapulqueños”, cobró vigencia en contra de la terquedad patológica del Centro de considerar párvulos –por no decir pendejos– a los habitantes de la provincia.
La oposición a la candidatura de Donato estuvo encabezada, entre otros grupos fuertes, por la Unión de Estibadores y Jornaleros del Pacífico (CROM). Cuenta el cronista Díaz Clavel que su dirigente, Constancio Tancho Martínez Ramos, aprovechó la presencia del presidente Alemán en un evento cultural del Fuerte de San Diego, para cuestionarlo a gritos:
–Señor presidente Alemán, la federación ofende a los acapulqueños imponiéndoles alcaldes forasteros. Acapulco, señor, debe ser para los acapulqueños, añadió el encararlo.
–Ese, amigo mío, no es un asunto del presidente de la República sino del PRI, reclámenle al partido.
Su respuesta no alcanzó los decibles necesarios para ser escuchada por la audiencia, así que solamente el grupo que lo rodeaba se enteró de ella. Claro que más tarde la amplificaron incluyendo el verbo más usado en Alvarado, Veracruz.

El Cabildo

Al intruso chilapeño le vendrá de perlas la integración de su Cabildo con acapulqueños sencillos, trabajadores y honrados a carta cabal. Allí estuvieron don José O. Muñúzuri, síndico; regidores Roberto Maya Torreblanca, Francisco Mújica Bahena, Francisco Castrejón, Félix Ocampo Olea y Manuel Herrera Martínez. El secretario municipal fue inicialmente don Carlos E. Adame, pero como la nueva legislación pedía un abogado, entra el licenciado José Flores Romero.
Hombre de talentos sobrados y político con habilidades poco usuales, Donato Miranda no recurrió a los métodos tradicionales para desarticular la oposición en su contra. Convencido de que quienes cuestionaban su presencia eran acapulqueños dignos y respetables y no “empresarios de la contra” o “pescadores en río revuelto”, actuó en consecuencia. No arría aquellas banderas con cargos, dádivas o prebendas, se las gana con obras de bienestar para la celosos acapulqueños.
El mismo día de su ascensión el poder, el chilapeño inicia un programa de obras en beneficio de las colonias y comunidades habitadas, but of course, por los porteños más más más jodidos. Algunas con claras dedicatorias: una casa de salud para el poblado donde reside el más enconado de sus críticos; unos lavaderos públicos en el barrio habitado por las mujeres más cuestionadoras de su presencia en Acapulco Y así hasta ganarse no sólo el respeto sino la simpatía e incluso la amistad de aquellos. “Les está cerrando el hocico con cemento”, proclamaban los intransigentes.
Los verbos floridos del alcalde Miranda Fonseca y del gobernador Gómez Maganda, exaltados como dos de los más grandes tribunos de Guerrero, se pondrá a prueba durante una inauguración escolar. La de la escuela Silvestre Castro, en la colonia Aguas Blancas, donde el chilapeño lanza un reto que sólo advierte al gobernador de Arenal de Gómez. Al término de las dos piezas oratorias, la concurrencia sencilla que las ha escuchado como sermón de misa, prorrumpirá en aplausos e incluso con llantos. Sólo más tarde la gente de ambos bandos coinciden en una frase “¡Mi jefe se chingó al tuyo!”.

Vestido para casamiento

La gente se hace cruces sobre el atuendo de su alcalde. Se viste para ir a trabajar como si fuera a una fiesta, comentaban burlones. O a casarse por la iglesia o, de plano, a “difuntiarse”, añadían otros con jiribilla. Y en efecto, el alcalde Miranda vestía traje riguroso con camisa de cuello duro y corbata. Todos los días, sin faltar, mañana, tarde y noche, canícula incluida. ¿Aire acondicionado? ¡Qué va! Dentro del despacho presidencial sólo giraba un ventilador de techo, “más lento que la Reforma Agraria”, según acusaba el regidor campesino. A todo esto, nunca faltó la voz sensata y mesurada de doña Petra Roque, preguntando en esta ocasión:
–¿Y qué querían, bola de pendejos, que el hombre por ser de Chilapa vistiera camisa de manta, guaraches de llanta, sombrero deshilachado y pantalón cruzado enseñando las verijas? ¡No, pos no!

El primer informe

“Interesante primer informe de labores del alcalde Donato Miranda Fonseca”, publica el semanario Acapulco Gráfico, dirigido por Rogelio Noriega, del 4 de enero de 1954.
“Teniendo a su izquierda al gobernador Alejandro Gómez Maganda y a su derecha al general Juan Flores Torres, comandante de la 27 Zona Militar, el señor licenciado Donato Miranda Fonseca leyó el primer informe correspondiente al primer año de labores al frente del Ayuntamiento. Un documento político que hará historia en los anales del municipio.
“Varios aspectos importantes se escucharon desde las 12 en el Palacio Municipal, trasmitiendo el acto la emisora local XEKJ, destacando los renglones de obras pública y política. Diecinueve partidas se incluyeron en las transferencias del presupuesto de egresos ajustado este los servicios públicos absorbiendo un total de dos millones cuatrocientos diez y siete mil cuatro cientos treinta y seis pesos con sesenta centavos Todo ello sin elevar tasa de impuestos y derechos”.

El más inteligente

En los corrillos del puerto se concede al guerrerense Miranda la posición privilegiada de ser el más avezado e inteligente de un terceto político que camina los vericuetos que llevan a la presidencia de la República. Lo integran el mexiquense Adolfo López Mateos y el poblano Gustavo Díaz Ordaz, oaxaqueño en realidad, El proyecto es en aquél momento construir una vía rápida entre la alcaldía de Acapulco y la gubernatura en Chilpancingo. Sin embargo, Donato levantó vuelos más altos pretendiendo, como en la canción, “tocar los dinteles de la gloria”. Sus muchos malquerientes sostuvieron siempre que por algo “Dios no da alas a los alacranes”.