EL-SUR

Lunes 04 de Marzo de 2024

Guerrero, México

Opinión

LA POLÍTICA ES ASÍ

Alejandro Cervantes, la despedida

Ángel Aguirre Rivero

Septiembre 22, 2023

Un hombre honesto.
Cuando se disponía a hacer su último viaje a Estados Unidos al lado de sus hijos y sus nietos, pues advertía que pronto terminaría su existencia, lo visité en la casa que rentaba, propiedad de Luis Walton Aburto (qepd), de quien se había hecho entrañable amigo después de haber sido gobernador.
Don Alejandro Cervantes Delgado me hizo una confesión: “Fíjese Aguirre que mi cardiólogo me sugiere hacerme una nueva operación, y me garantiza una esperanza de vida de por lo menos otros cinco años”.
Yo en ese momento fungía como gobernador interino y le pregunté: “¿Y qué piensa usted hacer?”
–Pues que no me voy a operar.
–¿Por qué, si le garantizan otros cinco años de vida?
–Mire, es una operación muy complicada y ahí me puedo quedar, y además me van a prohibir fumar, me van a quitar mi pipa y hasta mis puros. Y no los voy a dejar aunque tenga que vivir menos.
No pude hacerle cambiar de opinión, y ahí entendí por qué su canción preferida siempre fue A mi manera.
Me ofreció un queso añejo de Tierra Caliente, tomamos un par de mezcales y repasamos muchos recuerdos de su gobierno, como una forma de despedirnos para siempre. Fue la última conversación que tuvimos.
Evocamos el viejo Chilpan-cingo (donde él nació), hablamos de su niñez, de cómo disfrutaba del río Huacapa y de los escurrimientos del Cerrito Rico, donde se formaban cascadas en las épocas de lluvia.
–Usted no me lo va a creer Aguirre –me decía emocionado–, pero íbamos a nadar y aventarnos clavados al Huacapa cuando yo era un niño, pero hoy es tristemente uno de los focos de contaminación más graves de nuestra capital.
–¿Oiga don Alejandro –pregunté–, para usted cuál es el mejor legado de un gobernador?
Me miró fijamente y contestó: –Que cuando ya no seas nada, camines por las calles de tu pueblo y la gente te salude con respeto y con afecto; si no te mientan la madre, date por bien servido joven Aguirre.
De él aprendí muchas cosas: a ser sensible, a amar profundamente a mi pueblo, a amar las costumbres y tradiciones, la rica gastronomía de nuestro querido estado, pero sobre todo, aprendí de él la honestidad en el manejo de los recursos públicos, la humildad, la sencillez y el buen trato a los guerrerenses.
Alejandro Cervantes en su época de estudiante pagó los gastos de su carrera de Licenciado en Economía en la UNAM con los ingresos que percibía como maestro, en eso coincidimos porque yo hice lo mismo.
Los dos éramos egresados de la Facultad de Economía de la Máxima Casa de Estudios, en donde ambos fuimos maestros y nos tocó presidir nuestras generaciones.
Su brillantez lo llevo a obtener en 1957 el Premio Anual de Economía otorgado por el Banco Nacional de México (Alejandro Cervantes Delgado hombre de convicciones y de hechos / Guadalupe Gómez Maganda / Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Pág. 104).
Cuando fue diputado federal, le tocó presidir la Comision de Presupuesto y Cuenta Pública; en eso también coincidimos, pues fuimos los únicos guerrerenses que hemos tenido esa delicada responsabilidad.
A él le tocó recibir la conducción de un estado profundamente lastimado luego de una etapa de represión hacia el movimiento guerrillero y a sus simpatizantes, en los años setenta.
De 1981 a 1987, Guerrero transitó de los conflictos y desencuentros, a una etapa de estabilidad.

Con sensibilidad promovió un gobierno de reconciliación, apoyó a los emprendedores a través de los programas Crédito a la Palabra, Dando y Dando, y la educación con Aulas Comunitarias, entre otros.
Nos enseñó a no utilizar la violencia para resolver nuestros problemas y por el contrario privilegiar el diálogo bajo cualquier circunstancia.
El día en que lo conocí en la Ciudad de México, antes de que lo nombraran candidato a la gubernatura de Guerrero, sellamos un pacto que cambió mi vida. En esa ocasión le dije: –señor estoy aquí con usted porque quiero compartir su destino político… Don Alejandro esbozó una sonrisa y me contestó: –me parece muy bien Aguirre, esté atento, porque yo creo que esto de un día para otro se resuelve.
En la campaña de don Alejandro conocí todos los municipios del estado, siempre llegaba antes que él para presentarle un diagnóstico sobre los principales problemas que le iban a plantear, y le hacía un análisis político muy puntual de las correlaciones políticas en la localidad, de modo tal que él recibía un informe de la situación que iba a encontrar.
Al ganar la gubernatura, don Alejandro se rodeó de gente valiosa, como Héctor Manuel Popoca; José Luis Mosqueda, Juan Larequi, Guadalupe Gutiérrez Fregoso, Humberto Salgado Gómez, una de las personas a quien más quiero y reconozco por su capacidad profesional y honradez,
También tuvo como colaboradores en su administración, a quienes más tarde seríamos gobernadores de nuestro querido estado: José Francisco Ruiz Massieu (QEPD), René Juárez Cisneros (QEPD), y el que esto escribe.
Don Alejandro amaba profundamente a sus hijos: Alejandro, Vicky y Tere y a sus nietos.
Lo recuerdo como una persona de actitud reflexiva y serena. Como mandatario don Alejandro nunca se alteró: en tres años en los que yo estuve prácticamente todos los días a su lado, no lo vi enojarse, nunca me gritó.
Don Alejandro fue un hombre de izquierda, honesto, de ideas avanzadas y visionario. Nos enseñó valores y principios.
Hoy la figura de Alejandro Cervantes Delgado se agiganta, como los grandes robles que dan fuerza y vigor para salir adelante, que dan sombra y energía cuando la tristeza y la nostalgia nos quiere atrapar.
Lo dije en mi discurso el domingo pasado y lo reitero: Alejandro Cervantes Delgado: es de los hombres que nunca mueren.
El día de su partida me encontraba en mi tierra madre, en Ometepec… Yo estaba inquieto, no podía dormir, dos veces me puse de pie; la segunda miré el reloj, registré puntualmente la hora. Media hora después recibí una llamada, era Alejandro Cervantes Rocha, su hijo, quien con mucho pesar me dijo: –compadre, acaba de fallecer mi señor padre.
De inmediato me trasladé a Chilpancigo al lugar donde velaban el cuerpo de quien me había formado políticamente. Alejandro junior y yo nos apartamos y le hice una pregunta: –quiero que me digas exactamente a qué hora dejo de existir don Alejandro. Me dijo la hora precisa. La misma que yo había visto la segunda vez que me levanté inquieto y tuve la curiosidad de ver el reloj, que casi nunca acostumbro hacerlo.
Don Alejandro y yo nos estábamos despidiendo.

Del anecdotario

Había pedido unos helados artesanales que eran muy famosos en aquellos años. Llamó a su jefe de ayudantes para decirle:
–Mire Echeverría (era el apellido de su colaborador), dígale a uno de los ayudantes que vaya a comprar unos helados de Chinono.
–De inmediato señor gobernador –contestó el diligente Echeverría.
Había transcurrido una hora y los helados no llegaban. Don Alejandro, un tanto desesperado, preguntó: “¿Qué pasó con los helados?
–Señor, el ayudante ya recorrió todas las neverías y heladerías… Hay de chocolate, de fresa, de mango, de coco… pero no hay de Chinono.
Don Alejandro Cervantes soltó la carcajada: “Ay Echeverría, por supuesto que de Chinono no hay, porque Chinono es el señor que las prepara, así le dicen.
Y todos reímos con la broma.
A mí me la jugó parecida, cuando recién había llegado a Chilpancingo, un día me preguntó:
–Oiga Aguirre, ¿y usted sabe dónde queda el pueblo de Zoochilpan?
Me quedé pensando y le contesté: –¿no pertenece al municipio de Zumpango señor gobernador?
–No Aguirre, Zoochilpan es el zoológico de Chilpancingo.
Y disfrutó la broma. Ese era don Alejandro.
La vida es así…