EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Alejandro Malaspina

Octavio Klimek Alcaraz

Abril 15, 2017

El conocimiento de la naturaleza ha sido una de las constantes de los grandes viajeros desde Odiseo y Marco Polo hasta nuestros días. En dicho sentido, en el siglo XVIII, se presentaron grandes gestas de verdaderos argonautas.
No quisiera dejar pasar el hecho de que el 27 de marzo de 1791, el ilustre capitán Alejandro Malaspina llegó al puerto de Acapulco a bordo de la corbeta bajo su mando La Descubierta. Esa llegada fue hace 226 años. Un par de meses antes, otra corbeta, La Atrevida, llegó el 1 de febrero de 1791 también a Acapulco bajo el mando del capitán José Bustamante y Guerra. Ambas corbetas estaban al mando del capitán Alejando Malaspina, quien dirigía la expedición que se hacía con ambos barcos.
Es bueno recordar la importancia de Alejandro Malaspina, como viajero científico, para México y el mundo. Unos años después, Humboldt, otro Alejandro seguiría sus pasos desde ese mismo puerto.
Malaspina fue súbdito español. Nació el 5 de noviembre de 1754 en Mulazzo, hoy Italia. Perteneciendo a la nobleza fue educado de manera avanzada, estudió desde cultura clásica, letras, idiomas hasta matemáticas y física. A los 20 años ingresó como guardiamarina en la academia de Cádiz. Su carrera fue brillante en la armada española participando en diversas gestas navales. Destaca que entre 1786 y 1788 a bordo de la fragata Astrea fue el primer italiano que dirigió una circunnavegación del globo terráqueo. Pocos hasta estos días lo han hecho en barco.
Alejandro Malaspina fue enviado por encargo del rey Carlos III, quién moriría un par de meses después de aprobarla. La gran expedición científica y política se llevó a cabo entre 1789 y 1794 y es conocida como la Expedición Malaspina. En cinco años se visitó Sudamérica, México, California, el litoral noroccidental de América hasta Alaska, Filipinas, Australia y diversas islas del Océano Pacífico.
En el siglo XIX no hay otra empresa científica de mayores dimensiones que haya realizado el Reino de España. Entre sus principales encargos tenía el de cartografiar las costas del Océano Pacífico e investigar las relaciones de las colonias y la metrópolis española. Temas como la cartografía naval eran asuntos vitales para competir con ventaja con otros poderes coloniales de esas épocas, como el de los ingleses, franceses y rusos, quienes buscaban ampliarse en sus territorios. Había que detenerlos en los territorios del Océano Pacífico, que a ojos de la corona española era su mar. Finalmente, la monarquía española en esa época extendía sus dominios por la mayor parte del mundo conocido. El otro tema estratégico de investigar el estado de las colonias tenía que ver con recopilar información económica, social, política y militar. Estos trabajos, llevarían años después a Malaspina a simpatizar en sus escritos con una mayor autonomía y reformas liberales para las colonias del Reino de España, lo que sería su desgracia ante los poderes de dicho reino por lo que sufrió la cárcel y el exilio por sus ideas reformistas.
Las corbetas de la expedición, Descubierta y Atrevida, fueron diseñadas y construidas especialmente para el viaje. Sus nombres fueron en honor a los barcos del infortunado James Cook Resolution y Discovery, quien en 1779, 10 años antes del inicio de la expedición de Malaspina, había muerto en trágicas circunstancias en su último viaje a los mares del Sur.
En la expedición de Malaspina viajaban especialistas de todas las ramas del conocimiento. Destacan las figuras de naturalistas y botánicos como el coronel de origen guatemalteco Antonio Pineda, el bohemio Tadeo Haenke. el francés Luis Née, dibujantes como José del Pozo, José Guío, Juan Ravenet, Fernando Brambila y Tomás de Suria. La figura de Antonio Pineda merece un artículo aparte por sus aportes al conocimiento de la naturaleza. Lo mejor de la marina española participó en la expedición de Malaspina, como el astrónomo e hidrógrafo, Juan Gutiérrez de la Concha.
Acapulco fue base fundamental para la expedición Malaspina, el recalado de la Descubierta y de la Atrevida fueron largas y reiteradas. Destaca que, en 1792, desde Acapulco, la expedición Malaspina cruzó el Pacífico en ruta hacia el poniente a las islas Filipinas. Allá moriría, en la isla de Luzón, el coronel Antonio Pineda de fiebres en 1792.
Al regreso de la expedición a España en 1794, las bodegas de las corbetas estaban cargadas de conocimientos, informes, diarios, cartografías, dibujos, especies de herbario, colecciones zoológicas, entre otras cosas. Ninguna expedición en la historia del Reino de España jamás había logrado tal cúmulo de información. Acorde al espíritu enciclopédico de esos tiempos de cambio en Europa,
Lamentablemente, la corona española silenció el viaje y la obra realizada por Alejandro Malaspina durante muchos años. De hecho, como se señalaba anteriormente, el capitán Malaspina sufriría por sus ideas cárcel en España de 1796 hasta 1803. Después saldría al exilio a su tierra natal, donde transcurrirían los últimos siete años de su vida. El 9 de abril de 1810 muere en Pontremoli, Italia, a la edad de 55 años.