EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Algunas lecciones del siglo XX: el periodista como detective

Federico Vite

Septiembre 21, 2021

En la realidad, los detectives no se darían abasto, pero en los libros, especialmente en uno publicado en 1939, tienen poco trabajo. No habrá orquídeas para la señorita Blandish (Traducción de Luis Carlos Fuentes. México, Editorial Océano, 2016, 243 páginas), de James Hadley Chase, seudónimo del inglés René Lodge Brabazon, es un proyecto en el que un ex reportero se convierte en detective y resuelve un caso explosivo: un secuestro sumamente mediático en el que los marginales y los millonarios se unen violentamente. La novela se consuma gracias a ese impacto.
En 1961, Hadley Chase, ya como afamado novelista, le dio una pulida y encerada a este libro. Hizo una revisión para “ajustar” algunos pasajes. “Aligeró” así la violencia y las escenas de sexo explícito. No está de más señalar que la versión de 1939 destaca, en especial, por la carga hardboiled que posee. Afortunadamente, para el lector mexicano, la traducción de Luis Carlos Fuentes (buen narrador, guionista y editor. Su libro más conocido posee un título memorable: Mi corazón es la piedra donde afilas tu cuchillo.) es justamente la de 1939, la que preserva un aura violenta, fogosa y de escándalo.
Grosso modo, No habrá orquídeas para la señorita Blandish da cuenta de un secuestro. Cuando la pandilla de Riley se entera de que la adinerada señorita Blandish usará su costosísimo collar de perlas en su fiesta de cumpleaños, los criminales se ponen en acción: planean robar las alhajas y venderlas. Las cosas salen mal y asesinan al novio de la víctima; después, la secuestran. Creen que el millonario señor Blandish pagará más por su hija que por el collar. Tienen la mala fortuna de encontrarse en una gasolinera con otros criminales. La pandilla Grisson asesina a la banda de Riley; los Grisson se llevan la presa. El señor Blandish paga el rescate, pero la hija nunca vuelve a casa. Slim Grisson, hijo de Ma Grisson, la líder de la banda, se queda con la pelirroja niña rica.
Cuatro meses después del secuestro escandaloso, el señor Blandish se presenta ante Dave Fenner y pone nuevamente en marcha el caso que la policía no pudo resolver. Fenner es hábil como interrogador y magnífico al negociar con los criminales. Recurre al humor negro para señalar los daños de algunas batallas, por ejemplo, durante la gran balacera de la novela mueren algunos mafiosos y Fenner, al ver dos charcos de sangre y los orificios de las balas en un cadáver, dice al jefe de la policía: “Me parece que arruinaste su peinado”.
En asuntos técnicos, me llama la atención el manejo hábil de la voz narrativa omnisciente. Cambia el punto de vista con mucha frecuencia y lo hace con soltura, sin esa coercitiva distancia sicológica de quien se empeña en ser un narrador ortodoxo incluso a prueba de balas. En este caso, la voz narrativa es maleable y dúctil; lo mismo se burla de los criminales que los compadece. Pero nunca pierde de vista el mal, encarnado en Ma y en Slim Grisson, madre e hijo, quienes cometen un error trágico al modificar el plan original del secuestro.
Hadley Chase crea una trama que funciona gracias a una pesquisa informativa. No es una usual corroboración de datos, pues este personaje adopta los recursos humanos de un reportero, es decir, triangula información, engaña a algunos de los interrogados con medias verdades y signa el destino de los infractores con humor negro.
Por principio, Hadley Chase narra un robo de joyas que deriva en un secuestro; después, en la página 108, aparece Fenner. Él cubrió informativamente el secuestro de la señorita Blandish para el periódico Tribune. Publicó varias notas sobre la banda de los Riley; también hizo varios artículos acerca de las pistas que seguía la policía. Como reportero, su último caso fue ese; como investigador, fue el primero. “A lo largo de todos los años que Fenner fue periodista, había coleccionado sistemáticamente cada pedazo de información que se relacionara con los pequeños y grandes gánsteres de la ciudad. Había logrado juntar una enorme biblioteca de hechos que, a menudo, resultaba muy práctica cuando intentaba persuadir a algún rufián de proporcionarle información”, signa el narrador.
La resolución del caso se fundamenta exclusivamente en la revisión de los hechos. Fenner vuelve a seguir los pasos de los sospechosos y es ahí donde se aprieta la trama, y de esa forma se acciona el engranaje de la novela. Slim tiene cautiva a miss Blandish. La señorita vive en una fortaleza, en el corazón de un burdel. No es muy complicado intuir el desenlace. Lo interesante no es la trama criminal sino el talento (esa fusión del cómo y el qué) con el que Hadley Chase detalla el daño irreversible que produce la violencia. De hecho, para miss Blandish la violencia es una variante de la desnudez. Una idea muy atractiva. Las palabras de este personaje, durante toda la novela, son pocas. Cito unas cuantas frases que la definen: “El problema es que no soy capaz de lidiar con ninguna crisis importante en mi vida. Nunca había tenido la necesidad de lidiar con nada, ni había tenido noción de lo que son los valores. Simplemente me divertía todo el tiempo, hasta que esto pasó”.
Para tener una idea de lo que Slim le hizo a la hija del señor Blandish, veamos lo que dice el director de la policía a Fenner: “Estuvo preso dos veces por abuso de menores. ¿Sabías que en la escuela acostumbraba descuartizar gatos y pájaros vivos con unas tijeras, mientras sus compañeritos jugaban a las canicas? Nunca se ha sabido que Grisson persiga mujeres, pero sí tiene una mala reputación con niñas pequeñas. Con niñas pequeñas e indefensas.”.
Aparte de la violencia, el sexo explícito en esta novela es suficiente para que los puritanos se asusten. Hay un striptease en escena, unas cuantas chicas que buscan hombres para pasar el rato y, obviamente, hombres que acosan y golpean mujeres. Hay escenas de tortura, hay balaceras y asesinatos con cuchillo. Todos estos hechos son descritos con el ansia de un narrador que imagina pacientemente la vida y, sobre todo, la muerte de los personajes: “Sus delgadas piernas patalearon durante un largo rato mientras su cuerpo se revolcaba en el polvo de la misma forma en que agoniza una serpiente. Su espalda se arqueó, sus manos agarraron dos puños de tierra, se puso rígido y, al final, quedó inerte”.
Toda la arquitectura del relato reposa sobre los hombros de Dave Fenner, ex reportero de edad madura y mandíbula pugnaz. Atractivo pero no precisamente guapo, de complexión musculosa (también aparece, por cierto, en Twelve chinks and a woman y The doll’s bad news). Mueve a los otros  personajes; los lleva a la otra orilla de su destino, el único que puede tener un criminal que ejercita el mal con solvencia.
Fenner no es el personaje principal, pero sí el encargado de darle una vuelta de tuerca a la trama y de solucionar todos los entuertos de los personajes principales.
No habrá orquídeas para la señorita Blandish es la novela que le dio a Hadley Chase notoriedad. Después de esta empresa inició una carrera vertiginosa y con fortuna en el ancho margen de la narrativa policial. Nos enseñó algo que para nosotros ya es muy común, pero él lo dejó escrito desde hace ochenta y dos años: el reportero es un detective sin licencia.