Federico Vite
Diciembre 24, 2024
Hace algunos días leí en el diario italiano La Stampa una noticia relacionada con la nueva película de Angelina Jolie. Ella, en su faceta de directora, está por presentar una adaptación cinematográfica de la novela Senza sangue (2002), del turinés ilustre Alessandro Baricco. En los papeles protagónicos aparecen Salma Hayek y Demián Bichir. No estoy seguro de cuál sea el resultado, pero sí tengo la certeza de que la adaptación, como lo anunció Jolie, está bajo su cuidado y el trabajo que se presente en la pantalla tendrá algunas variaciones al respecto de lo que un lector descubre en el libro.
Senza sangue (Sin sangre) es una nouvelle que yo recordaba con cierta incomodidad, porque Baricco había sido de mis autores perdidos. Es decir, me había deslumbrado en Castelli di rabbia (1991) Setta (1996) y City (1999), pero después lo encontraba un poco soso e incluso cursi, pero en su faceta de ensayista siempre me ha parecido muy solvente e interesante. Le debemos un ejercicio de relectura colosal; literalmente hablo de una pesquisa policial en la que mostró el antes y después del editor Gordon Lish en la obra de Raymond Carver. Los resultados son asombrosos. El texto, por si desea cotejarlo, se llama L’uomo che rescriveva Carver (El hombre que reescribía a Carver) y es digno de estudio, porque en 2001 se cae la imagen de Carver como un genio y se focaliza el oficio de Lish como un editor de estupendo. Pensándolo mejor, le debo mucho a Baricco.
Decía entonces que yo había leído el libro por primera vez en 2004. Vivía en la Ciudad de México. Fue gracias a una edición de Anagrama, traducida por el español Xavier González Rovira. Después de Otis, tuve la fortuna de salir de viaje y encontré en una librería de segunda mano un ejemplar del libro en italiano. A raíz del anunció de Jolie me di el tiempo y la calma para entrar de nuevo a la historia. En la relectura vi a Nina (Salma) y a Tito (Demián), los protagonistas del relato, con otros ojos. ¿Qué cambió? Me temo que la hondura de mi existencia y sólo así pude darle el valor a un pequeño detalle que ahora considero magnífico. Me refiero al contexto que atraviesa la historia.
Senza sangue se divide en dos partes. La primera es de 46 páginas. Grosso modo describe un ataque a la casa de Nina. Manuel Roca y sus dos hijos viven en una antigua fábrica en el campo. Un día, cuatro hombres abordo de un viejo Mercedes toman el camino polvoriento. Y como si siempre hubiera estado esperando este momento, Roca pone en alerta a los dos hijos. Algo terrible está por suceder; algo que trastornará irreparablemente la vida de todos, especialmente de Nina. Durante ese momento queda plenamente demostrado que al autor le interesa contar con cierta crudeza una cacería.
“La niña buscó instintivamente los ojos del padre, cualquier cosa que la ayudara a entender. No ve nada. El padre se inclinó hacia ella y le besó los labios.
–Ahora, Nina, vamos. Baja hasta el fondo.
La niña se dejó caer en el vacío. La tierra era sólida, y seca. Ella se acostó en el suelo”.
Es dura la secuencia de balazos, de gritos, de desesperación, pero no cae en estridencias. Posteriormente, para finiquitar ese segmento del libro, Baricco refiere: “El hombre permanece en la silla de montar. Hace un recorrido en torno a la fábrica, en la vereda. Se acercó al pozo y sin descender del caballo dejó caer el balde. Siente la bofetada de la cubeta contra el agua. Alzó la mirada a la fábrica. Ve que sentada, en la tierra, apoyada en lo que quedaba del muro, estaba una niña. Lo estaba mirando. Tenía una faldita rosa. Tenía rayones por todas partes. O heridas”.
Todo está dispuesto para que el lector imagine la situación en la que emocionalmente se encuentran los personajes, en especial, Nina. Ahí, cuando la rescatan, ella pega la cabeza a la espalda de otro personaje. Y se suspende la narración e inicia la segunda parte –de 56 páginas– que a mi juicio es la más compleja, da un largo salto en el tiempo para colocar de nueva cuenta a Nina ante uno de los sobrevivientes de aquel ataque letal a la familia Roca. Tito estuvo en el bando contrario. Es decir, fue parte del equipo que asesinó a la familia Roca. Es un viejo ya. Atiende un puesto de revistas y periódicos. Aunque su verdadero nombre es Pedro Cantos. Y ese personaje, en la primera parte, es conocido especialmente porque usó la pistola para consumar una masacre. Sabemos que un hombre, cuando Tito fue niño, le entregó una bolsita con los ojos de su padre y gracias a eso supo de qué lado de la historia debía estar. Así que cuando Nina lo encuentra uno piensa en la palabra: vendetta. Es decir, el lector supone que la deriva del relato cerrará la pinza con más odio. Y es la única opción para alguien que vive entre balazos, entre odio, rencor social y extorsionadores.
Diserta Tito: “Y en todos estos años miles de veces te has preguntado por qué había entrado en aquella guerra, y todo el tiempo le has dado vueltas a tu mundo mejor para no pensar en el día que en que me entregaron los ojos de mi padre, para no volver a ver a los otros muertos asesinados igual que ahora, como siempre, vaciando la memoria, como si fuera un recuerdo intolerable de que es la única, la verdadera razón, por la cual he combatido, por lo que no había en mente otra cosa que aquello, vengarse, ahora debes ser capaz de pronunciar esa palabra, venganza, y no es de avergonzarse, se trata del fármaco que se toma contra el dolor, todo aquello que has encontrado para no enloquecer, es la droga con la cual te sientes capaz de combatir, pero no ves ni sientes más libertad, has quemado la vida entera”.
Él piensa que llegó la hora de morir. Ella le pide que la acompañe a una cafetería para charlar, después le invita a bailar una pieza tranquila. El narrador señala:“A baja voz contó que él era viejo para bailar, pero se movía con gran ligereza y antes de que terminara la pieza le había explicado que el destino de una muchacha se ha inscrito en el modo en que baila”.
La segunda parte, insisto, es una propuesta de paz, narrada en un tono completamente distinto al que usó el autor en la primera sección. Ayuda a concebir la idea de la reconciliación como un mandato lógico para zseguir viviendo. Y Nina, a contracorriente de todo lo vivido, propone algo más a Tito. Un hecho insólito que les ayuda a recuperar un poquito eso que les arrebató la violencia.
La relectura me pareció menos melosa, incluso, adorable. Supuse que todo eso era porque me estoy haciendo viejo o simple y sencillamente porque vivo en una ciudad temible, violenta, corrupta, abandonada, sucia y cara. No sé. Pero yo, igual que muchos, anhelamos la paz. Escribamos este capítulo que nos falta. Que así sea.
* Para la realización de este artículo utilicé la edición de la editorial italiana Rizzoli, publicada en 2002, consta de 105 páginas.