EL-SUR

Jueves 18 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

ALM-1959-DDE

Anituy Rebolledo Ayerdi

Noviembre 14, 2024

Los invitados

–Lo siento, señor, pero no tengo anotada en mi lista a la persona por la que usted me pregunta… lo siento…
–¡Cómo no señor!, estoy seguro que allí aparece… si me hiciera el favor de buscarlo bien…
–Bueno, pues, repítame el nombre de la persona que usted busca.
–¡Se trata del señor general de división Raúl Caballero Aburto, go-ber-na-dor – del – es-ta-do-de- Gue-rre-ro! Soy su asistente en jefe. ¿Así está bien…?
–¡Perfecto, señor, pero por enésima vez debo decirle que tal nombre no aparece en mi lista de invitados… Debo advertirle que, de acuerdo con el protocolo de la Casa Blanca, nadie que no aparezca en esta lista podrá asistir a la cena que ofrece esta noche nuestro presidente a su anfitrión mexicano. Y este hotel, señor, es una extensión de la casa presidencial estadunidense.
El diálogo anterior se genera en un espacioso salón del hotel Pierre Marqués, convertido en domicilio temporal del presidente estadunidense Dwight D. Eisenhower, quien ha invitado a su anfitrión a cenar esa misma noche. La estrella del menú será la langosta baja californiana bajo los efluvios franceses del termidor. ¡But of course!
El porta estandarte del Señor de Chilpancingo tendrá necesariamente que dar parte de su encomienda fallida, la de enlistar al gobernador Caballero Aburto para la cena presidencial. Recurre por ello a un bar del propio hotel, donde lo espera su jefe en compañía del alcalde de Acapulco, Mario Romero Lopetegui, a quien pone al tanto de la situación. Diplomático de carrera, el teypaneco lo escucha y sin más le pide que lo acompañe. ¿Qué a dónde?, donde rechazaron a tu invitado, por supuesto. ¡Vamos!
Frente al alcalde Romero Lopetegui, el cancerbero gringo cambiará totalmente su actitud prepotente y cerrada. Aún más, le otorga un grado militar del que carece: “Mayor (Alcalde) por aquí, Mayor por Acá”.
¡Ah, chingá, chingá! –piensa para sí el rechazado– ora resulta que para los gringos vale más un Mayor que un General. Y era que no habían terminado ahí las sorpresas. Tantas y tan gordas que harán derretir a nuestro personaje cuando el gringo “dueño de la lista de invitados”, reciba órdenes de comunicar personal-mente al gobernador Caballero Aburto que su lugar estaría reservado en la mesa de honor.

Ike, impresionado

Dos sitios de Acapulco impresionaron gratamente al mandatario visitante: su hermosísima bahía, según calificación del escritor Ricardo Garibay y La Quebrada con sus valientes clavadistas. Espectáculo del que disfrutó durante una cena en La Perla del hotel El Mirador, con verbena popular en la plazoleta donde los porteños tuvieron la oportunidad de saludar a ambos mandatarios:
–“Los tuve así de cerquita –testimonia una vendedora de icacos. El presidente gringo, Isinove , o como se llame, tiene el cabrón más pecas que un huevo de totola. El nuestro es, además de muy guapo, atentísimo con la gente. ¡Verdá buena!”.

Normandía

El Goliat llamado David navegó la bahía a partir de su llegada al puerto, ello en razón de que las pláticas oficiales tuvieron lugar a bordo del yate presidencial Sotavento, surto permanentemente en este puerto.
El trigésimo cuarto presidente de USA confesará entonces su admiración por la bahía de Acapulco, impactándole su extensión, su forma, su profundidad y su capacidad para contener unidades navales. “Dos destructores aquí, tres submarinos allá y un portaviones acullá. Todos, hasta ubicar en ella la Séptima Flota del Pacifico. ¡Y vaya que él sí sabía mucho de eso!
Transcurrido el aplauso, él volvía a la ensoñación.
El mar agitado revive en su memoria aquel 6 de junio de 1944 cuando el General había recibido el alto honor de dirigir el día “D”, en Normandía, y que, por razones del mal tiempo debía aplazarse. Con un “nos vamos ahorita mismo” había roto tal aplazamiento y con ello el triunfo de la guerra y de la libertad.

Cardiacos

Acapulco fue entonces escenario de la visita del “más admirado presidente de los Estados Unidos” (Gallup) y todo gracias a la sugerencia de su cardiólogo , dos veces revivido por él. “¡Vaya a Acapulco, le vendrá bien!”, le había recomendado.

Diálogos durante las cenas ofrecidas por uno y otro

–Para mí güisqui con agua natural, –ordena el visitante.
–Yo prefiero una cocacola con poco hielo –opta en su turno el mexicano.
–¿Cocacola? , pregunta extrañado el soldado. ¿No sabe usted que la cocacola es mala para el corazón. Me lo dice mi doctor White, que es el mejor cardiólogo del mundo.
–Es que si tomo güisqui no me hará efecto la medicina que estoy tomando –explica el mexicano a manera de disculpa.
–El doctor White, a quien luego tendré el gusto de presentar, me dice que yo hubiera podido evitar el primer infarto si tres horas antes hubiera tomando un güisqui. Desde entonces no las dejo pasar sin tomarme uno.
–Mi médico, Ignacio Chávez, que no es el mejor del mundo pero si un excelente cardiólogo, me recomienda más que un güisqui una copa de vino tinto con la comida.
–¡Yo que usted me tomaba un güisqui, ahora mismo! –cierra retador el huésped.

¡Señor presidente!

Las pláticas oficiales entre los dos mandatarios tuvieron lugar el 19 de febrero de 1959, a bordo del Sotavento. Terminadas, los participantes serán desembarcados en el malecón, frente al palacio federal, muelle de atraco permanente del yate presidencial. (Un hermoso parque vendido por el dizque presidente Cerdillo a los gringos, sus actuales patrones).
El soldado que dirigió el desembarco en Normandía, mayor de edad, libra ágilmente el breve espacio entre la embarcación y el muelle. Hay aplausos de la concurrencia para entonces numerosa.
El turno es del presidente “carita” o “papucho”, como lo han llamado las porteñas, quien aparenta confianza en el salto. Luego de un ensayo de forma y sonrisas se lanza a tierra firme .
¿Pero qué pasa?
Nada que en aquel preciso momento un fotógrafo dispara con su cámara un fogonazo, deslumbrante, cegador, que lo hace trastabillar. (Lo último que podría soportar un hombre como él sería el ridículo). Convertido en auténtico felino, López Mateos logra alcanzar apenas el concreto donde ya lo esperaban los brazos entorchados del general Gómez Huerta, el jefe del Estado Mayor Presidencial.
Todos los ahí presentes negarán haber escuchado la sonora mentada de madre al fotógrafo por parte del presidente de la República. Ello en remoto caso de que alguien lo hubiera preguntado, por supuesto.

Club de Skies

Los adioses presidenciales se darán en una grandiosa fiesta nocturna presentada en el Club de Skies por Carlos Ochoa. El ballet acuático estuvo integrado por las hermosas acapulqueñas Vilma y Conchita Villalvazo, Noelia Pérez Vargas, Margarita Fox, Margarita Arrieta y Bárbara Collins. Completaban el cuadro Quirino Ramírez, Miguel Cobo, Angel Herrera, Abel Hernández y el niño sensación Carlitos Ochoa.
Agradecido, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica lanzará un sonoro: ¡Let me to go back to Acapulco!