EL-SUR

Sábado 26 de Noviembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

¡Alto a la guerra!

Saúl Escobar Toledo

Marzo 16, 2022

 

La Comisión Sexta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) dio a conocer a principios de marzo un comunicado de gran importancia que se distingue por su claridad, tino y valor. Denuncia, en primer lugar, la invasión del ejército ruso a Ucrania y la considera una agresión militar que padecerán los pueblos de esos dos países. A continuación, declara que “no apoya a ningún Estado, sino a los que luchan por la vida contra el sistema capitalista”. Recuerda que cuando se llevó a cabo la invasión multinacional a Irak (encabezada y dirigida por Estados Unidos) hace 19 años, hubo movilizaciones en todo el mundo en contra de esa acción bélica. Ahora, señalan, hay una situación similar que también exige la protesta y la solidaridad de todos los pueblos. Llama, por lo tanto, a manifestarse en “contra de la guerra y en apoyo de [email protected] [email protected] y [email protected] que luchan en sus geografías por un mundo con libertad”.
Los intereses que mueven a los gobiernos que se han alineado en un u otro bando no son humanistas, no los mueven la defensa de la seguridad ni el bienestar de las personas. En esta guerra, como en otras similares, los únicos que ganan son los grandes consorcios capitalistas. Por lo tanto, son las sociedades, los pueblos, sus contingentes organizados o no, quienes, deben salir a defender la paz.
Con dureza, condena los argumentos de quienes consideran que hay “intervenciones-invasiones-destrucciones buenas y malas” dependiendo de qué gobierno las realice. De esta manera, descalifica al “criminal” Putin y señala con absoluta razón que “lamentaremos mañana” acciones bélicas similares pero justificadas con los mismos argumentos del dirigente ruso, cuando se apliquen para combatir con las armas a otros pueblos indefensos. Denuncia, de la misma manera, la represión en Rusia a quienes protestan contra la invasión y los asesinatos de las tropas invasoras en Ucrania.
Y termina con una advertencia: si no paramos la guerra, tal vez “no habrá quien dé cuenta del paisaje después de la batalla”.
Consecuentemente, el domingo pasado, 13 de marzo, el EZLN encabezó marchas en distintas localidades de Chiapas para expresar su rechazo a todas las guerras capitalistas: en Ucrania, Palestina, Kurdistán, Siria y en todos aquellos territorios donde se despoja a los pueblos originarios y hay procesos libertarios, bajo la consigna: “fuera el ejército ruso de Ucrania”.
A mi modo de ver, la postura del EZLN debe ser retomada por todas las personas y organizaciones independientes de México y el mundo. Tenemos que manifestarnos “sin dobleces” por la paz y en contra de la invasión. Ello representaría, además, una oportunidad para unir todas las resistencias populares en torno a una causa absolutamente legítima y para mostrar nuestra inconformidad con todas las injusticias, los abusos y la violencia imperantes en México.
La declaración del EZLN nos obliga a reflexionar acerca de lo que en realidad representa Putin y su camarilla: no se trata de un conflicto originado por la defensa de una ideología progresista, un régimen democrático, o un modelo social más igualitario y justiciero. Nada de esto está en disputa. Estamos hablando de un sistema oligárquico que ha aplicado, al extremo, los postulados neoliberales, integrando su economía al mercado global que dominan los grandes consorcios. Su nacionalismo es falso y sólo un pretexto para justificar su vocación belicista, como lo demostró en 1999, cuando reprimió sin clemencia al pueblo checheno. O en 2008 con la invasión a Georgia. Su interés en proteger a las poblaciones del Dombás (Donetsk y Lugansk) y Crimea, tiene un valor militar, no humanitario. Lo mismo que para la OTAN y el gobierno de Ucrania. El derramamiento de sangre causado por estos últimos no puede ni va a remediarse con la matanza de civiles de otras regiones de ese país. En realidad, Putin defiende el control territorial de Rusia para asegurar la sobrevivencia de su régimen autocrático y los beneficios del pequeño grupo de superricos que lo apoyan (por cierto, consentidos en Europa y los paraísos fiscales por sus grandes fortunas sucias).
El debate acerca de las causas que motivaron la invasión rusa no puede convertirse en un justificante de esta acción horrenda. Tampoco resulta decente especular, como si se tratara de un juego de mesa, si el poder militar de la Federación Rusa podrá vencer la resistencia de Ucrania, sin tomar en cuenta el elevado costo humano del conflicto.
Resulta increíble que las reflexiones de muchos “especialistas” que se han inclinado por uno u otro bando, hayan “olvidado” lo principal: las consecuencias serán pagadas por los pueblos no sólo de la región sino de casi todo el mundo, incluyendo a México. Luchar por la paz significa también ponernos a discutir cómo hacemos para impedir que, como siempre, los costos sociales, más pobreza, desempleo y carestía de los alimentos, repercutan en los trabajadores y sus familias, sobre todo si consideramos que ya hemos sufrido dos años de pandemia. Hasta ahora casi nada se ha dicho, como si se creyera que podemos escapar de estas dolorosas consecuencias.
Putin renegó públicamente de Lenin en un discurso que hizo la víspera de la invasión. Recordemos entonces las palabras del dirigente bolchevique:
“…Imagínese que un propietario de cien esclavos hace la guerra a otro que posee doscientos por llegar a una distribución más equitativa de los esclavos. Es evidente que emplear en este caso el concepto de guerra defensiva o de defensa de la patria sería falsificar la historia y, en la práctica, equivaldría pura y simplemente a un engaño de la gente sencilla… Pues bien, precisamente así engaña hoy la burguesía imperialista a los pueblos, valiéndose de la ideología nacional y de la idea de defensa de la patria, en la guerra actual que los esclavistas libran entre sí para consolidar y reforzar la esclavitud”. (El socialismo y la guerra, 1915).
La historia le dio la razón a Lenin. Hoy, toda la literatura seria acerca del tema, reconoce que la conflagración de 1914 fue una carnicería absurda, motivada por disputas artificiales inventadas por las élites políticas y económicas.
Hay que recordar que, procurar la unidad de los pueblos del mundo a favor de la paz, de manera independiente de los gobiernos, no es un experimento inédito. En 1966, se creó el Tribunal Internacional sobre Crímenes de Guerra, el llamado “Tribunal Russel-Sartre” para investigar y evaluar la intervención de Estados Unidos en Vietnam. Su finalidad, como lo señalara entonces el filósofo británico, fue “prevenir el crimen del silencio”: graves afrentas a la humanidad que podían quedar sumidas en el más ominosos de los olvidos, justamente porque los autores de estas agresiones eran gobiernos de países muy poderosos. Siguió después, en 1975, el Tribunal Russell II, que se abocó a la investigación de las violaciones a los Derechos Humanos perpetradas por las dictaduras militares en América Latina, particularmente en Uruguay, Brasil y Chile. Y posteriormente el Tribunal Russell sobre Palestina creado en 2009.
Esta vez podría empezarse por reunir a personajes y organizaciones de reconocido valor moral e intelectual que, igual que ayer, traten de impedir que los apoyadores de uno u otro bando, oficiales y oficiosos; los medios de comunicación; y la propaganda gubernamental, tenga éxito y engatusen a la gente para que la matanza continúe, se oculten los crímenes de la población civil, y confiemos en que la fuerza de las armas resolverá el conflicto.
La ONU, la Corte Penal Internacional y otras instancias multilaterales no pueden ser desechadas. Sin embargo, la sociedad civil requiere de un organismo propio, independiente de los gobiernos, que sea capaz de unir voluntades con un único fin: detener una guerra que, como dice el EZLN, puede extenderse al punto de que la barbarie se apodere del mundo y el único recurso que impere para dirimir las disputas entre las naciones sean los cañones (¿nucleares?).

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