Adán Ramírez Serret
Abril 10, 2026
En los últimos días ver las noticias es devastador. Pareciera que una serie de guionistas de Marvel se pusieron de acuerdo para que los malos tuvieran todo el poder para acabar con el mundo en cualquier momento. Una decisión tomada ayer, hoy o mañana puede ser suficiente para que muchísima gente muera, otra inmensa la pase terrible y el mundo, eso que consideramos civilización, se acabe tal cual la hemos visto durante los últimos setenta años. ¿Qué se puede hacer? Mucho, informarse, tomar conciencia, y, también, por qué no, imaginar mundos distintos.
A veces, cierro los ojos y sueño con la posibilidad de un invento que acabe con el poder de todas las armas y ya, después, luego se verá qué sucede. Y a la manera de John Lennon en Imagine, descubro que no estoy sólo cuando leo a Amin Maalouf (Líbano, 1949) un autor a quien me acerco por primera vez, pero a quien desde hace muchos años deseaba conocer, porque sabía cosas increíbles de él, como que busca entrelazar los lazos entre Oriente y Occidente, pues vive en Francia desde hace muchos años, miembro de la Academia de este país y es novelista, periodista y ensayista. Premio Príncipe de Asturias y del FIL en Lenguas Romances el año pasado. Además, una figura a la que recurrir en el conflicto entre Oriente y Occidente, como Edward Said, quien ya murió y era siempre un lugar para respirar más que sólo un escritor y un intelectual. De igual forma Maalouf, basta echar una mirada rápida a sus libros para descubrirlo: Las Cruzadas vistas por los árabes, Orígenes, Los desorientados o El naufragio de las civilizaciones. Es capaz de tocar el ensayo, la historia y la novela de manera brillante, al grado que aún estoy emocionado, feliz me atrevo a decir, por haber leído Nuestros inesperados hermanos, la cual es contada en primera persona por un hombre canadiense que decide irse a vivir a una isla del Pacífico, es pequeña, la heredó y llegó a una etapa de su vida en donde puede vivir donde se le antoje, pues es dibujante y puede enviar sus dibujos desde cualquier parte del mundo que tenga internet. Una de sus diversiones, y más aún, lo único que lo conecta con el mundo es el radio. Hasta que un día, la enciende y no hay ninguna emisión, piensa si acaso se ha averiado y va en un busca de otro aparato que tiene de repuesto, cuando descubre que este tampoco registra ninguna estación, se dice a sí mismo que lo han logrado, que aquellos mandamases de la civilización, de Occidente, por supuesto, lo han logrado: han destruido el mundo, o una parte importante, con bombas para mantener su hegemonía. Entonces, con el temor de confirmar sus sospechas, va a la pequeña isla cercana en donde hay un pequeño pueblito; ahí, tiene un amigo, Agamenón, quien seguro sabe algo del asunto. Y, en efecto, con algo de humor negro, le dice que debe haber explotado una bomba nuclear que ha interrumpido las estaciones de radio. Pero quien nos cuenta la historia tiene un as bajo la manga para tener más información: uno de sus mejores amigos en la universidad, un tal Moro, pertenece a una élite muy cercana al poder y al presidente de Estados Unidos, por lo que lo llama, para su sorpresa se han restaurado las comunicaciones lo mínimo, y, cuando habla con su amigo, este le cuenta que se trata de algo insólito: una nueva y desconocida civilización con el poder de cortar todas las comunicaciones se ha acercado al Presidente de Estados Unidos para decirle que han venido a detener la debacle, pues, en efecto, los grupos de poder ya habían dado la orden de detonar bombas nucleares. En son de paz, dicen, piden detener esa orden.
Está estupefacto al oír está historia en voz de su amigo, y se queda aún más cuando le dice que de aquella nueva civilización que viene a detener la debacle, sólo conocen a una persona que se hace llamar Demóstenes. Él personaje piensa, quienes leemos pensamos también en ese otro amigo de nombre griego de su isla. Así que una vez que cuelga va a ver a Agamenón, quien le dice que sí, en efecto, él también es parte de aquella civilización que viene a salvar a la humanidad de sí misma.
Maalouf escribe una hermosa metáfora en donde el ser humano es capaz de salvarse por otros humanos que consideran la filosofía, el teatro, la medicina, la democracia y otros inventos griegos como lo más importante para erigir una civilización. La escribió hace seis años, antes del covid, antes del genocidio de Gaza, antes que se agudizara el conflicto en Medio Oriente, pero hace un buen rato ya que precisamos de libros hermosos que nos muestren que aún puede haber una salvación, aunque sea mediante una novela.
Amin Maalouf, Nuestros inesperados hermanos, Madrid, Alianza Editorial, 2020. 295 páginas.