EL-SUR

Lunes 22 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

AMLO vs Ayotzinapa

Tryno Maldonado

Octubre 10, 2023

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador le debe toda su formación política al PRI, el partido de Estado que impuso un régimen unívoco en México durante más de siete décadas. A lo largo del siglo pasado e inicios de éste, a los gobiernos del PRI les debemos decenas de masacres cometidas y justificadas desde el poder; perpetradas muchas de ellas por las fuerzas armadas bajo su mando.
La masacre de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco en 1968. La matanza de al menos 70 estudiantes el 10 de junio de 1971 recordada como “el halconazo”. La matanza de Aguas Blancas en 1995. La masacre de Acteal en 1997. La represión en Atenco en 2006. La desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, efectuada en 2014 y aún sin verdad ni justicia. Tan sólo por nombrar algunos de los oprobios contra el pueblo de México que el partido formador de actual presidente perpetró.
Leal a la disciplina inculcada en su gen priista, y al cumplirse 55 años de la herida de Tlatelolco, AMLO reivindicó a las fuerzas armadas en un momento sumamente sensible para el país. En su administración han ocurrido 153 mil 941 homicidios dolosos; 42 mil 935 personas desaparecidas; 69 periodistas y 94 personas defensoras de la tierra y el territorio asesinadas; pueblos indígenas desplazados por militares o paramilitares, además de ejecuciones extra judiciales a manos de las fuerzas armadas.
En su conferencia de prensa matutina con motivo de la masacre en Tlatelolco –donde al menos 300 estudiantes fueron acribillados por el Ejército y el llamado Batallón Olimpia– AMLO exculpó al Ejército Mexicano de un crimen que sigue doliendo como la herida no cerrada que es para la sociedad: “Hay que considerar que en esos momentos difíciles como el 2 de octubre del 68 el Ejército recibe órdenes. El Ejército actúa, en casos como esos, no en todos los casos pero sí en casos como esos, recibiendo órdenes del comandante supremo de las fuerzas armadas, en ese entonces era el presidente Gustavo Díaz Ordaz”, fue lo que afirmó el habitante del Palacio Nacional.
Sin embargo, López Obrador entra en una contradicción fundamental en cuanto a su defensa de las fuerzas armadas en el plano actual. Durante esa misma semana, al referirse al caso sin resolver de los 43 normalistas de Ayotzinapa, absolvió públicamente una vez más al Ejército. Sin prueba alguna, y yendo en contra los cientos de pruebas demostradas por el GIEI a lo largo de nueve años y seis informes, afirmó que en la desaparición forzada de los estudiantes sólo participaron algunas manzanas podridas del Ejército y no el comandante supremo en turno. De ninguna manera la institución, ni el entonces secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, ni mucho menos el “demócrata” del ex presidente Enrique Peña Nieto –dos oscuros personajes por los que AMLO suele meter las manos al fuego.
Pero no sólo eso. Superando la campaña de desprestigio y presión que su antecesor Peña Nieto realizó durante su mandato contra los representantes de las familias de Ayotzinapa y miembros del GIEI para frenar sus labores de investigación en nuestro país, AMLO ha ido más lejos. “Buitres, es temporada de zopilotes”, señaló respecto a colectivos, organizaciones y abogados que durante casi una década han caminado con las familias de Ayotzinapa. En otra de sus homilías matutinas, les dijo: “Ya basta de estar administrando el dolor de la gente, porque no se debe utilizar el dolor del pueblo, no se puede estar engañando, hay que actuar con la verdad, hay que decir la verdad. Yo hablaba con ellos (el GIEI) y nunca me entregaron nada que probara sus dichos. Y una cosa es lo que le dicen a Proceso y a Carmen Aristegui, y otra cosa es la realidad”.
Parece que, en su borrachera de poder o en su analfabetismo selectivo, AMLO ni siquiera se ha enterado de la publicación de los seis extensos y minuciosos informes del GIEI, donde facilitan las líneas claras de investigación para dar con el paradero de los 43 normalistas. Pero, desde luego, la principal de esas líneas conduce directamente a la participación en las desapariciones forzadas de su institución de Estado privilegiada: el Ejército.
AMLO parece olvidar también, en otro ataque de amnesia selectiva, que si alguien se montó sin escrúpulos en el dolor de las familias de Ayotzinapa en su desnuda lucha por el poder, fueron él y sus simpatizantes. La burocratización del dolor a la que su administración ahora ha sometido a los familiares de los desaparecidos no tiene parangón: al menos tres de los padres han perdido la vida durante las búsquedas de sus hijos, la exigencia ante las autoridades por justicia y las protestas por todo el país y el extranjero.
¿Qué le debe AMLO al Ejército Mexicano? ¿Por qué lo tienen tan sometido, al grado de contradecirse a sí mismo en sus principios más básicos, si es que alguna vez los tuvo? ¿Qué fue lo que le ordenó el general Salvador Cienfuegos durante aquella reunión a puertas cerradas en agosto del 2018 antes de la transición al poder? Sólo el tiempo nos los contestará. Tal vez. Y no serán, en definitiva, respuestas gratas ni cómodas para el líder supremo y transformador. En todo caso, terminarán incriminándolo por su responsabilidad como una pieza más de este intrincado mecanismo de encubridores que es el caso Ayotzinapa.