EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Amor en su tinta

Ana Cecilia Terrazas

Enero 16, 2021

Suelo querer tomar distancia o escribir con reserva sobre recomendaciones directas de películas, libros, programas o productos y producciones en general –materia prima de la crítica y la opinión– puesto que pienso resultan una imposición subjetiva al lector o bien acaban siendo una propuesta comercial para que algo se adquiera, se compre.
En esta ocasión no me toca ninguno de esos pruritos el sugerir ampliamente a quien esto lea que intente conseguir o ver el documental que –aquí es donde parecería el comercial– lanzó la plataforma digital Netflix el año pasado y que en español tradujo como Mi maestro el pulpo.
La ficha técnica va como sigue. My Octopus Teacher –como se llama en inglés– es un documental de Craig Foster, codirigido por una joven mujer, Pippa Ehrlich, con James Reed.
La sinopsis que maneja Netlix dice: “un cineasta agotado vuelve al mar de su niñez y encuentra amistad en una criatura submarina que le cambia la vida”. El título, por cierto, está calificado como “de investigación” al mismo tiempo que “emotivo”.
Prácticamente durante toda la hora 25 minutos que dura la pieza, Foster narra por qué está documentando la historia que ahí cuenta, la cual se basa en una relación entrañable que él establece con una hembra pulpo, en un momento complicado de su vida.
Sin el menor pudor ni pretensión cinéfila alguna para desgranar el por qué es una producción tan vigente y aconsejable, me explayo:
Los retos para la filmación de esta pieza son muchísimos: las aguas son heladas, las mareas muy fuertes, el lugar es muy poco accesible y a cambio, todo lo que ahí acontece o se descubre es impresionante, asombroso, empezando por la posibilidad que hubo para que pulpo y buzo se tocaran y se tejiera una historia francamente de amor.
A la documentación fílmica inicial, desde luego se sumaron las tomas, edición y realización magníficas, nuevas, que colocaron la historia no solamente en primera persona sino en un plano inteligible para cualquiera que quiera asomarse desde el cielo o desde afuera de la cámara del propio Foster a ver eso que ocurre en un mar de algas o zona de quelpos, como le llaman al bosque de kelp en español.
La resistencia física que implica en términos de bucear en aguas tan frías para quien dirige y fotografía un documental en estos mares sudafricanos, de acuerdo con testimonios tanto del protagonista como de Ehrlich, desemboca en una suerte de reseteo o inyección vigorizante para el todo el cuerpo y la mente.
Se requiere de entrenamiento específico y constancia y consistencia para documentar algo así en un lugar como éste. Foster lleva nueve años entrando diariamente a ese bosque, ya considerado como algo muy suyo, a bucear, mientras que la directora confiesa que le tomó seis meses de ir a diario ahí para poder siquiera entrar a las aguas a comenzar la película.
La cantidad, belleza y variedad de especies que se pueden casi tocar en el documental vale la pena por sí misma.
Ahora bien, los octópodos, cefalópodos octopodiformes o comúnmente conocidos como pulpos, son seres sumamente inteligentes y toda esta agilidad neuronal se explaya en el filme. La complejidad de conductas, estrategias y reacciones que este invertebrado utiliza para defenderse de los depredadores, sobre todo del tiburón piyama, es notable y casi envidiable.
Sin embargo, todo lo rico y maravilloso que pueda ser el universo pulpístico en comento no es únicamente el punto para destacar en esta columna sino más bien lo es además todo esto siendo utilizado al tiempo que ella, la pulpo protagonista, después de haber medido al humano en cuestión, decide tenerle toda la confianza y hasta investigarlo y proferirle una suerte –según nuestra lectura– de relación amistosa.
El documental acaba siendo una lección amorosa y de supervivencia; una lección también para aprender a encontrar en los otros seres vivos entes merecedores de todo nuestro respeto y admiración.
Sobra decir que esta autora nunca más comerá ni pulpo ni calamar.
Suscribo lo que dijo Pippa Ehrlich en una entrevista localizable en YouTube cuando hablaba sobre esta producción: “Cada ser humano sobre la Tierra es parte de esta historia porque todos tenemos una relación con la naturaleza y toca el turno a reconstruir nuestro vínculo con ella de manera respetuosa, amorosa, amable”.
Mi maestra pulpo, como rebautizaría yo a este filme, es una felicitación a las personas que lo hicieron posible y una celebración a la vida que podemos ver aún.

@anterrazas