EL-SUR

Viernes 03 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Andrés Neuman y la luz incandescente de María Moliner

Adán Ramírez Serret

Octubre 31, 2025

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es un narrador llamado siempre por la crítica como poeta, con características de este género; normalmente, esta etiqueta responde a la relación con el lenguaje, una en la cual tan importante es el sonido y el ritmo de las palabras como aquello que se narra.
Neuman, por supuesto, además de novelas tiene poemas y alguno que otro libro inclasificable como Barbarismos en donde redefine algunos sustantivos de manera lúdica; dice, por ejemplo: “aburrimiento: estado de autopercepción extrema”. O en El equilibrista, una serie de deslumbrantes aforismos como “Nadie se toma en serio a quien lo admira demasiado” o “La felicidad es un estado de gratitud”. Libros que dialogan de manera directa con su más reciente entrega: Hasta que empieza a brillar, un deslumbrante recuento biográfico sobre María Moliner a la vez que es un cuadro de época y un homenaje a la lengua española a la vez que un estudio de ella; sí, ni más ni menos.
Hasta que empieza a brillar comienza con los primeros años del turbulento siglo XX en España, desde aquellas primeras décadas de la República, el golpe de Estado, la Guerra Civil y, desde luego, el franquismo. Años durante los cuales España se transformó, rejuveneció y se convirtió en otro país con miles de exiliados. Neuman cuenta de manera cuidadosa la primera juventud de Moliner, sus años en la Insti, como llamaban a la escuela; su descubrimiento del lenguaje; su fascinación por la posibilidad de escribir mejor el español, de corregir, de aprender. Por próximos que nos parezcan aquellos años, apenas cien, se trataba de un mundo completamente diferente en donde las mujeres casi no estudiaban y eran muy raras las que podían ir a la universidad. Moliner fue de las primeras en hacerlo, siempre supo que lo suyo era la filología, el amor por el lenguaje, pero en aquellos años no se podía estudiar en España porque no existía. Así que Moliner se matriculó en historia. Alumna brillante, por supuesto, mientras España iba y venía en sus conflictos políticos la vida seguía en medio de golpes de Estado y guerras civiles, Moliner seguía estudiando, se casó, tuvo hijos y comenzó a trabajar. Primero como bibliotecaria y poco a poco fue mezclando esta profesión con ser profesora. Yendo de Zaragoza a Valencia se empeñó en pleno franquismo en divulgar la literatura. Y entre estos menesteres, se dio cuenta que había algunos fallos en la Real Academia de la Lengua, que, a veces, podía ser un extraño laberinto. “–Muy bien, Antoñito, ¿y qué quiere decir exuberante? / –Le juro que esa me la sabía, profe. –Pues para algo está el diccionario. / –Voy, Eh, “abundante y copioso en exceso”. / –¿Y qué quiere decir copioso, Antoñito? / –Ni idea. ¿Que se copia mucho?”. Aquí refleja con humor aquellos momentos en los cuales el diccionario lleva de un lugar para otro sin resolver una duda. Entre todo ese mundo, en donde en algún momento Moliner fue cuestionada por el franquismo y sublevada diez grados en su cargo por haber sido Republicana, siendo madre, en medio de carencias económicas y mujer sin derecho a un estudio en su casa; María Moliner se embarca en la labor titánica de escribir un diccionario; sí, así como suena, entre sus horas de trabajo y vida familiar se afana de manera metódica, ficha a ficha a hacer entradas y entradas de sustantivos, verbos y, sobre todo, usos del español. ¿Qué sucede si una palabra no está en el diccionario? ¿Existe? Ese proyecto monstruoso que, por supuesto le tomó más de quince años realizar alrededor de ochenta mil entradas, muchas más que el de la RAE, fue una completa revolución en el mundo en todos sentidos. Porque plantear un diccionario divertido que diera definiciones y además ejemplos de uso de aquello que se consultaba, era modernizar un país y el mundo: hacer el lenguaje suyo.
Hasta que empieza a brillar es además de un hermoso homenaje a Moliner, la posibilidad de descubrir la experiencia del lenguaje, que la creación no solamente se encuentra en las novelas, poemas o ensayos, sino en la creatividad de renovar el lenguaje, incluso, de manera contundente y casi imposible, en un hermoso diccionario como es el de María Moliner.

Andrés Neuman, Hasta que empieza a brillar, Alfaguara, 2024. 293 páginas.