EL-SUR

Viernes 26 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Andy, la contradicción de la 4T

Silber Meza

Agosto 23, 2025

La definición de junior que aparece en el diccionario es “pospuesto a un nombre propio de persona para indicar que ésta es más joven que otra emparentada con ella, generalmente su padre, y del mismo nombre”. Pero para mí es un tanto más amplia. En mi visión, para ser un junior no hay edad. Puedes serlo en la adolescencia o en la vejez. Puede ser que lo seas desde niño y hasta el último día de tu vida. Y también puedes ser el junior de uno de los hombres ricos o ultrarricos de México y el mundo, o no tanto; puedes ser el consentido de papá o mamá, o creer que lo eres, y con esto último basta para asumirse como tal. Ubico a un junior como aquél que no hace mucho esfuerzo para obtener lo que quiere; al final siempre estará la sombra de su padre o madre detrás. Alguien que no luchó por las cosas que posee, sino que le fueron heredadas y cree que las merece sólo por el hecho de haber nacido. A lo largo de mi vida también los he ubicado como “hijos de papi”.
La reflexión viene a cuentas por el papel que ha jugado durante años Andrés Manuel López Beltrán, conocido como Andy, hijo de Andrés Manuel López Obrador, fundador del partido Morena y expresidente de México.
Morena, poco a poco, se convierte en lo que juró combatir: un partido de juniors, de castas, de tribus, de familias, de élites, de apellidos, de nomenclaturas.
Sin tener ninguna experiencia real curricular, Andy se convirtió, de golpe, en secretario de organización del partido más poderoso de México. Su único aval es su apellido. Pero como en toda organización con estructura caciquil, eso es suficiente para llegar a las más altas posiciones. El “orgullo de mi nepotismo” priista renacido en Morena, el verdadero nuevo PRI que nunca logró cuajar tras la derrota de Francisco Labastida ante Vicente Fox en el año 2000.
Decenas de veces escuché de la supuesta gran capacidad de López Beltrán para operar y acordar con gobernadores y políticos, cualidades que hoy en día brillan por su ausencia. Supongo que no es lo mismo operar cuando tu padre es el presidente de México que cuando se fue a su rancho de Palenque, Chiapas.
Andy ha perdido sus primeras batallas, y las iniciales son las más importantes. Por eso los gobernantes se fijan tanto en el primer día de gobierno, en la primera semana, en el primer mes y, por supuesto, en los primeros cien días. Andy perdió sus primeras elecciones, en particular la de Durango.
No se le conoce un gran discurso, no se anima a polemizar en la red social X, no realiza actos masivos; se esconde detrás de las estructuras de los gobernadores que le deben los cargos a su papá.
Y lo que sabemos de él son lujos, excesos. Todo lo que combatió su padre, estemos o no de acuerdo con sus políticas y decisiones. A la primera oportunidad, Andy se fue a vacacionar a Japón y cuando fue descubierto por el columnista Claudio Ochoa escribió la carta de la ignominia, donde afirmó que él mejor que nadie sabe de austeridad, que sus opositores mandaron espías a fotografiarlo, que sus vacaciones suceden después de “extenuantes jornadas de trabajo” y que gastó nada más 7 mil 500 pesos por noche con desayuno incluido. No dijo nada, claro, de la cena de más de 47 mil pesos en Tokio, dada a conocer –con facturas– por Aristegui Noticias, ni de sus compras en tiendas de marcas carísimas.
Esto se suma a la historia publicada sobre la influencia ejercida en el gabinete de su padre. Y en el actual, por supuesto. Hace poco, el periodista Daniel Lizárraga y Quinto Elemento Lab publicaron que el cargo en Morena no ha sido impedimento para que el heredero del apellido continúe con sus actividades empresariales. Abrió un nuevo bar de vinos en Guadalajara. En El Universal publicamos tres días atrás que López Beltrán ha realizado 96 viajes en México bajo su puesto en Morena, pero ninguno ha sido transparentado: ¿cuánto gastó en vuelos?, ¿alguien lo acompañó?, ¿viajó en asientos de primera clase?, ¿en qué hotel se hospedó?, ¿rentó coche? Muchas preguntas quedan en el aire, sin importar que se trata de recursos públicos. Morena ha optado por la opacidad.
Andrés Manuel López Beltrán –como quiere que le llamen y no Andy, aunque todos le digan así– se ha convertido en la contradicción de su padre, Andrés Manuel López Obrador y, con ello, en la contradicción de lo que ellos mismos han bautizado “la Cuarta Transformación” de la vida pública de México.