EL-SUR

Lunes 24 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Ante la corrupción y la violencia, la memoria

Jesús Mendoza Zaragoza

Febrero 01, 2016

Cifras publicadas esta semana dan la ocasión para tomar el pulso a la crisis estacionada en Guerrero, que no deja de contar con una proyección nacional. La primera se refiere al Informe Anual de Transparencia Internacional sobre niveles de corrupción en el mundo. Según estas cifras, México es el más corrupto de los países industrializados y emergentes, el número 12 del continente y el 72 a escala global. Las otras cifras se refieren a las que dio la Secretaría de Gobernación a través del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, según las cuales Guerrero mantiene el primer lugar en homicidios dolosos con 2 mil 16, de los cuales, 902 se registraron en Acapulco. Tomando en cuenta que en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto, se han registrado 65 mil 209 homicidios, de los que 17 mil 13 se registraron en el año 2015.
Deprimentes ambas cifras y, a la vez, muy relacionadas entre sí. Además, lo que revelan se respira en muchos de nuestros ambientes como desconfianza, miedo, incertidumbre y enojo, además de un profundo dolor. Esta peligrosa mezcla de sentimientos colectivos está provocando un distanciamiento paulatino y, a veces, vertiginoso, entre sociedad y gobiernos. Y, en la medida en que la corrupción no tiene freno ni se articula una estrategia para parar las expresiones de violencia, las expectativas van disminuyendo. Gobiernos corruptos al lado de sociedades descompuestas no presagian nada bueno.
Es seguro que no hay ni habrá iniciativas desde los gobiernos para parar corrupción y violencia y para dejar las simulaciones en esos temas en los que ellos han sido los principales protagonistas. Pero lo que más da pena es lo que está sucediendo en la sociedad, ante la inacción del Estado. Hay sectores minoritarios, hay que reconocerlo, que se han manifestado y están construyendo respuestas ante una patria que parece que muere de inanición. Y desafían al Estado a cumplir con sus responsabilidades. Pero, y el resto, ¿qué pasa con el resto de los ciudadanos? Parece que ese resto está traumatizado y no tiene capacidad para salir de esa situación. Tanto dolor, tanta desesperanza, tanto agravio, tanto abandono, tanto abuso y mentira han causado honda mella en el alma del pueblo que ha preferido desconectarse de la realidad como mecanismo de autoprotección. Se ha endurecido para no experimentar tanto dolor y se ha hecho insensible e indiferente. Se ha replegado en sí mismo para sobrevivir. La aspiración a vivir la ha sustituido por la aspiración a sobrevivir.
El impacto de la corrupción y de la violencia se ha dejado sentir en la sociedad generando eso: indiferencia y abandono de la cosa pública. Los sectores pudientes, insolidarios como siempre, tienen forma de protegerse y para abandonar a los segmentos sociales más desprotegidos, que no tienen opciones. La sociedad está profundamente lastimada y descompuesta. Cualquiera encuentra un sicario disponible para ajustar cuentas por litigios entre particulares. Y por unos cuantos pesos. Cualquiera amenaza a sus vecinos o a quienes desea perjudicar. Cualquiera se muere de miedo ante dichas amenazas. Cualquiera es candidato a ser secuestrado o extorsionado. Cualquiera se convierte en víctima o en victimario a la vuelta de la esquina. Cualquiera infringe la ley sin el menos recato. Cualquiera se ampara en bandas criminales para hacer valer sus intereses. Lo peor de nuestro México está saliendo a relucir. En estas condiciones, la incertidumbre y la desesperanza se apoderan del alma de nuestro pueblo. Y se construye un círculo vicioso.
De otras crisis históricas, México ha salido. La Independencia, la Reforma, la Revolución han significado tempos de convulsión social y de incertidumbre. Han significado también oportunidades de avance social hacia mejores condiciones de vida. Han sido tiempos muy trágicos pero han dado ocasión a sacar lo mejor que hay en los mexicanos para construir algo mejor. Y hay que decirlo: tenemos recursos que están escondidos y es tiempo de identificarlos y ponerlos en juego. Tenemos riquezas culturales y espirituales que pueden ponerse en juego para construir un país mejor. Tanta corrupción y tanta violencia han llegado a ser tan insoportables que pueden dar ocasión a que reconozcamos en nuestro pasado la fórmula para superarlas mirando siempre hacia adelante. Necesitamos hacer memoria. ¿Que ayudó a México para afrontar los grandes desafíos en esos tiempos de convulsión? ¿Qué ayudó a movilizar a multitudes de mexicanos para que se empeñaran en superar el pasado lleno de oprobio y buscaran algo nuevo que dignificara? Hay que hacer memoria. Mirar nuestro pasado para reconocer los valores culturales y espirituales que están presentes en el alma nacional –y en las diferentes culturas– puede hacernos mucho bien para levantar la esperanza y convocar a un levantamiento ciudadano pacífico para reconstruir todo: la Nación, el Estado y el pueblo.