EL-SUR

Martes 09 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Ante la nueva y descarnada realidad mundial

Silvestre Pacheco León

Enero 26, 2026

El más grande acontecimiento político y económico del mundo al inicio del año ha sido lo que produjo el Foro Económico Mundial realizado en Davos Suiza por lo que allí se conoció y se hizo público, descubriéndose la gran mentira de la que todos los países han sido parte, viviendo con el ritual democrático el engaño ideológico de la derecha de que en el capitalismo ha reinado la equidad entre países y leyes que velan por el respeto a la soberanía de cada cual.
Ha sido Mark Carney el primer ministro de Canadá quien se atrevió a discordar y a descorrer la cortina impuesta por la ideología de la derecha para mostrar de manera descarnada que bajo el supuesto valor de la democracia siempre ha campeado la imposición del más fuerte frente a los débiles, y que ha sido el gobierno de Donald Trump el que ha acelerado la crisis actual que vive el mundo, porque no es cierto que estemos en una etapa de transición, sino en una de ruptura profunda que obliga a las naciones a replantearse su futuro sin engaños.
Mark Carney, el político canadiense, inglés e irlandés de 60 años, líder del centro izquierdista Partido Liberal de Canadá, dijo en un discurso muy bien articulado sobre la realidad mundial que el mundo ya no es lo que fue, y que con el atrabiliario gobierno de Donald Trump se ha terminado la ficción en la que todos los países vivían, porque descorrió la cortina de la ilusión de un orden mundial democrático que en realidad nunca hubo.
Pero el discurso pronunciado por Mark Carney fue elocuente cuando reconoció que el orden mundial que hoy llega a su fin fue una ficción para todos los pueblos y gobiernos del mundo, y puso como ejemplo el pensamiento del presidente checo Václav Havel cuando desde la disidencia describía en su ensayo titulado El poder de los sin poder, la necesidad de que sus conciudadanos descorrieran la cortina para darse cuenta del mecanismo que operaba en el pensamiento de los dominados que en público y en privado participaban del ritual de la obediencia, lo cual les hacía a todos vivir en la mentira para poder seguir con su vida.
Entonces, continuó Mark Carney, la enseñanza de aquel ensayo del intelectual checo, que llegó a ser presidente de su país, consistía en descubrir que el origen del poder de quien los avasallaba era la propia mentira en la que vivían, de la cual provenía a su vez la propia fragilidad del pueblo checo.
Con ese ejemplo convocó a todos los que asistieron al Foro de Davos a darse cuenta ya de la necesidad de poner un alto a esa realidad ficticia en la que se desenvolvió el mundo, convocando a todos los gobiernos a buscar su acomodo en esta nueva realidad, poniendo como ejemplo lo que los canadienses están haciendo después del violento despertar que tuvieron cuando con el anuncio de Donald Trump amenazando con anexarse a su país.
Reconoció que durante el período en el que prevaleció la “mentira” de Estados Unidos sobre el orden mundial, aun con las “brechas históricas” entre la retórica y la realidad que han existido, ayudó a que los países se desarrollaran en diferentes campos, atenidos a que las disputas y controversias siempre pudieron atenderse. Sin embargo dijo que se debe reconocer que ese pacto ha llegado a su fin y que es una mentira que estemos en una fase de transición porque en realidad se trata de una ruptura.
Denunció que la integración global extrema está siendo utilizada por las potencias mundiales para extorsionar, presionado con los aranceles y el suministro de productos para las cadenas productivas.
Y nos ilustró lo que al respecto hace su país para construir una nueva vía que se libre del dominio de las grandes potencias que ahora se disputan la riqueza del mundo, llamando la atención sobre la necesidad de ir más allá de las caras fortalezas que puede levantar para sí cada país, porque con ello se ha entrado en una situación de gestión de riesgo permanente cuyo costo es elevado y solo puede atenuarse con una inversión común entre países iguales que comulguen con los mismos principios.
El camino para dejar de competir en la fila de los más dóciles para quedar bien con los poderosos, dice Mark Carney consiste en que las potencias intermedias como Canadá opten por su acomodo en este cambio global sin renunciar a sus principios ni valores, priorizando la atención a su soberanía e independencia.
Por eso dijo que ante ese desorden mundial muchos países están en la ruta de desarrollar una autonomía estratégica en alimentos, finanzas, energía, explotación de minerales, porque eso es una manera de protegerse a sí mismos.
Y, claro, también sostuvo que el nuevo orden mundial de fortalezas en cada país será “más pobre y más frágil” por la falta de reglas para todos, advirtiendo las consecuencias de que cada quien esté buscando anclarse en fortalecer su soberanía para resistir presiones porque eso lleva a un estado de “gestión de riesgos” permanente, con un costo elevado, lo cual podría atenuarse si cada país en esta situación busca compartir dicha gestión, porque las inversiones que se hagan en común serán siempre más baratas.
Ante esta disyuntiva el primer ministro canadiense llamó a los países parecidos a Canadá, en su desarrollo, a mirar horizontes más ambiciosos que vayan más allá de los muros que se pueden levantar construyendo esas fortalezas.
El primer ministro canadiense dijo que su país fue el primero en mirar esta nueva realidad, obligándose a un rediseño estratégico que tiene como base el pensamiento del presidente de Finlandia Alexander Stubb llamado “realismo basado en valores” firmes y pragmáticos, firmes en los principios de defensa de la soberanía, de la “integridad territorial” la prohibición en el uso de la fuerza y el respeto a los derechos humanos, y pragmáticos en la relación con otros países a partir de aceptar la diversidad del pensamiento.
Con ese razonamiento dijo que Canadá ya está buscando acomodo en esta nueva realidad con medidas como reducir impuestos a las ganancias, facilitando el comercio interno e invirtiendo en energía, inteligencia artificial, nuevos corredores comerciales y duplicando sus gastos en defensa.
Hacia afuera dijo que Canadá está diversificando sus relaciones comerciales con la Unión Europea, India y China, manifestando también su apoyo a Dinamarca cuya soberanía abarca la isla de Groenlandia como país soberano.
Claro que no pasó mucho tiempo para que el presidente Donald Trump manifestara su disgusto con el discurso, amenazando que si Canadá sigue en su trato comercial con China le impondrá a sus productos un arancel del 100 por ciento, advirtiendo que Canadá nunca será un puerto de desembarque para los productos chinos porque no quiere que después estos inunden el mercado estadunidense porque ve el riesgo de que si los chinos llegan a Canadá ya no saldrán de allí y que en poco tiempo cambiarán hasta el modo de vida de sus vecinos. Así de claro es el nuevo orden mundial que defiende la derecha en el mundo.

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