EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Aprender de Miss Polansky

Raymundo Riva Palacio

Julio 04, 2005

ESTRICTAMENTE PERSONAL

 

El arranque de este fin de semana no le pintaba nada bien a Andrés Manuel López Obrador, quien lucía ante la prensa irascible, alterado y más intolerante que de costumbre. Ya le habían dado un manazo las autoridades electorales al rechazar sus heterodoxas propuestas de recaudación de fondos para su precampaña presidencial cuando el domingo, en el estado de México, se ratificó que improvisar candidatos es un buen camino para el fracaso electoral, y que no basta intentar transmitir por ósmosis carisma para inducir a los electores a votar por quien les impuso como opción. La tragicomedia de Yeidckol Polevnsky como aspirante a gobernar la entidad electoralmente más fuerte del país, se convirtió en un fracaso directo de López Obrador que, de no corregir, puede ser el principio de su naufragio para el 2006.

López Obrador, que a veces pareciera actuar con enorme simplismo político, aceptó de Manuel Camacho, uno de sus operadores políticos, la propuesta de Polevnsky como candidata al gobierno mexiquense. Camacho la había conocido de sus tiempos como jefe de gobierno en el Distrito Federal en los 90, como una intermediaria de empresas multinacionales. Como presidenta de la Canacintra, Polevnsky ganó popularidad peleándose con el Consejo de Hombres de Negocios, aunque ello afectó a sus agremiados, que la obligaron a recular reconociendo sus errores. Para la mecánica de la suma política simple, Polevnsky parecía una buena opción ante los ojos de López Obrador: empresaria, no perredista, sin ideología de izquierda, y además mujer, podría dar votos en el llamado “corredor azul” de la zona metropolitana de la ciudad de México, donde se concentra un importante números de votos panistas. La apuesta, sin menospreciar una oportunidad de victoria, sería el segundo lugar con un 32% del voto, que fuera un techo histórico y una buena plataforma para las intenciones presidenciales de López Obrador el próximo año.

¿Qué sucedió? Sobre la tendencia de voto mexiquense, Polevnsky resultó un fracaso que ya no pudieron corregir. López Obrador se empecinó en respaldarla contra todas las turbulencias. Primero resultó que no se llamaba como decía, que no había nacido donde afirmaba, que en donde informó que había estudiado, no la conocían. Luego se vio que había mentido sobre sus orígenes, que había inventado profesar una religión y que había negado por años a unos hijos que siempre escondió. En términos de ética política, era un desastre: ¿cómo poder dar confianza a un electorado después de haber mentido sobre todo toda la vida? En términos legales ya no se quiso profundizar nada, pero es posible que hubiera incurrido en delitos por falsificación de documentos. Como persona, en lo individual y en lo político, estaba seriamente golpeada, pero López Obrador dejó que se recargara en él. Tampoco bastó, porque la señora no supo negociar con los jefes perredistas en el estado de México, dolidos por la imposición del jefe de gobierno capitalino. Los hizo a un lado y se asoció con el grupo perredista más débil de todos y sin capacidad de negociación con el resto.

Su campaña comenzó muerta, y se pasaba más tiempo en la capital que recorriendo el estado, salvo aquellos fines de semana donde la acompañaba López Obrador. El PRD tampoco le soltó todos los fondos para hacerla, porque ocupó el 60 por ciento para pagar deudas viejas. En la combinación de factores, los perredistas empezaron a llamar a la señora Polevsnky la señora “Polansky”                             —porque desde el barrio de Polanco hacía su campaña. Decían que “la acción más agotadora” que tuvo, fue alquilar su casa de campaña.

El 32 por ciento que calculaban como éxito para el PRD y el modelo impuesto por López Obrador se fue evaporando rápidamente. Hace tres semanas varios operadores perredistas estaban en pánico pues Polevnsky apuntaba para llevar al partido por debajo del 20 por ciento. Finalmente, utilizando spots fuera de tiempo y contexto, remontó por encima del 22 por ciento antes del día de la elección, que sería una caída de sus logros anteriores. Los resultados preliminares del estado de México anticipan el fracaso del PRD y un cambio en la correlación de fuerzas con el PRI para el 2006. Sin embargo, como dicta el ideograma chino, la crisis también es oportunidad. Para el PRD, en su aspiración por la Presidencia, esta derrota, si bien contundente ante las expectativas, puede leerse como saludable y que les ha llegado a tiempo para que pueda corregir.

Tras la marcha atrás al desafuero, López Obrador y no pocos de sus ex priístas cercanos y perredistas, exudaban la soberbia. La victoria político-mediática frente al gobierno federal era equiparada al triunfo en las urnas dentro de un año. Ya estaban en la Presidencia, ya gobernaban a la nación, ya eran el proyecto alternativo que había ofrecido. La cita con las urnas el próximo 2 de julio iban a ser un mero trámite. La vara mágica lópezobradorista convertía todo obstáculo en un voto a favor, toda crítica en respaldo, toda disidencia en ostracismo. De esta manera, Yeidckol, la mentirosa, la impúdica, la políticamente incompetente, sería gobernadora apoyando al proyecto nacional. La cruda electoral dice otra cosa. El oportunismo político no hace candidatos vencedores, ni son neófitos políticos los que está buscando necesariamente el electorado. Se demuestra que la popularidad no se exporta automáticamente y que no puede hacer campaña como apéndices sin vida propia. Pero más aleccionador sin duda en el diseño de López Obrador, es que el desprecio que tiene por el PRD, considerándolo un lastre en lugar de activo, es un error estratégico. La lección de Miss Polansky en el estado de México es que las victorias en las urnas pasan por el trabajo de las estructuras de los partidos, y que sin ellas funcionando adecuadamente, no basta que el Tlatoani convoque al electorado, porque no es un ente enajenado. Una vez más se le puede repetir a López Obrador de cara al 2006: el PRD solo no es suficiente para ganar la Presidencia; pero sin el PRD es imposible.

 

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