EL-SUR

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Opinión

Argentina tras la sorpresa de Cristina Kirchner

Gaspard Estrada

Mayo 22, 2019

 

A poco más de cinco meses de la elección presidencial en Argentina, las fichas del tablero parecen acomodarse. El pasado sábado, la ex presidenta Cristina Kirchner, del Partido Justicialista, el partido de Juan Domingo Perón, anunció que será candidata a la vice-presidencia de la nación Argentina, en una formula encabezada por el ex jefe de gabinete de su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, Alberto Fernández. Este anuncio sorprendió a toda la clase política de Argentina, incluido al presidente de ese país, Mauricio Macri. En efecto, desde hace algunos meses, la ex presidenta Cristina Kirchner había lanzado su precampaña presidencial, a través de la publicación de un libro de memorias de su gobierno, alcanzando un nivel record de ventas. De hecho, la viuda del ex presidente Néstor Kirchner era la única candidata que crecía de manera constante en las encuestas de opinión, hasta rebasar al presidente Mauricio Macri en las simulaciones de primera vuelta.

Sin embargo, el problema principal de la candidatura de Cristina Kirchner reside en la alta tasa de rechazo que genera esta postulación entre los electores no peronistas, pero no únicamente. Las resistencias también se encuentran dentro del propio Partido Justicialista, que hoy en día se encuentra dividido. Si bien históricamente Argentina ha sido gobernada por ese partido desde el fin de la dictadura militar, a mediados de los años 1980 (si Macri llega al final de su mandato, se tratará el primer presidente no peronista que termina su mandato desde 1924), la diversidad de sus miembros y su flexibilidad ideológica, originada en la flexibilidad de los gobiernos de Juan Domingo Perón, provoca que numerosos liderazgos regionales de este partido no se identifiquen con la  imagen radical de la ex presidenta argentina. En efecto, el segundo mandato de Cristina estuvo marcado por la polarización política con la oposición, los empresarios –en particular del sector agrícola–, los grandes grupos audiovisuales privados, pero también con sectores moderados del peronismo, en particular con los gobernadores de las provincias (los estados en Argentina).

De hecho, ya durante la campaña electoral anterior, Cristina y su equipo habían hecho el diagnóstico de que la imagen de la entonces presidenta cristalizaba demasiado al electorado, y en un escenario de segunda vuelta competida con Mauricio Macri, sería difícil para el entonces candidato más cercano al oficialismo, el ex ministro del interior Mauricio Randazzo, ser el abanderado del Partido Justicialista. Sin embargo, el candidato que finalmente fue designado, Daniel Scioli, quiso alejarse tanto de la herencia del Kirchnerismo durante la campaña presidencial que los militantes más aguerridos y cercanos a la presidenta, terminaron por dar un apoyo tibio a su candidatura.

De tal manera que la vía para que Cristina pudiese regresar a la Casa Rosada, la sede del poder ejecutivo en Argentina, lucía estrecha: por un lado, era necesario que estuviera presente en la carrera presidencial, para aglomerar a sus numerosos apoyos dentro de la candidatura del partido, pero al mismo tiempo parecía imposible que esta candidatura estuviese en condiciones de atraer a un electorado peronista disidente, no Kirchnerista, imprescindible para ganar frente al presidente Mauricio Macri. El nombramiento de Alberto Fernández, que fue jefe de gabinete de Néstor de Cristina Kirchner en su primer gobierno, antes de romper con ella durante la crisis con los empresarios de la soya en 2008, fue la respuesta política del Kirchnerismo a esta problemática. Esta jugada política sorprendió a todos, incluyendo a los propios gobernadores peronistas, que estaban intentando generar una tercera vía entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner. Todavía es temprano para saber si esta apuesta funcionará o no, pero en la batalla de expectativas que es una campaña electoral, el campo Kirchnerista ganó una batalla.

 

Twitter: @Gaspard_Estrada

 

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París