Octavio Klimek Alcaraz
Octubre 28, 2023
Este texto trata de reflexionar con algunas ideas y acciones dentro de la emergencia posterior a la irrupción de este martes 24 a miércoles 25 de octubre del huracán Otis en Acapulco.
La influencia del cambio climático dejó de ser un asunto difuso y lejano a la mayor parte de la gente. Se está cumpliendo el guion previsto por los investigadores del clima, sobre la presencia de tormentas tropicales más violentas y frecuentes, debido a las emisiones acumuladas de gases y compuestos de efecto invernadero a la atmosfera del planeta. En unas cuantas horas, por el incremento de la temperatura del agua superficial marina frente a la costa de Guerrero, una tormenta tropical, que parecía una más de la temporada, se convirtió en el huracán Otis, de tal energía que con sus vientos y lluvias arrasó todo a su paso en Acapulco y otras áreas cercanas al puerto.
Aunque se deben lamentar las pérdidas de personas, de manera irónica, la violencia de Otis al parecer no fue tan violenta como la que realizaron los propios grupos criminales en días y semanas anteriores a su presencia, en este infortunado Guerrero. Pero Otis puede ser ahora la coartada perfecta para dejar impunes tantos asesinatos en la entidad.
Además, la actividad económica, la turística de Acapulco, está destruida por un tiempo indeterminado, quedamos atascados los acapulqueños, como el vehículo presidencial en la autopista. Miles de turistas, al igual que los propios habitantes, deambulan por las calles. Después de varios días, no hay energía eléctrica, telefonía o servicios de agua potable en el puerto, cuando escribo esto. Las escenas de destrucción de edificios y casas son incuantificables. Las calles y avenidas intransitables. Ante el abandono de las instituciones públicas, pasmadas, impreparadas y totalmente rebasadas, el ánimo social no es el mejor, impera la ley de sálvese quien pueda, la ley del más fuerte. Así, el saqueo y el robo es tolerado, simplemente para llevarse algo en esta tragedia o dar de comer a la familia. Necesitamos, la sociedad en su conjunto, darle consuelo y apoyo a la gente que perdió todo, que logren recuperarse de esta adversidad. Lamentablemente, ante la magnitud del desastre, las instituciones públicas desaparecieron del mapa. Como todos, fuimos sorprendidos. Otis lo logró por lo menos de manera temporal. Necesitamos, que las instituciones del Estado Mexicano aparezcan y apoyen para que la gente de Acapulco y Guerrero salga adelante.
En la teoría del desastre, se dice que éstos son socialmente construidos. Es decir, no es posible magnificar al huracán Otis, un fenómeno natural influenciado por el cambio climático, como el simple causante del desastre que azota Guerrero. El principal problema es que se tienen creadas las condiciones de vulnerabilidad social, ambiental y económica, que llevaron a potenciar los peligros de Otis en tiempos del cambio climático.
Lo que se ve no se juzga, la devastación ambiental de un puerto y sus alrededores de gran belleza escénica como Acapulco ha cobrado su precio. Uno se pregunta si es sensato construir edificios de varios pisos en la línea de costa, como en la bahía o la zona Diamante. Ahora sabemos que no fue sensato. Tampoco fue sensato rellenar humedales para construir desarrollos habitacionales en el área del río La Sabana-Laguna de Tres Palos o de la Laguna de Coyuca. Más cuando sabemos que la probabilidad de que eventos tipo huracán como Otis sean más frecuentes en los próximos años. En general, todo tiene que ver con infraestructura impropia de zonas costeras, incluyendo la ubicación de asentamientos, mal llamados desarrollos, en sitios inadecuados, ya sea por inundaciones o vulnerables a las tormentas en la zona costera. Tal vez queda de satisfacción el que exista el Parque Nacional El Veladero, sujeto a múltiples presiones de invasión. De no existir el parque, ¿se imaginan el tamaño de la destrucción de un huracán como Otis golpeando asentamientos en las laderas de El Veladero?
Algunos asuntos que de entrada planteo son:
* Para prevenir desastres y reducir su impacto, la participación de la sociedad organizada en la toma de decisiones debe ser real. Se requiere implementar medidas audaces de política pública para que los principales proyectos de infraestructura tengan seguimiento y participación activa por la sociedad en todas sus fases. Si no se toma de manera real la opinión de la sociedad, se está condenado a repetir la misma historia de desastres de manera recurrente. Ya fueron Pauline, Ingrid y Manuel, ahora Otis.
* Se necesita realizar un nuevo tipo de diseño urbano, no reconstruir para volver a atascarse en el siguiente huracán en 10 años. Se deben buscar soluciones integrales, de ingeniería y arquitectura con sentido ecológico y social. Por ejemplo, debemos decir adiós a los espectaculares de las calles, adiós a los edificios de múltiples pisos que retan a las tormentas frente a las playas. Estoy cierto que hay construcciones que soportaron mejor a Otis, hay que estudiar el modelo constructivo, su diseño. Ver casos, en ciudades que tienen otras normas constructivas ante los huracanes, como por ejemplo Miami.
* Se requieren mayores restricciones legales para que no siga la discrecionalidad en la toma de decisiones urbanísticas. No se puede seguir modificando de manera discrecional el plan director de desarrollo urbano de Acapulco. ¿En verdad van a construir un hospital enfrente de la línea de costa? Ahora hay que valorar el riesgo de esa decisión. Por qué no mejor tierra adentro, donde el riesgo de inundarse sea menor o le peguen de manera directa los vientos huracanados.
* Se requiere realizar y expedir de manera inmediata el ordenamiento ecológico territorial de Acapulco. El ordenamiento ecológico local del territorio, armonizado y articulado con su plan director de desarrollo urbano, el Atlas de Riesgo, así como las evaluaciones del impacto ambiental realmente usándolos como un instrumento preventivo, debe ser el instrumento fundamental para decidir sobre el tipo de uso de suelo en un área determinada. La ausencia de este, y de sus criterios ecológicos intrínsecos, ha propiciado el establecimiento de asentamientos humanos e infraestructura con efectos desastrosos. Hace 10 años, en 2013, con el desastre del huracán Manuel, el entonces secretario de la Sedatu se comprometió a presentar una investigación sobre quiénes autorizaron desarrollos en zonas de inundación. Nunca lo hizo, y siguió la impunidad y la complicidad entre las autoridades de todo tipo y los especuladores urbanos en Acapulco. Las consecuencias ahí están. Indigna suponer que muchos de los que han propiciado este desastre urbano en Acapulco continúan haciendo de las suyas.
* Es necesario evaluar e informar de manera conjunta por los tres órdenes de gobierno de manera detallada a la sociedad sobre el desastre propiciado por el huracán Otis. No con un afán meramente punitivo, de identificar responsables, sino correctivo, para que esto no se vuelva recurrente y más grave en el corto plazo. Se trata de que los proyectos en la reconstrucción de Acapulco no se vuelvan el tejido de Penélope, en donde se reconstruye para que se vuelva a destruir. Es un círculo perverso donde sólo ganan los mismos de siempre: los más ricos, y pierden los mismos de siempre: los más pobres.
Finalizo señalando: se trata de manera integral, de ir con la naturaleza y no en contra de ella. Un defecto humano es la necedad, apuntalada por la codicia o la necesidad, la gente no puede permanecer en zonas expuestas a nuevas inundaciones o vientos huracanados. Ninguna obra de infraestructura puede garantizarles que eso no vuelva a suceder, hay que lograr reubicar, primordialmente, a aquellas personas que se encuentren expuestas y vulnerables a peligros como las tormentas y los sismos.