EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Aún estamos muy lejos de la paz

Jesús Mendoza Zaragoza

Diciembre 09, 2019

 

Después de un año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien sigue manteniendo un muy alto índice de aprobación, pidió el plazo de un año más para consolidar los esfuerzos de su gobierno en torno a asuntos claves como la economía, la seguridad y la paz. Si bien este primer año de gobierno ha estado marcado por una serie de convulsiones políticas relacionadas con estos temas, la verdad es que la herencia del pasado sigue teniendo mucho peso como para advertir resultados sustanciales.
Aún así, haría falta un golpe de timón desde el gobierno para detonar un profundo esfuerzo de construcción de paz. Me refiero a que se han dado una serie de medidas estratégicas orientadas a tocar lagunas de las causas de la situación de violencia, pero el caso es que este año se han recrudecido las masacres, las ejecuciones, los feminicidios, los desplazamientos forzados. Todos van a la alta y no hay poder que los pare. La figura estrella de la Guardia Nacional en la estrategia federal, está en la misma dinámica del resto de fuerzas federales y estatales y no está representando un factor que dé muchas esperanzas.
Hay iniciativas muy buenas, como la campaña contra las adicciones y el empeño en atender este grave problema, el apoyo a jóvenes para que estudien y trabajen, la lucha contra la corrupción en sus variadas formas, y otras más, pero no están impactando a corto plazo. Y nos dejan con la sensación de que algo está faltando. Esta estrategia no es suficiente. Será que López Obrador levantó muy altas expectativas, a las que no ha podido responder. En los foros de escucha para la pacificación que se organizaron antes de que Lopez Obrador tomara las riendas del gobierno, hubo una avalancha de voces que parecen haberse quedado en el aire, pues no ha habido una respuesta contundente a las más graves demandas.
Las víctimas de la violencia siguen aumentando y no encuentran el apoyo esperado. Hay que decir que se va acumulando una situación de crisis en este tema con sus variadas facetas. No se ha visto aún una respuesta gubernamental proporcionada al tamaño de este asunto. Desde mi punto de vista sería necesaria una Secretaría de Estado solo para procesar esta monumental herida a la nación representada por las víctimas, que necesitan verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición. Sin atender a las demandas de las víctimas de todas las violencias, no hay futuro para la nación.
En cuanto a los temas de seguridad y de construcción de la paz, percibo que estamos estancados. Ni el Estado puede ni la sociedad colaboran lo suficiente. No existe una corriente de confianza y de colaboración entre ambos, lo que solo promete un estancamiento permanente. En los foros de escucha para la pacificación nacional hubo miles de opiniones, sugerencias y propuestas. ¿Dónde están? ¿No habría que desempolvarlas? ¿Por qué no se le ha dado a la educación un lugar privilegiado en la estrategia de construcción de paz?
Desde mi punto de vista se hace necesario un diálogo nacional bien pensado y no hecho al vapor, al hilo de tiempos políticos. Este diálogo nacional, coordinado por representantes del Estado y por representantes de la sociedad y con asesoría internacional, podría ser un factor para salir del estancamiento. Necesitamos escucharnos, sentirnos escuchados; necesitamos dialogar para llegar a acuerdos relacionados con la seguridad y la paz. En todos los niveles, desde las comunidades locales hasta en las ciudades. Los gobiernos deberían escuchar más. Humildemente tienen que reconocer que ni pueden si saben como hacer su trabajo. Y los ciudadanos debiéramos tomar actitudes de corresponsabilidad y de participación, dejando ese infantilismo que espera todo del gobierno.
Como fruto de un gran diálogo nacional que tendría que derivar en acuerdos vinculantes de colaboración entre ciudadanos y autoridades, desde los ámbitos locales, municipales, estatales y federales, se tendrían que detonar acciones y proyectos más eficaces y esperanzadores. Este diálogo tiene el gran desafío de abrir el camino de la confianza, de la superación de prejuicios y fobias. Nos conviene a todos, que estamos tan enojados de manera irracional. Y esto nos hace daño. Y hacemos daño a la nación. Otro daño que se suma a los daños que las organizaciones criminales y sus cómplices han hecho. ¿Qué tiene que pasar para que pensemos con responsabilidad y generemos lazos para la paz? La construcción de la paz nos llevará a buscar cauces más democráticos y un desarrollo sustentable para todos. Esto suena tan utópico porque, la verdad, muchos nos sentimos muy lejos de la anhelada paz.
Un diálogo nacional sería un verdadero golpe de timón. Desde luego, sin intenciones de simulación.